1949, la terrible riada de las chabolas

El pretil de la orilla izquierda, entre el puente de Campanar y el de San José, se construyó a raíz de una decisión del Gobierno en 1953

Las chabolas del Paseo de la Pechina, bajo la riada de 1949. Al fondo, Campanar y Tendetes. (Archivo Municipal)/
Las chabolas del Paseo de la Pechina, bajo la riada de 1949. Al fondo, Campanar y Tendetes. (Archivo Municipal)

A finales de septiembre de 1949, Valencia sufrió la embestida de una terrible riada del Turia. Superada por la de octubre de 1957, aquella pasó muy pronto al olvido. Pero causó casi tantas víctimas, tanta desolación como ella. Es la riada de San Miguel, llamada en la ciudad "La riada de las chabolas". Porque cientos de humildes viviendas que había ubicadas en el viejo cauce del Turia fueron arrasadas.

Las infraviviendas, secuela directa de la ola de inmigrantes que la ciudad recibió durante la Guerra Civil y del estado general de miseria y escasez, habían nacido en toda la periferia urbana pero se concentraban especialmente en el tramo del Turia conocido como el Paseo de la Pechina, pero abundaban también en la zona de Monteolivete. Las casas se adosaban al pretil derecho del río, donde todavía hoy se pueden ver señales de vigas encastradas en los sillares. Pero también había casas en el centro del cauce dado que buena parte del espacio de suelo disponible estaba también cultivado.

Los estragos de la avenida del Turia fueron brutales. Gracias a que la inundación vino de día, las víctimas fueron menos de las que se temieron. Pero todos los enseres de las chabolas fuera arrastrados por la avalancha de agua.

En la orilla izquierda del Turia, entre los puentes de Campanar y San José, no había pretil construido: el nivel del cauce del Turia ascendía suavemente hacia la huerta de Campanar, lo que hizo más fácil la avalancha del agua. A raíz de esta inundación se prohibió taxativamente la construcción de nuevas chabolas. Y se tramitó ante el Gobierno la construcción de un pretil de defensa de Campanar, aprobado en 1953 por el Consejo de Ministros y recién terminado para que la riada de 1957 lo superara con toda facilidad.

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