Residentes del Carmen se rebelan contra la gestión de la zona naranja por las multas

Los vecinos convocan una asamblea y dirigen peticiones al Síndic de Greuges por los problemas a la hora de renovar los permisos

P. MORENOVALENCIA.

La gestión de la zona naranja no ha dejado contento a casi nadie en el barrio del Carmen, cuando están a punto de cumplirse dos años de la implantación del nuevo sistema de estacionamiento regulado, una variedad de la ORA. Esta semana se celebró una asamblea de vecinos afectados, donde se acordó presentar quejas al ayuntamiento y al Síndic de Greuges.

El motivo no es otro que las dificultades a la hora de renovar la tarjeta de residente, así como las multas que imponen los agentes de la empresa concesionaria. En muchos de los casos, aseguraron los vecinos afectados, se trata de situaciones «injustas» como que el tique esté boca abajo por error, o que la tarjeta se haya caído al asiento.

El problema es, además del pago de las multas, que si se recurren no pueden optar a la renovación de la tarjeta hasta que se revuelva. El impago de impuestos también paralizar la nueva. El concejal de Tráfico, Alberto Mendoza, decidió a la vista de este conflicto una moratoria hasta el mes de abril para la renovación, por lo que se puede utilizar todavía el permiso de 2012.

Al margen de esta cuestión, la asamblea consideró que la gestión de la zona naranja no es «la más adecuada», por la abundancia de multas a los residentes. «No sabemos nada, ni los agentes nos dicen hasta cuándo podemos estar con las tarjetas. Ese es otro de los problemas, la falta de información».

Mañana, la sede de la asociación de vecinos del Carmen, en la calle Portal de Valldigna, 5, acogerá una nueva reunión a las ocho de la tarde. El encuentro servirá para perfilar nuevas actuaciones y reivindicaciones ante la Administración.

De momento se han tramitado 2.300 autorizaciones de tarjetas de residente. Otra de las peticiones vecinales pasa porque los comerciantes tengan alguna ventaja a la hora de aparcar, aunque sea a un precio más elevado. Las mismas fuentes indicaron que el compromiso del anterior concejal de Tráfico, Alfonso Novo, fue «localizar algunos solares que sirvieran como aparcamientos provisionales, así como incluso promover un parking en altura en algún edificio».

De estas ideas no ha cuajado ninguna, a pesar de la insistencia de la asociación de vecinos. La zona naranja sí que reservó una pequeña parcela junto al mercado de Mosén Sorell, para que sirviera como plazas de carga y descarga a los comerciantes.

Los residentes pueden como máximo sacar un tique de siete días laborables. «Las máquinas no aceptan monedas de dos euros ni devuelven cambio», indican como un problema añadido a la hora de gestionar el sistema. La anulación de las multas cuesta cuatro euros, aunque sólo si es en la «primera hora, si te retrasas son de 30 y 60 euros», dependiendo de si la sanción se debe a que ha pasado el tiempo máximo o en el vehículo no está a la vista la tarjeta de residente, entre otros motivos.

El coste de aparcar en la calle para un vecino asciende a 150 euros al año, muy por debajo del resto de conductores. La zona naranja tiene como propósito fomentar el transporte público y beneficiar a los vecinos con tarifas más ventajosas, aunque tras dos años en servicio, los propios residentes son los que piden la modificación del sistema.

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