Un barrio comercial que vive la fiesta

Consideran que es necesaria una nueva distribución de las adscripciones a los centros hospitalarios Los residentes de Carolinas Altas reivindican un centro de mayores y la restauración del colegio Manjón Cervantes

TOMÁS RAMÍREZ FOTOGRAFÍA: RAFA MOLINAALICANTE.
Un barrio comercial que vive la fiesta

Creado a finales del siglo XIX y comienzos del XX en terrenos que se consideraban el extrarradio de la ciudad, el barrio de Carolinas fue en su origen el asentamiento de una población esencialmente agrícola y que creció impulsado por la proximidad de industrias como la fábrica de tabacos. Un barrio que hoy es uno de los núcleos más densamente poblados, con unos 29.000 habitantes repartidos entre Carolinas Altas y Bajas, separadas por la calle Jaime Segarra, y atravesado por un eje viario como la calle Pinoso, que hasta la construcción de la Gran Vía soportaba un intenso tráfico para salir hacia la carretera de Madrid.

La vida del barrio de Carolinas Altas gira entorno a espacios públicos como la Plaza del Sol, popularmente conocida como Bola de Oro, un lugar de encuentro de los vecinos en la que se desarrollan las actividades lúdicas y festivas como las presentaciones de belleas y damas de las hogueras, o de la reina de las fiestas patronales en honor a San José.

Pero también en vías urbanas en las que se desarrolla una intensa actividad comercial como las calles Foguerer, Garbinet, San Mateo o el Bulevar de Calinas conformado por las calles Góngora, Amadeo de Saboya y Pinoso, recientemente urbanizadas para darle un mayor atractivo y en las que los establecimientos comerciales destacan por su trato cercano a los ciudadanos. Aspecto este último que resalta Francisco Llorca, carnicero de la calle Monforte del Cid, o Bienvenido García que regenta la tienda de modas Mimos. También Juan Francisco Sánchez, propietario del Bar Emilio, fundado en 1964.

Recorrer las calles de Carolinas Altas de la mano de la presidenta y la secretaria de la asociación de vecinos, Conchi Blay y Mari Carmen Heras, conocedoras de este núcleo de población, es un viaje al pasado reciente del barrio que nos permite recuperar, siquiera en la imaginación, lugares ya desaparecidos que en su día constituyeron un referente para todos los vecinos. Así, Blay y otros residentes del barrio con los que hablamos, nos refieren que en el lugar que hoy ocupa el polideportivo municipal, situado en la esquina de la calle Pascual de la Mata con la de Garbinet, «estaba la envasadora de tomates de Boni, una empresa en la que trabajaban numerosas mujeres de Carolinas que por entonces se incorporaban al mundo laboral ». Un recuerdo que se hace extensivo a otro espacio, hoy ocupado por un edificio de gran altura próximo a la sede del Subsector de Tráfico de la Guardia Civil, «donde se guardaban los carros de recogida de basura de Marcos».

Recuerdos que los vecinos evocan con cierta nostalgia, como cuando rememoran el cine de verano Terraza, o el popular Bar El Huevo en la esquina de la calle Pradilla con la de Amadeo de Saboya. Estampas el pasado que adquieren especial viveza cuando refieren que en el subsuelo de la Plaza Bola de Oro existe un refugio de la guerra civil. Uno lugar cuya recuperación y puesta en valor como museo han reclamado al Ayuntamiento.

Unos recuerdos en los que abunda José María Lorente Satoca, presidente de la comisión de la Hoguera Carolinas Altas, para el que las gentes del barrio viven enganchadas a las fiestas que se celebraban en la calle, donde se hacían bailes y otras actividades festivas. Y es que el barrio de Carolinas Altas, además de las fiestas patronales en honor a San José, participa también en las manifestaciones religiosas de Semana Santa con un paso, el de Mater Desolata, y en las fiestas de les Fogueres de Sant Joan con cuatro comisiones que plantan monumentos fogueriles en las fiestas del fuego: Carolinas Altas, Foguerer Carolinas, Doctor Bergez Carolinas y Bola de Oro.

Para los vecinos, el barrio está dotado de servicios que dan respuesta a sus necesidades. Destacan el Mercado Municipal de Carolinas , situado en la calle San Mateo y el mercadillo ambulante que se sitúa en el entorno de la plaza de Manila, dotaciones sanitarios como el centro de salud de Plaza de América y Lo Morant, así como dos colegios públicos, el Nou d' Octubre y el Manjón Cervantes, y tres colegios concertados, San José de Carolinas, San Juan de la Cruz y las Monjas de la Caridad. Una referencia que les hace recordar que «ahora se cumplen tres años del cierre del Manjón Cervantes sin que por el momento sepamos cuando lo arreglarán para que los chavales vuelvan a ocuparlo», indican con preocupación por la permanencia de los críos en barracones .

«El barrio necesita un centro social que dé respuesta a las necesidades de la población mayor, que es una gran mayoría», destacan los vecinos. Blay afirma que los jóvenes se han ido a vivir a la zona del Bulevar del Pla y la Gran Vía, mientras que los mayores siguen ocupando las casas antiguas de barrio, y reclama «un centro como que el de la calle Barcelona o en Pío XII, en el que los mayores tengan asistencia o realicen actividades». Además, la representante vecinal del barrio señala que desde hace tiempo reclaman a las autoridades sanitarias una redistribución de los centros hospitalarios a los que pueden acudir los residentes en el barrio. Critica que los vecinos que viven en la calle Garbinet tengan que desplazarse al hospital de San Juan o al Hospital de Alicante en función de la acera en la que vivan.

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