La economía patas arriba

La Economía del Bien Común transforma la idea de empresa actual... y da beneficios

DANIEL VIDAL

Joan Sala, alcalde de Olot (Gerona), se quedó estupefacto aquel 17 de abril de 1982 cuando entró en su despacho un señor alto, de gafas y pelo enmarañado, que decía llamarse Cristóbal Colón y que venía del psiquiátrico de Salt con catorce enfermos mentales con los que quería montar una empresa. No era ninguna broma. Treinta años después, aquella «locura», según lo califica el propio Colón, se ha convertido en la tercera firma láctea de Cataluña con 45 millones de yogures vendidos al año gracias, en parte, al medio millar de vacas que pastan alegremente mientras escuchan música de Mozart o Vivaldi.

Cuando solo pensaba en mejorar la vida de sus pacientes a través del trabajo, a este psicólogo ni se le pasaba por la cabeza que los alumnos del IESE o la Universidad de Harvard llegarían algún día a estudiar el «exitoso» modelo de negocio de la cooperativa La Fageda, que hoy da trabajo a 270 personas, de las que más del 60% son discapacitadas psíquicas. «Yo prefiero decir que son trabajadores con certificado de minusvalía. El resto aún no lo tenemos», matiza el 'jefe'. Colón, como su tocayo en 1492, también ha descubierto nuevos mundos. Pero este Cristóbal Colón -que le puso Juan a su hijo «para no repetir con él la jugada que mi padre hizo conmigo»- lo ha hecho con su modelo empresarial. Aquí no prima el lucro ni la competitividad, sino la cooperación, la solidaridad y el reparto justo de la riqueza. Aunque el balance financiero es vital, Colón diferencia «fines de medios. Para la mayoría, el fin es ganar dinero. Y el medio son los trabajadores. Para nosotros, el medio es la actividad empresarial. El fin es generar puestos de trabajo, formar a las personas, aportarles bienestar. Las empresas deben ser medios al servicio de las personas. Esa es mi filosofía».

Y eso que Cristóbal Colón no tenía ni idea de lo que era la Economía del Bien Común (EBC) hasta que llegó a su granja Francisco Álvarez, exvicepresidente de la Bolsa de París, que en el año 2000 decidió dejar de participar de «un modelo económico que machaca a las clases humildes» y fundó su propia empresa, una sociedad especializada en inversiones con bases éticas. En 2009, Álvarez empezó a difundir en España las bondades de un sistema económico alternativo. «Que busca lo que ya persiguen la mayoría de constituciones, como la española, sin mucho éxito: el bien común de los ciudadanos», precisa el economista austriaco, profesor y bailarín de danza Christian Felber, el padre de la EBC. Mañana abundará en su idea en una conferencia que ofrecerá en el Círculo de Bellas Artes de Madrid (19.30 horas).

Aunque suena casi tan utópico como la idea que Colón le planteó al alcalde de Olot, «la Economía del Bien Común es extremadamente práctica», resume Álvarez. Este modelo, que ya está implantado con éxito en empresas e instituciones de Austria y que empieza a florecer en países como Francia, Italia, Suiza, Argentina o España, propone volver a unir negocio y ética y desterrar los valores del sistema actual, «que da lugar a situaciones perversas, como que los productos del comercio justo sean más caros e inaccesibles que otros que contaminan o que se obtienen explotando a niños», ilustra Felber. La Economía del Bien Común cambia «egoísmo, competencia, irresponsabilidad y envidia» por «confianza, honestidad y empatía».

Pero ¿cómo aplicar esta bonita teoría a la cruda vida real? «La base de este cambio debe ser la empresa. Mediante un sencillo etiquetado de colores, por ejemplo, el consumidor puede decantarse por un producto de una firma que apueste por este modelo», explica Álvarez. Un modelo que rechaza los paraísos fiscales y la mano de obra infantil, apuesta por reducir la huella ecológica o introducir criterios salariales más justos... En Austria, donde el 90% de los encuestados por la Fundación Bertelsmann aboga por «un nuevo orden económico», el sueldo más elevado es 800 veces mayor que el salario más pequeño. Si le parece injusto, en Estados Unidos la crifra se multiplica ¡por 360.000!

El modelo que predican Felber, Álvarez y cada vez más personas en todo el mundo establece un factor salarial de 1/20, algo que François Hollande ya ha impuesto en las empresas públicas francesas. En La Fageda, por ejemplo, el mejor pagado cobra seis veces más que el trabajador peor remunerado. «Esto lo cumplimos holgadamente», sonríe Colón. «Pero tampoco estamos obsesionados con pasar ningún examen. Hacemos las cosas como los últimos 30 años y de paso apoyamos este proyecto, que conceptualiza una manera diferente de hacer las cosas».

Paquito el Chocolatero

Algo parecido sucede en la bodega del Celler de la Muntanya, en Muro de Alcoy (Alicante). Su director, Juan Cascant, un delineante metido a viticultor, puso en marcha en 2004 con varios colegas un proyecto basado en la elaboración de vino artesanal: comenzaron a explotar una treintena de microviñedos en los que se cultivan uvas autóctonas de la comarca del Comtat. «El modelo económico actual se ha ido a hacer puñetas y es necesario hacer las cosas de otra manera». Y vaya si lo hacen. El Celler de la Muntanya, una de las casi mil empresas adheridas en todo el mundo a la Economía del Bien Común -150 en España- se empeñó hace casi diez años en la recuperación del minifundio, eliminando intermediarios y distribuidores y pagando al agricultor «un precio justo». Uno de esos agricultores es el hijo del compositor del célebre pasodoble 'Paquito el chocolatero', pero también hay arquitectos, carniceros, físicos... «Un grupo de amigos que hace vino», define Cascant.

Y ojo, que no es un vino cualquiera. El Almoroig 2007 ha obtenido 91 puntos en la guías Peñín 2011 y 2012 y la cosecha de 2005 sacó un 90 en una de las catas de Robert Parker. «Sí, se puede obtener beneficios en los negocios aplicando un modelo ético. Pero nosotros tampoco queremos hacernos ricos. Solo tener una vida digna y satisfacer nuestras relaciones». Eso sí, en Japón y Estados Unidos ya se rifan los caldos de estos amigos de Muro de Alcoy. «Queremos cambiar las cosas de abajo a arriba, pero hace falta la implicación de las instituciones». Por ejemplo, proponen, «modificar la ley de contratos para que la administración favorezca a las empresas que colaboren con el bien de las personas y de su entorno». En este sentido, los ayuntamientos de Muro, Miranda de Azán (Salamanca) y Rivas Vaciamadrid (Madrid) son los primeros de España en asumir los postulados de la Economía del Bien Común. Y la cosa irá a más con la próxima aprobación de las actas en sus plenos municipales. Con ello pretenden introducir beneficios fiscales para estas empresas y crear un marco legal favorable para los intereses de este nuevo modelo económico. Incluso el alcalde de Barcelona, Xavier Trías, se llegó a interesar por este sistema hasta que que se cruzó por el camino el sueño nacionalista de Artur Mas.

Rafael Climent, alcalde de Muro, que en sus 14 años de mandato ya ha introducido varias de estas medidas, cree que habría que aplicar otros indicadores económicos, «porque el PIB no aporta información sobre si se vive bien, sobre el nivel de democracia...». Es la misma opinión de Francisco Álvarez. «Un Producto del Bien Común, por ejemplo, mediría nuestro nivel de bienestar. Esto no es una aventura de cuatro ingenuos, es algo real. Desde hace unos años hay un llamado Banco Democrático que favorece esta otra forma de hacer las cosas». Ya lo dijo el optimista Christian Felber: «Hoy es impensable. Algún día será lógico».