El Instituto de la Paella de Canet lleva ya más de seis años abandonado

200 paelleros cerrados y maltrechas instalaciones deportivas son el legado de un proyecto insignia que sucumbió a la burbuja inmobiliaria

MARINA COSTAVALENCIA.
El letrero del Instituto Valenciano de la Paella, en una zona abandonada de la instalación. ::                             LP/
El letrero del Instituto Valenciano de la Paella, en una zona abandonada de la instalación. :: LP

El Instituto Valenciano de la Paella volvió a cambiar de manos en agosto. El proyecto insignia que presentó en 2003 el alcalde de Canet d'En Berenguer, Enrique Altabella, se ha ido consumiendo con los años, como el caldo de tan ilustre plato. Tanto, que una década después de su anuncio, el guiso inmobiliario estrella está completamente congelado.

Casi siete años llevan las instalaciones terminadas y cerradas a cal y canto. Nada menos que 200 paelleros y varias instalaciones lúdicas. En concreto, dos pistas de pádel, con sus vestuarios, varias áreas de recepción y un parque.

El primer Instituto Valenciano de la Paella del mundo iba a ser la casa de los mejores cocineros. Quería promover, incluso, una 'Denominación de origen' para encumbrar el plato más internacional. Un grupo de empresarios valencianos y estadounidenses gestaron aquel proyecto que iba aparejado a varios complejos inmobiliarios, como un centro de negocios, una Escuela de Hostelería y apartamentos turísticos. Un mastodonte urbanístico que requeriría una inversión global de 90 millones de euros.

Una parte del complejo se terminó pero sólo albergó dos o tres evento. Uno de ellos fue el de su inauguración. Un festival de paellas, lógicamente, para más de mil personas. Todo gratis. Pero el proyecto que firmó la Fundación Astroc, con el empresario valenciano Enrique Bañuelos a la cabeza, acabó desinflándose con la burbuja inmobiliaria y explotó con la caída de Astroc en bolsa. El sabroso proyecto construido en suelo público con un periodo de concesión de hasta 75 años, a cambio de un canon, quedó sentenciado y acabó en el congelador.

Al juzgado

En 2007 el Ayuntamiento de Canet reclamó a la filial que se quedó con el complejo poder hacerse cargo de las instalaciones que ocupaban suelo dotacional para abrirlas, por lo menos, al público en general. Especialmente la zona de los paelleros. El asunto acabó en los tribunales en 2010 con el contencioso administrativo que interpuso el ayuntamiento a la empresa mercantil que se quedó con el complejo, Quabit, alegando un incumplimiento del contrato firmado en su día. Se propuso permitir alquilar los paelleros o subarrendar las instalaciones deportivas pero las negociaciones entre ambas partes no llegaron nunca a buen puerto.

La situación hoy en día prácticamente no ha cambiado. Canet d'En Berenguer sigue esperando la resolución del juzgado, aunque su deseo es «poder desbloquear esta situación para ganar un espacio deportivo y unas instalaciones que llevan demasiado tiempo cerradas y deteriorándose», explica el alcalde Leandro de Benito.

Víctima del boom

Ni siquiera se habla ya de reactivar aquella 'catedral' de la paella que iba a reunir a lo más granado de la cocina internacional. «En aquel momento se vendió mucho humo. Este ha sido un triste ejemplo de lo que ocurrió con el boom de la construcción. Pronto cayó y se desmoronó todo. Lo importante ahora es aprovechar unas instalaciones que están hechas para el disfrute de los vecinos».

En agosto, el malogrado instituto volvió a cambiar de manos, con el traspaso de la concesión «a otra firma con la que estamos a la espera de una reunión. Si llegamos a un acuerdo, podríamos ganar un espacio deportivo y lúdico en la zona de la playa, que podría convertirse en un buen punto de encuentro», subraya el alcalde. Si se hacen paellas, ya no las harán chefs de renombre. Pero al menos sí los vecinos.

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