El acusado del accidente mortal de Blasco Ibáñez no entrará en la cárcel

El joven, que conducía ebrio, acepta dos años de prisión y pierde el carné casi cinco por el choque en el que murieron dos personas

A. RALLOVALENCIA.
El acusado, ayer, antes de aceptar la condena. / LP/
El acusado, ayer, antes de aceptar la condena. / LP

José Roig, acusado de ser el responsable de un accidente mortal en Blasco Ibáñez al conducir de forma temeraria y bajo los efectos del alcohol, no ingresará en prisión por estos hechos.

El joven aceptó ayer una pena de prisión de dos años -inicialmente se pidió el doble- y la retirada del permiso durante cuatro años y nueve meses. Al no tener antecedentes penales, se acordó la suspensión de la pena privativa de libertad durante los próximos cuatro años. Es decir, si no comete ningún otro delito en ese plazo no tendrá que pisar la cárcel.

Además, deberá someterse a un curso de reeducación vial y trabajar con lesionados medulares, víctimas de accidentes de tráfico, en un centro de Madrid.

Los hechos sucedieron en diciembre de 2010, en un cruce de Valencia que se ha convertido en un punto negro de la circulación en la ciudad. La intersección entre Blasco Ibáñez y Gómez Ferrer se ha cobrado cuatro vidas en los últimos años aparte de numerosos accidentes de distinta gravedad.

El conductor decidió ponerse al volante de su vehículo «previa ingestión de bebidas alcohólicas», recoge el escrito de acusación. Como mínimo circulaba a 88 km/h cuando la velocidad máxima permitida era de 50 km/h.

Perdió el control de su turismo mucho antes de la colisión. En concreto, desde el paseo de la Alameda en la curva con Armando Palacio Valdés. En el primer semáforo que se encontró en rojo en su trayecto, en el cruce de Micer Mascó, frenó, pero no llegó a detenerse. Del siguiente disco hizo caso omiso. Fue entonces cuando colisionó contra un taxi.

Los dos ocupantes, Ana Isabel y Francisco Menjibar, fallecieron. Su relación se truncó de la manera más inesperada posible. Pensaron que lo más seguro era regresar a casa en taxi y se encontraron con un aciago destino. No llevaban puesto el cinturón de seguridad. El fallecido tenía un hijo de cuatro años. El taxista resultó herido.

El acusado se benefició de la rebaja de pena al reconocérsele las atenuantes de reparación del daño -ha pagado ya las indemnizaciones a los fallecidos- y la confesión. Durante la instrucción, el joven admitió que aquella noche había ingerido varias bebidas alcohólicas durante la tarde y noche.

Prueba de alcoholemia

La prueba de alcoholemia había confirmado este último extremo. El test arrojó un resultado de 0,76 y 0,74 miligramos de alcohol por litro en las dos mediciones realizadas tras el siniestro. Además, según consta en el atestado, el conductor presentaba algunos síntomas de intoxicación etílica: aliento, ojos acuosos y pupilas dilatadas, habla pastosa e incoherente y, por último, un «andar balanceante». Los análisis de sangre confirmaron los datos.

Los vecinos reclamaron en su día más medidas de seguridad en el citado cruce. El Ayuntamiento instaló meses después unas señales luminosas, encastradas en el pavimento, que constituyen un refuerzo visual para los conductores. Estos indicadores se encuentran también en otras vías rápidas de la ciudad, como la Ronda Norte.