Jesús y Tato, las dos caras del mitger

El pilotari de Silla atribuye el mérito de su juego a Quico Soro y Tato pierde la ocasión de igualar el récord de cuatro títulos

P. HUGUETVALENCIA.

Los dos mitgers de la final del Bancaixa han mostrado imágenes opuestas. A Jesús le ha salido todo. A Tato, casi nada. El de Silla se convirtió ayer en doble campeón del circuito. El de Altea, ya enfilando la recta final de su carrera, perdió una ocasión quizás irrepetible para igualar el récord de cuatro títulos que sólo tienen Tino, Sarasol II y Álvaro.

Jesús Cebriá del Rey ha sido designado, casi con absoluta unanimidad, el hombre de la final. Soro levantó su brazo en la entrega de trofeos. Fue el mejor en la primera partida y ayer deslumbró, aunque para algunos Puchol II hizo una muy buena partida en la Ciutat de la Pilota.

Pese a todo y aunque claramente ha decantado hacia su favor la aparente igualdad entre los dos restos -Soro III y Puchol II-, Jesús se mostró muy humilde en un instante en que sus seguidores le dieron un respiro entre foto y foto y con el pesado trofeo de Manolo Boix entre las manos. «Juego así porque he jugado con Quico, que es muy grande. Gracias a él puedo yo jugar así. Él lo pasa todo», destacaba el mitger de Silla.

Si una cosa tenía clara el trío, es que debían atacarle, empujarle lejos de la cuerda. Y en parte lo consiguieron. Pero eso no bastó para frenar el excelente estado de forma del mitger que acompañaba a Soro III. Jesús, de 30 años, llegó a Pelayo y a la cancha de Moncada en un gran momento. Bien lo sabía Xavi Puchol, que había formado pareja con él en las dos partidas anteriores a la final.

El poderío ofensivo de Jesús ha sido determinante en el Bancaixa. Mientras, en el otro lado Tato no ha podido desempeñar un papel más determinante.

Tras el primer envite disputado en Pelayo, el veterano mitger se lamentaba por no haber ayudado más a Puchol II en el aspecto anímico. Sus 39 años, consideraba el alteano, tendrían que haber aportado más al trío.

Y ayer, Tato no logró desquitarse. De los cinco finalistas probablemente fue el que más sufrió con la poca visibilidad de la pilota cuando venía alta (blanco sobre el fondo gris del techo moncadense). Este aspecto afectaba a todos, pero el mitger de la Marina reconoció el problema durante la partida. «No la veo», se leyó en sus labios en un momento del duelo y tras un error en la recepción.

Con este hándicap, fue imposible que Tato sacar partido de su mejor faceta, su fiabilidad defensiva. Cometió más fallos de los deseados y apenas pudo enganchar buenos golpeos de ataque.

Buscó el palquet varias veces, pero no lo halló en casi ninguna. Incluso en una de esas la pelota se le fue demasiado arriba. Sólo los 39 años de Jaume Morales mantuvieron la templanza necesaria. Cualquier otro habría perdido completamente los nervios.

Tampoco el punter Herrera cuajó ni de lejos una de sus mejores actuaciones. El jugador de Beniparrell casi no pudo entrar en juego y alternó buenas acciones defensivas con malas elecciones. Pero es que ambos, Tato y Herrera, bailaban con la más fea. Y la más fea, ayer en Masías, se llamaba Jesús.

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