Diputación defiende ante el Consell que se declare l'escaldà Bien Inmaterial Cultural

El alcalde de Jesús Pobre agradece el apoyo del organismo provincial para proteger e impulsar una tradición tan arraigada en la zona

R. GONZÁLEZJESÚS POBRE.

La cruzada emprendida por la entidad local menor para evitar que se pierda l'escaldà de la pansa gana adeptos. Durante la última fiesta celebrada en agosto en Jesús Pobre para recordar cómo se elaboraba la pasa, la Diputación de Alicante mostró su apoyo a esta tradición y ahora le pide a la Generalitat que inicie el procedimiento para declararla Bien Inmaterial de Interés Cultural.

El organismo provincial le ha comunicado al alcalde de Jesús Pobre, Javier Scotto di Tella, que ha solicitado al Consell que tramite esta petición después de que el dictamen de la comisión de Cultura de la Diputación haya sido favorable, al igual que el informe del departamento de este área.

Scotto di Tella destacó ayer su satisfacción por el respaldo que está obteniendo de las instituciones, especialmente porque reconoce la labor de la Asociación de Vecinos. El alcalde pedáneo subrayó la trascendencia que tiene este apoyo a una «tradición con más de 300 años de historia».

En este sentido, Scotto hizo hincapié en los beneficios que puede reportar la declaración de Bien Inmaterial Cultural. Entre otros, apuntó que permitirá proteger e impulsar «l'escaldà» a través de medidas que irían desde las ayudas económicas a la promoción de esta fiesta de la pasa para que no desaparezca este «uso tan arraigado en la agricultura de los últimos siglos».

Cuando se acerca el final de agosto, Jesús Pobre se prepara zambullirse en la elaboración artesanal de la pasa, tal y como hacían sus antepasados décadas atrás. La fiesta de la entidad local menor es «la única de carácter colectivo y abierta al público», recalcó Scotto di Tella.

Por un día, vecinos y visitantes de la comarca disfrutan de «l'escaldà», realizada siguiendo los pasos tradicionales. La elaboración de la pasa era una tradición familiar en la zona de Dénia, Xàbia y el interior de la Marina Alta y su comercialización vivió su máximo esplendor en el siglo XIX.

En aquella época el escaldado era un ritual. Muy temprano se preparaba todo. El fogater prendía fuego a la caldera. Sobre ella estaban unos calderos de hierro colado llenos de agua, sosa para cortar la piel de las uvas y «herba pansera», que era la que le daba el toque de color deseado.

En esta mezcla se sumergían los racimos durante unos pocos segundos, el tiempo justo para resquebrajar la piel de las uvas pero sin que se cocieran. Una vez fuera del caldero y escurridas, las uvas se depositaban en los cañizos, donde se esparcían y se dejaba al sol, junto al 'bou', una estructura de madera sobre la que se colocaban velas para proteger la pasa de la lluvia.

Incluso había gente que se quedaba por la noche de guardia para evitar que se mojara durante el proceso de secado. También se colocaba en los 'riuraus' para proteger las pasas de las inclemencias del tiempo.

Por otra parte, el pasado 20 de enero Jesús Pobre inauguró las obras de reurbanización de la plaza de la Iglesia, que se han realizado durante tres meses. Al acto acudió el diputado de Infraestructuras, Manuel Pérez Fenoll, ya que la Diputación ha sufragado el coste de 230.000 euros, mientras que el ayuntamiento de la entidad local ha invertido 20.000 euros para completar actuaciones.

Javier Scotto di Tella se mostró satisfecho por el resultado final, ya que se integra perfectamente con las construcciones del siglo XVII que tiene. «No se ha puesto nada artificial, todo es natural como la tosca o el canto rodado» utilizado para adoquinar, subrayó. Según el alcalde, se ha conseguido el objetivo de convertir el núcleo de la plaza de la Iglesia y la calle Convent en un espacio de convivencia.