Reinventando la plaza de la Reina

Reinventando la plaza de la Reina

Los profesionales proponen peatonalizar el enclave y abordar los accesos al parking, con la supresión o reubicación de las rampas Cuatro arquitectos de referencia detallan sus propuestas para la reforma del espacio

ISABEL DOMINGOVALENCIA.

No imaginaron los operarios que colocaron la placa rotulada de la plaza de la Reina en 1878 que daban el pistoletazo de salida a uno de los espacios públicos de la ciudad que más controversia genera. Su transformación urbanística con el paso de los años responde más a un cajón de sastre que a una planificación ordenada. Lo reconocía el pasado junio el concejal de Urbanismo, Alfonso Novo, tras confirmar que los técnicos municipales trabajan en un proyecto de reforma: «Es necesario hacer una intervención, una mejora en cuanto a uso y disfrute de una plaza muy transitada por los valencianos y los turistas», afirmó tras una comisión de Urbanismo.

Pasado el verano, Novo ya ha avanzado por dónde se dirigen los trabajos que realizan los técnicos, centrados en estudiar si es viable modificar las rampas de acceso al aparcamiento subterráneo, que fue el origen de la actual configuración de la plaza, y en garantizar la accesibilidad a los edificios y a espacios como la vecina Catedral. La propia alcaldesa, Rita Barberá, lo apuntó en rueda de prensa: cualquier reforma debe pasar por cumplir esos dos requisitos.

Por ahora el proyecto de reforma de este enclave no deja de ser una carpeta sobre la mesa, y ya van siete desde su origen, a los que hay que añadir dos concursos organizados para plantear propuestas de intervención. Por ello, LAS PROVINCIAS ha querido pedir opinión a cuatro arquitectos de referencia. Los cuatro mencionan a los peatones y al parking de los años 70 en sus valoraciones, además de recordar el concurso organizado por el Colegio de Arquitectos de Valencia en 1999 como una propuesta de la que se podría partir. Cada uno con su visión pero, si en algo coinciden todos, es en que no gusta la evolución que ha tenido la plaza, convertida hoy en uno de los epicentros turísticos de la ciudad.

Quizás el más contundente sea el arquitecto Tito Llopis, del estudio Vetges Tu i Mediterrània y cabeza visible del proyecto de remodelación de la plaza Redonda, con el que obtuvo un premio nacional. A su juicio, «es el espacio más pensado y planteado de Valencia y el más poco acertado». Menciona los continuos proyectos planteados en su evolución histórica y añade también que es «un trabajo recurrente en la Escuela de Arquitectura», donde es profesor. Llopis recuerda también el concurso del 99 «cuya maqueta aún permanece en el Colegio de Arquitectos». Un proyecto «interesante» que representaría una «buena oportunidad» para que al ayuntamiento retomara. Por ejemplo, «solucionaba el acceso al parking y permiía distinguir y mejorar la visibilidad de la Catedral».

Para Llopis es «prioritario» abordar la reforma de este entorno y así poder convertirlo en una «gran plaza» que merece Valencia, ya que no cuenta con otras de amplitud para la convivencia, al quedar descartada la reforma de la plaza del Ayuntamiento por su marcado carácter fallero. No piensa lo mismo Antonio Escario, autor de edificios como la torre Ripalda (más conocida como la Pagoda, metida también en reformas) o la torre Bali de Benidorm. Distinguido recientemente con el título 'Mestre valencià d'arquitectura' por su trayectoria profesional, este arquitecto considera que la ciudad «ahora tiene cosas más importantes en las que centrarse». Sin embargo, recoge el guante y plantea que con «prudencia y humildad se pueden adelantar soluciones», como aumentar las zonas para los peatones o resolver ciertos aspectos funcionales. Para Escario es fundamental «lograr el bienestar en un espacio público que debe ser usado por la gente».

También tiene voz Salvador Vila, cuyo nombre va asociado a la rehabilitación de la ermita de Santa Lucía o el monasterio de Santa María de la Valldigna, además de ser el arquitecto conservador de la Catedral de Valencia. Para Vila «todo es mejorable y más en una plaza que es de las primeras imágenes que ven los visitantes a la ciudad». Una intervención permitiría recuperar la visión de la Seo «como merece», y como estaba antiguamente al existir la calle Zaragoza que daba perspectiva al Miguelete y a la puerta de los Hierros. Vila da un paso más y plantea también solución a la Casa del Relojero, ubicado en la calle Micalet y en estado de ruina desde hace años.

Roberto Albert, ganador del Premio Kaluga de Rusia por su proyecto de remodelación para un estadio en la ciudad rusa, apela al «sentido común» para iniciar una reforma necesaria. Según este arquitecto, «la plaza pide a gritos ser peatonalizada». Para Albert «con un poco de sentido común y sin hacer ningún alarde arquitectónico ni intervención millonaria» se pueden realizar acciones que «mejoren el atractivo de esta plaza y, por tanto, de la ciudad».

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