Ramón-Llin admite que Emarsa pagó 400 euros en efectivo por reunión

La concejal explicó que los consejos de administración eran mensuales y rebajó la importancia a los regalos que recibían

A. RALLO| VALENCIA
Enrique Crespo, en una de sus visitas a la Ciudad de la Justicia para declarar por el caso Emarsa. / Jesús Signes/
Enrique Crespo, en una de sus visitas a la Ciudad de la Justicia para declarar por el caso Emarsa. / Jesús Signes

Los consejeros de Emarsa cobraban unos 400 euros por asistir a cada reunión del consejo de administración de la depuradora de Pinedo. El abono se producía en efectivo al terminar cada una de las sesiones. Así lo reconoció ayer la concejal del Ayuntamiento de Valencia Mª Àngels Ramón-Llin, quien en su día perteneció al órgano de gestión de la planta, en su declaración como testigo ante el juez que investiga el saqueo en la depuradora.

Las reuniones del consejo se celebraban todos los meses «para informar fundamentalmente del tratamiento de lodos». El expolio de las cuentas de Emarsa se cimentó, principalmente, en el desvío del dinero que se facturaba por esta cuestión. Más de diez millones de euros se evaporaron a través de empresas pantalla.

Ramón-Llin reconoció los regalos que recibían como consejeros en la planta. Una pieza de cerámica, un maletín y un bolígrafo fueron los obsequios desde la Navidad de 2007 a la de 2009. A esto se suma un décimo de lotería para el Sorteo Extraordinario de Navidad.

Todos los representantes tenían su propio regalo. La testigo afirmó que ignoraba quién pagaba esos obsequios. Precisamente el pasado martes, el instructor de la causa acordó incorporar la documentación relativa a los presentes navideños para investigar el asunto. «Era una cosa normal y por eso no nos extrañó y, además, dada la cuantía irrisoria de estos regalos», explicó ayer ante el magistrado.

La defensa de Morenilla, uno de los principales imputados en la trama, subió el tono del interrogatorio. Ramón-Llin respondió que pertenecía a otros dos consejos de administración (Emivasa y Emimet). En este último, sí se abonan dietas. Sin embargo, «la forma de pago no es en efectivo sino mediante transferencia». La concejal aclaró que en Emarsa firmaban «un papel de recibo de la cantidad con la correspondiente retención y computado anualmente en la declaración del IRPF».

Ramón-Llin mantuvo el mismo discurso que en su primera comparecencia. Los miembros del consejo sólo recibían documentación antes de las reuniones de la que se hacía «una lectura rápida» durante la celebración de la sesión.

La concejal insistió ayer en que quienes «gestionaban el día a día eran el gerente y el consejero delegado. Esa confianza nos hacía creer en los informes que allí nos explicaban».

Crespo: «Todo perfecto»

Tanto Esteban Cuesta como el exvicepresidente de la Diputación de Valencia, Enrique Crespo, siempre lamentaron la falta de financiación que recibían del organismo dependiente de la Generalitat. En el consejo siempre se fiaron de ellos. Crespo «siempre» trasladaba a los responsables de la entidad que «todo» estaba «muy bien». En concreto, decía que estaba «perfectamente».

La confianza se agotó en 2010 cuando se conocen los informes de los auditores en los que se explicaba que no había otra salida que liquidar la empresa.

Fue días antes del 2 de julio de 2010 -fecha de otra reunión del consejo- cuando la concejal informó a la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, del «problema» en la gestión de la planta. Barberá le dijo que informara personalmente al conseller, por entonces Cotino, de la situación en la planta. Días después se aprueba que Emarsa pase a ser gestionada directamente por la Epsar.

El abogado del PSPV insistió ayer en averiguar más datos acerca de la reunión con la alcaldesa y las consecuencias de su posterior encuentro con el conseller. En concreto, si conocía qué le dijo el actual presidente de Les Corts a Crespo para que este anunciara días después que finalmente se liquidaba la sociedad.

La concejal siguió el guión marcado en su primera vissita al juzgado y defendió de nuevo a la alcaldesa: «No gestionaba Emarsa nunca y por tanto no tenía ninguna instrucción que darme».

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