La correcta de la familia

En un día recogen más de 100.000 firmas para que la diputada renuncie a su escaño La hija de Carlos Fabra vive en una lujosa urbanización de Madrid. En la misma que reside Ronaldo

C. BENITO | VALENCIA
La diputada del PP Andrea Fabra. ::                             LP/
La diputada del PP Andrea Fabra. :: LP

Andrea Fabra tiene a quién parecerse, al menos en la incontinencia verbal. Su padre, Carlos Fabra, que hoy mismo deja la presidencia del PP en Castellón después de 22 años, es persona propensa a utilizar en público los vocablos gruesos: como aquella vez que, desde la presidencia de la Diputación provincial, negó el turno de palabra al portavoz socialista y soltó un audible «qué hijo de puta». O como cuando, a raíz de una campaña que ironizaba con su proverbial suerte en la lotería, que le ha llevado a ganar cinco premios, explicó lo siguiente ante el centenar de asistentes a una cena: «Si me toca, me sacaré la pirula y mearé en la sede de Izquierda Unida». Pero Andrea solo ha necesitado tres palabras para mejorar estos logros del padre. «¡Que se jodan!», dijo desde su escaño en el Congreso, justo cuando Rajoy anunciaba el recorte de las prestaciones por desempleo.

Andrea Fabra, de 39 años, se ha convertido en la bestia negra de las redes sociales y enemiga oficial de los desfavorecidos. Una carta que reclama su dimisión, colgada en el sitio Change.org, había reunido a última hora de la tarde de ayer más de 100.000 firmas. Después de cuatro años como senadora -por designación de la comunidad autónoma, es decir, no elegida por votación popular- y otros cuatro de discreta actividad en el Congreso, le han bastado esas tres palabritas para lograr que la conozca toda España.

En Castellón, donde ya la conocían de antes, se muestran sorprendidos: «Malhablada siempre ha sido, la verdad, pero también educada, presentable. De hecho, alguna vez se ha abochornado ante palabras de su padre e incluso le ha reñido por su vehemencia. ¡Si siempre ha sido la correcta de la familia!», afirma un allegado. El padre es una referencia constante, inevitable. Hablamos, al fin y al cabo, de Carlos Fabra, imputado por tráfico de influencias, cohecho y delito fiscal, un hombre con poder suficiente como para construir en Castellón un aeropuerto donde, un año y cuatro meses después de la inauguración, solo aterrizan las moscas. Andrea Fabra, la niña rubita que fue reina infantil de las fiestas de La Magdalena, ha crecido políticamente bajo su impulso. Se afilió a Nuevas Generaciones con 16 años y, antes de acabar Derecho, ya tenía un puesto en la provincial del PP.

El partido aparece por todas partes en su biografía, ya que su marido es el madrileño Juan José Güemes, consejero de Esperanza Aguirre durante siete años. La pareja se casó en un bodorrio de relumbrón.

La pareja, con tres hijos, tiene su domicilio en Los Lagos de la Finca. Cerca de Cristiano Ronaldo. En Madrid se ha afincado también su hermana Claudia, propietaria de Calzados Fabra, en la calle Serrano. Aunque es diputada por Castellón, Andrea suele viajar a su tierra sobre todo en campaña: las visitas a la villa de Oropesa donde reside Carlos Fabra se han complicado por la mala relación que mantiene con la actual pareja de su padre, Esther Pallardó. En su declaración de bienes como diputada, Andrea no hace constar ningún ingreso por trabajo, ni figuran más ahorros que 3.906 euros repartidos en tres cuentas corrientes. También resulta llamativo el epígrafe de hipotecas, donde aparecen dos préstamos por un total de 1,7 millones, con un saldo pendiente de 1,3 millones. Estaría bien saber qué opina del incendiario 'que se jodan' Borja Fabra, el pequeño de los cuatro hermanos, un parado simpatizante del 15-M.

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