El médico al que quiso toda Valencia

Ramón Gómez Ferrer fue con 26 años el primer catedrático de Pediatría en Valencia y se ganó el respeto de toda la comunidad por su solvencia médica y gran humanidad

J. AGUADÉ| VALENCIA
Ramón Gómez Ferrer. ::                             LP/
Ramón Gómez Ferrer. :: LP

Ramón Gómez Ferrer nunca quiso figurar. No era de homenajes: era de cátedra y calle. Pero los tuvo que 'padecer'. Si hubiera visto su entierro se hubiera levantado o hubiera huido al ver el gentío que se reunió para despedirle. Miles de personas acudieron al sepelio del que ha sido el médico más famoso y querido de Valencia.

Puede que haya habido médicos de su calado intelectual, puede que haya habido médicos de su valor humano, pero es probable que no habrá habido ninguno que uniera estas dos cualidades como él logró.

Aunque Gómez Ferrer ya se debió barruntar que era una persona muy querida cuando en 1920 la ciudad le rinde un homenaje en vida. Y lo más importante, era un tributo del pueblo. El monumento de Francisco Perales que aún está en la Glorieta fue pagado por las madres de Valencia. Anónimas y agradecidas.

Y es que Gómez Ferrer fue un padre para los niños de la ciudad. Cuentan que cuando iba a visitar a un infante con problemas importantes que otros médicos no acertaban a diagnosticar, era capaz de dejar dinero debajo de la almohada del chaval para que los padres pudieran pagar las medicinas que él había recetado. También se dice que su muerte se precipitó por no decir que no a visitar a un niño de noche en un coche abierto. Murió el 11 de junio de 1924 de una neumonía.

De Gómez Ferrer como persona habla también el tributo que le rindieron las otras poblaciones de la Comunitat. Francisco Galán, por entonces el médico de Estivella, promulgó al morir el catedrático que los pueblos en los que había ayudado a los niños a seguir vivos tenían que dedicarle una calle. Hoy se le recuerda en 22 calles, tres avenidas, otras tantas plazas y hasta un parque, sito en Requena.

Gómez Ferrer se doctoró con 21 años. A los 26 logró la primera cátedra de Pediatría que sacaba la Facultad de Medicina. Pudo haber elegido Barcelona o Granada, pero optó por volver a casa tras unos años en Madrid preparando esa oposición.

Para él lo más importante eran los niños. Quería conseguir una medicina diferenciada para ellos en los hospitales. Buscó y encontró un solar en Burjassot para hacer el primer hospital infantil, aunque su gran sueño no se hizo realidad. No sólo quería que tuvieran buena salud sino que fue uno de los precursores de la enseñanza obligatoria con otros insignes médicos, Manuel Candela y Amalio Gimeno.

Ayer Valencia le devolvió una pequeña porción de su aportación a la ciudad por el 150 aniversario de su nacimiento. Sus familiares descubrieron una placa en su casa de Conde Salvatierra en la que se recuerda al mejor y más bondadoso médico que ha tenido la ciudad de Valencia. Ramón Gómez Ferrer.

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