Las herederas del Dorna Godella

El título conquistado en el Abdi Ipekçi se une a las dos Euroligas que ganó Miki Vukovic en Bari (1992) y en el Pla de l'Arc de Llíria (1993) La familia Ros García hace realidad en Estambul el sueño de la Euroliga

JUAN CARLOS VILLENAVALENCIA.
Katrina McClain lanza a canasta en presencia de Mujanovic en la final de la Euroliga de Lliria en 1993. ::
                             EFE/J.C.CÁRDENAS/
Katrina McClain lanza a canasta en presencia de Mujanovic en la final de la Euroliga de Lliria en 1993. :: EFE/J.C.CÁRDENAS

Cuando una tarde de junio de 1996 dos centenares de personas se reunieron en el teatro Capitolio de Godella para salvar el proyecto del baloncesto femenino en la provincia de Valencia, tras la decisión de Jose Ramón Guimaraens de llevarse el equipo a Getafe, no tenían como objetivo levantar una Euroliga más de una década y media después en Estambul. En ese momento lo único que importaba era que el corazón del baloncesto femenino no dejara de latir. Y se consiguió. Los derechos del primer equipo se marcharon con el Pool Getafe pero los de la cantera se quedaron en Godella.

Y de esa semilla nació el club que ayer se proclamó campeón de la Euroliga. Gracias al trabajo de Paco Herrero, Mariano Domingo, Pepa Blasco, Amparo Esteve, Daniel Tornal, Dolores Escamilla, Fede Marco... y tanta gente que no cabría en el artículo, la familia Ros García se enamoró del baloncesto femenino tres años después. Pero para ello el equipo tenía que ascender a la Liga Femenina desde la Primera División. Un año después, en la fase de ascenso que se disputó en Godella, se consiguió el objetivo de volver a la elite. Con un proyecto de jugadoras valencianas, con Merche Aloy, Lorena Nestar o Laura Chinillach y con históricas del baloncesto nacional como Piluca Alonso se consiguió, de la mano de Fede Marco, que el baloncesto valenciano volviera a tener representación en la Liga Femenina. Desde el verano de 1999 el club compite con el nombre de Ros Casares, después de que la empresa se hicera cargo de las riendas que ya no quería llevar la empresa Popular de Juguetes. Con un palmarés nuevo pero cogiendo el testigo de esos tres años titánicos en los que, los miles de 'locos' por el baloncesto femenino de la localidad de lHorta Nord, habían luchado para que su deporte no se convirtiera en un episodio similar al del fútbol sala o el balonmano masculino valenciano.

Desde 2001 el Ros Casares se trasladó a Valencia, pero una parte de su alma quedó para siempre en Godella. Hasta allí, a miles de kilómetros de Estambul, llegaron las lágrimas de alegría. La obsesión por la actualidad, por el día a día efímero, nos hace olvidar en demasiadas ocasiones el pasado. Anoche, cuando el presidente Germán Ros pudo saborear la gloria conquistada seguro que recordó a aquellas personas que un buen día acercaron el deporte de la canasta a su familia, a él y a su hermano Francisco Juan. Han sido demasiados esfuerzos, desde aquellos primeros días en el Pabellón Municipal de Godella cerca de Campolivar al glamour del histótico Abdi Ipekçi, como para olvidarlo. Las herederas del Dorna unieron por unos instantes algo que nunca debió romperse.

Cuando Silvia Domínguez, enorme en la final, capturó un rebote a falta de treinta segundos para acabar el partido contra el Rivas y vio a sus compañeras del banquillo comenzar a saltar seguro que no pensó ni en Godella ni en el tercer título continental que suponía para el baloncesto de la Comunidat Valenciana. Era momento de disfrutar. Lyttle anotó el 52-65 que pasará a la historia antes de que sonara la bocina... y se desatara la locura. Carme Lluveras, alma máter del proyecto, se abrazó emocionada con Roberto Íñiguez. El entrenador alavés, que a los veinte años llegó a Valencia para jugar con el Pamesa en Primera B, abría su palmarés de la mejor forma posible. Cuando pase el tiempo le dará el valor que merece suceder a Miki Vukovic, un maestro para todos los profesionales que han desarrollado su amor por el baloncesto en la ciudad del Turia. Las 21.24 horas del domingo 1 de abril de 2012 pasarán a la historia. Fue el instante en el que la capitana Laia Palau alzó el trofeo de campeonas. Y el mundo se paró durante unos segundos.

Silvia Domínguez cumplió con el ritual de cortar una de las redes, armada con una de las tijeras de los fisios, mientras Lyttle y Yacoubou intentaban sujetar a su compañera mientras saltaban de alegría. Carme Lluveras, subida en una silla, se abrazó a cada jugadora que se ponía a su alcance mientras David Rausell, uno de los trabajadores incansables del club, intentaba formar una foto para la historia. La del Ros Casares Valencia campeón de Europa. Una imagen que se incorpora, por méritos propios, al imaginario colectivo junto a las del Dorna en 1992 y 1993.

Porque la historia del baloncesto femenino valenciano no comenzó, ni mucho menos, en aquella calurosa tarde de junio del 96 en Godella. Si aquellos amantes del basket se negaron a tirar la toalla fue porque se había conseguido armar a una afición fiel a base de títulos. Los que llegaron de la mano de Miki Vukovic y su inolvidable Dorna. Bajo la batuta del ingeniero de minas las valencianas disputaron cuatro finales consecutivas de la Copa de Europa, con un resultado de dos títulos y dos subcampeonatos. La espiral de gloria comenzó el 26 de marzo de 1992 en Bari. El Dorna conquistó su primera Euroliga tras vencer al Dynamo de Kiev por 66-56. La estrella de aquel título fue la inolvidable Raziya Mujanovic que anotó 31 puntos. Con una rotación de tan sólo seis jugadoras Vukovic consiguió amasar un equipo ganador que reeditaría el título una temporada después. Y con el segundo título europeo llego el momento más recordado de la historia del baloncesto valenciano. En un Pla de l'Arc de Llíria a rebentar, con más de 5.000 espectadores, el Dorna desató la locura venciendo en la prórroga al histórico Como por 66-58. Fue un 25 de marzo de 1993. Entre McClain, Geuer y Zasulskaya anotaron 45 puntos. Las italianas se vengaron ganándole dos títulos al Dorna, en Poznan 94 y Cantú 95.

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