Un secreto oculto bajo tierra

La Guardia Civil halló centenares de huesos en la casa del Petxina, sin embargo, él y su 'socio' fueron juzgados por un único crimenLa confesión de un preso dio pie al descubrimiento del 'Jardín de los Horrores'

CASTELLÓN.
Un secreto oculto bajo tierra

Los vecinos de la capital de la Plana y de la provincia en general siguieron con gran expectación el caso del llamado 'Jardín de los Horrores'. En las afueras de Castellón, en el barrio conocido como Casa de la Breva, una vivienda escondía bajo tierra un gran secreto que tardó años en desvelarse y que hizo necesaria la intervención de la Policía Internacional, la famosa Interpol.

Todo empezó cuando, a finales de noviembre de 1997, un preso que cumplía condena en la penitenciaria valenciana de Picassent, Rafael Romero, confesó haber colaborado en el asesinato de un hombre y en el posterior encubrimiento de su cadáver.

La víctima era el ingeniero de IBM Enrique Benavent, de 34 años de edad y natural de Valencia. Al parecer, el cuerpo sin vida del joven, desaparecido el 22 de junio de 1991, se hallaba enterrado en el jardín de Emilio Pellicer, más conocido como el Petxina.

A raíz de la terrible confesión, la Guardia Civil de Castellón llevó a cabo una exhaustiva excavación en la finca que el Petxina poseía en el barrio de la Breva. Durante el proceso se localizaron centenares de pequeños huesos y piezas dentales que parecían ser de origen humano, así como un coche fúnebre supuestamente enterrado por el propio Pellicer -cuya familia poseía una funeraria- tras sufrir un aparatoso accidente.

Primero se habló de cinco cadáveres, luego de dos, más tarde de cuatro. Unos decían que los cuerpos pertenecían a peligrosos traficantes de drogas, otros lo desmentían diciendo que no eran más que animales muertos. Había nacido la leyenda del Jardín de los Horrores.

Así pues, y mientras Castellón trataba de asimilar lo sucedido, el propietario del ya por aquel entonces archiconocido vergel se dio a la fuga. Momento en que el juez encargado del caso aprovechó para dictar una orden de arresto contra su mujer, su hijo y la nuera de este, quienes sólo revelaron que Benavent acudió un día a la casa y discutió fuertemente con Emilio Pellicer y su 'socio'.

Tras una intensa labor de búsqueda, y gracias a la colaboración de la Interpol, se logró dar con el paradero del Petxina, huido a Sudamérica para evitar ser procesado. Por aquel entonces contaba con 64 años de edad, pero eso no le impidió convertirse en uno de los delincuentes más buscados por la Policía Judicial.

Cuando trató de volver a España, en una burda maniobra para despistar a los agentes, Pellicer fue detenido y puesto a disposición del juez encargado del mediático caso.

Paralelamente, los expertos forenses habían analizado los pequeños huesos y restos hallados en la casa de la Breva. Ni rastro del cadáver del informático de Valencia ni de otras posibles víctimas del Petxina y su compinche. La mayoría de las piezas analizadas tenían más de 20 años de antigüedad.

Pese a todo, tanto la acusación pública como la particular consideraban incontrovertible que Pellicer y Romero acabaron con la vida de Benavent para, probablemente, hacerse con la importante cantidad de dinero que éste portaba.

En un principio se sentaron en el banquillo de los acusados cinco personas, pero más tarde se exculpó tanto a la mujer como a la nuera y el hijo de Emilio de un presunto delito de encubrimiento.

Con todo, no fue hasta mediados de diciembre de 2001, cuando la Sección Tercera de la Audiencia de Castellón condenó a 18 años de cárcel a Rafael R. y a 16 años a Pellicer por el asesinato de Enrique Benavent, ocurrido en 1991 en Castellón.

Además, se estableció una indemnización de 20 millones de las antiguas pesetas (unos 120.000 euros) a los padres de la víctima, a la que según se pudo saber entonces mataron a golpes, descuartizaron y quemaron en una hoguera, para después deshacerse de sus restos introduciéndolos en salfumán.

Así pues, y aunque finalmente el llamado Jardín de los Horrores de Castellón nunca fue tal, lo cierto es que el crimen causó una gran conmoción en la provincia y en toda España.

Sin embargo, y como tantas otras veces ocurre, uno de los dos procesados, Romero, nunca llegó a cumplir la condena establecida, y es que murió antes de que se dictaminara su ingreso en prisión.

El Petxina, por su parte, fue encarcelado una vez pasada las navidades de 2003.

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