San Vicente, epicentro del cómic

Una veintena de jóvenes alicantinos se unió en aquella época en torno a la casa de los hermanos Franch para poder publicar sus historias Dibujantes de la localidad exportaron viñetas a todo el mundo de 1970 a 1995

LUIS CANDELASAN VICENTE.
Antonio Escolano posa con algunas de las páginas de la época. ::
                             L. C./
Antonio Escolano posa con algunas de las páginas de la época. :: L. C.

Cuando por la mente de los jóvenes asaltaban los piratas entre viñeta y viñeta y los policías resolvían casos de lo más misterioso, San Vicente contó con un grupo de dibujantes que se encargaron de alimentar las fantasías y de los niños de todo el mundo. El tebeo entre los setenta y mitad de los años noventa constituía la gran alternativa de ocio de entonces.

Entre mediados de los años cincuenta y mitad de los noventa, el cómic vivió su etapa más dorada. Barcelona acumuló el principal núcleo de dibujantes de tebeo en España. Un reducto de casi una veintena de jóvenes alicantinos se agrupó allá por 1970 en torno a una finca en la localidad para producir tiras para todo el mundo.

Los hermanos Franch, Jorge, que falleció joven, y Rosendo, vivían en la partida Torregroses , escenario donde se gestó el grupo.Hasta allí se acercaron dibujantes como Antonio Escolano, Juan Soler, Miguel Poveda, Pujalte, Fran Fuentes Man o Juan Espallardo.

De allí salían todo tipo de aventuras, historias románticas, de terror, de ciencia ficción o de piratas para editoriales de Estados Unidos o Londres. Era un tiempo en el que los niños carecían de «maquinitas y todo tipo de videojuegos», donde el tebeo o el cine eran las principales alternativas de ocio.

«En casa no lo veían del todo bien». Escolano, que ahora tiene 59 años, recorría todos los días el camino desde su casa en Alicante para formarse con los Franch y desarrollar sus habilidades. «Todo nació por casualidad, con el boca a boca. Nos gustaba el cómic, pero no sabíamos cómo sacarle provecho».

Por aquel entonces, los dibujantes trabajaban por encargo para las agencias internacionales. «Nos pasamos años matando a alemanes y a algún japonés también. Las historias de la II Guerra Mundial tenían mucho éxito en el Reino Unido. En cambio, por Bélgica y Holanda les gustaban más los romances», explica. «Enviábamos las páginas en rollos para guardar las telas. Nunca se perdió ninguno, ahora no sabes si el correo electrónico ha llegado o lo ha hecho bien», precisa sonriente Antonio Escolano.

Gracias a estas personas, la localidad de San Vicente se situó en el mapa del cómic. No en vano, «Barcelona aglutinó prácticamente el 95% de los dibujantes. En Valencia también había gente que se dedicaba a esto y después estábamos nosotros, porque en Madrid se comenzó más tarde».

Y las aventuras producidas en San Vicente se marcharon hasta Madrid. «Vimos cómo, tras la Transición, el diario 'El País' publicaba un cuadernillo con viñetas americanas. Nos fuimos para la capital, les presentamos los bocetos de nuestro proyecto de ciencia ficción ecologista (VERHD) y nos preguntaron si podíamos empezar la semana siguiente», relata Escolano, todavía sorprendido por la rápida aceptación de las historias.

«Obviamente necesitamos más tiempo, pero trabajamos para ellos hasta que decidieron darle un toque más infantil a las viñetas. Tiempo después, gente de Barcelona nos preguntó qué cómo nos habíamos introducido en el diario.

Contestamos que para que estuviesen incluyendo historietas de otros países que luego traducían, se las podíamos hacer gente de aquí», añade.

Una de las batallas que trajo de cabeza a los dibujantes españoles en aquellos años fueron los derechos de autor. «Te pagaban por trabajo realizado, no había forma de cobrar por los derechos. Por eso no conservo casi páginas originales. Ahora, he visto que en Ebay -página de subastas por internet- hay originales míos».

Declive

Pero claro, la profesión de dibujante de cómic, ya complicada de por sí, comenzó su descenso con la eclosión de las videoconsolas y la llegada de los primeros ordenadores. Un mundo interactivo se abría a los jóvenes, que a la vista está su éxito.

La publicidad fue el camino que comenzaron a recorrer allá por el año 1995 la hornada de dibujantes de cómic que se forjaron al calor de los hermanos Franch. «O la pintura. Lo cierto es que el tebeo dejó de ser el sustento principal. De vez en cuando realizo trabajos institucionales, como un cómic sobre los cuentos de Azorín. Más recientemente, el Ayuntamiento de San Vicente me encargó una obra para conmemorar el 175 Aniversario de la ciudad».

Algunos de estos dibujantes, como Fran Fuentes Man sí que continuó con este trabajo. De hecho, Fuentes se encargó durante un tiempo de uno de los tebeos de mayor éxito de nuestro país, 'El Capitán Trueno'. «Tiene mucha imaginación, le sale todo de la cabeza. Fran es de lo mejor que ha dado esta provincia». ¿Quiénes triunfan ahora relatando historias en viñetas? Escolano asegura que «hay que ser muy bueno para poder triunfar en estos tiempos». Las novelas gráficas se imponen sobre los cómics de otros tiempos «donde la imagen no tiene tanta fuerza como entonces. Es otra forma de narrar».

A pesar de que los integrantes del grupo se fueron disgregando, todavía se reúnen de vez en cuando para comentar la situación actual de este mundo o rememorar antiguas historias, de las que hoy no abundan tanto en las viñetas.

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