«Usted que trabajó para Lerma sabe que un presidente no adjudica nada»

Camps alude a la trayectoria política de Climent para justificar que desde Presidencia no se influye en los contratos

MARTA HORTELANOVALENCIA.
Receso. El presidente del jurado, Juan Climent (d) y el secretario judicial, salen a comer, tras el juicio. ::                             JUANJO MONZÓ/
Receso. El presidente del jurado, Juan Climent (d) y el secretario judicial, salen a comer, tras el juicio. :: JUANJO MONZÓ

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El presidente del jurado que estos días arbitra la vista por la 'causa de los trajes', Juan Climent, es un juez reservado. Apenas habla durante las sesiones, pero cuando lo hace, no da puntada sin hilo. Llegó al juicio oral que dejó encaminado el anterior encargado de la causa, José Flors, cuestionado por las defensas de Francisco Camps y Ricardo Costa, dado su pasado como secretario técnico del gabinete del presidente de la Generalitat Joan Lerma (PSPV). Los abogados de las dos partes han insistido hasta la saciedad en que no era el magistrado más apropiado para pilotar el proceso, y ayer Francisco Camps se lo dejó claro durante su declaración.

La relación entre Camps y Climent se ha adivinado fría desde el minuto cero del juicio. Ayer por la mañana las defensas de las dos partes acusadas comenzaron la vista con la petición formal de que tanto Costa como el propio Camps pudieran seguir el transcurso de la sesión sentados al lado de sus letrados. El magistrado la rechazó al instante, apoyándose en la ley del jurado y alegando que en esa parte del juicio «no era necesaria la comunicación». Borrró la compañía para los acusados de un plumazo y los dejó solos en el banquillo, forzando la atención de la foto sobre ellos, en la primera fila de la sala.

Con la declaración de Francisco Camps volvió a interrumpirle hasta en media docena de ocasiones para recordarle que si no era preguntado, debía permanecer en silencio. Pero el punto álgido llegó con el interrogatorio del abogado de Camps, Javier Boix. El expresidente de la Generalitat aprovechó una de sus preguntas sobre cómo el jefe del Consell había influido en contrataciones para recordar al magistrado que él también tenía un pasado en esa misma institución. « Con respeto al señor Climent, él es un testigo de excepción, porque trabajó con Joan Lerma, y sabe que desde Presidencia no se tiene capacidad para adjudicar nada». La sala se revolvió, con el rejón que se tenía guardado Camps, que finiquitó su intervención haciendo un alegato a su gestión en la Generalitat «la administración más fiscalizada, donde es imposible que se escape ni un solo euro».

El juez Climent apuntó el recado y cuando Francisco Camps cerró la pregunta, le devolvió el golpe con una sola frase. «Permítame que le diga que desde el 80, las leyes de contratación han cambiado bastante». Empate a uno en la sala.

Ese fue el encontronazo más evidente entre ambos, pero no el único. Sólo minutos antes el juez Climent había mandado callar a Camps con desmesurada energía («acostúmbrese a guardar silencio cuando se lo mande», le dijo) y le había aconsejado utilizar el castelllano para su declaración en lugar del valenciano con el que el expresidente se había arrancado «para animarse». Fue para recordar la cantidad de regalos navideños que llegaban a la Generalitat procedentes de los cientos de municipios de la Comunitat. Y claro, con la vena artesana, le salió el valenciano. Climent lo frenó en seco y le recordó que, tanto las fiscales (madrileñas) como el abogado de Costa, e incluso algún miembro del jurado, no entendían esa lengua, y le pidió que, en caso de querer usarla, avisara con antelación para «en un momento dado, buscar un traductor para el juicio».

Las rencillas siguieron hasta en un par de ocasiones más. Todavía en el interrogatorio de su defensa, el juez corrigió al abogado Javier Boix, al que pidió concreción en las preguntas, en ocasiones, excesivamente forzadas. Camps llegó a contestar con un rotundo «no tengo opinión», que hizo saltar a Climent de su silla. «Es su abogado el que le está preguntando, por lo que no tendrá inconveniente en responderle», le ironizó.

Pero, dentro de su tímida seriedad, el magristrado se permitió el lujo de incluso bromear con el juicio y con las largas esperas que están generando la constitución del jurado, primero, y la exposición de los hechos, después. En el turno de preguntas del abogado de la acusación particular (PSPV), Virgilio Latorre, la sala llegó a perderse con sus infinitas prguntas al aire, porque Camps se negó a declarar. El letrado echó mano de las grabaciones para poderse marcar un tanto, pero en el guión de las innumerables conversaciones que se han registrado como prueba, perdió el rumbo del contenido. Ahí aprovechó el magistrado para colar su broma del día. «Aclárese con el corte de voz que quiere poner y si no, déjelo para la parte documental, si es que algún día llegamos a ese punto», dado el retraso que se está produciendo en el calendario del juicio.

Lo que está claro es que la situación de Camps con Climent no es excesivamente cómoda. Se le vio incluso lanzándole reproches en un receso del juicio, al inicio de la mañana cuando le negó un sitio junto a su letrado. Y es que desde ayer, Camps no tiene que convencer al juez de que se pagó los trajes, sino a nueve miembros de un jurado que ahora también son sabedores del pasado de Climent.