El lastre de las cuentas del Consell

Las empresas y fundaciones públicas han generado un agujero que hipoteca el futuro de la Generalitat

VALENCIA.

¿Qué hacen siete trabajadores en la plantilla de un aeropuerto sin aviones como el de Castellón? Pues entre otras cosas repartirse en sueldos 382.215 euros al año. Quizá sea un gasto excesivo para los tiempos que corren. Las empresas públicas y fundaciones brotaron como setas durante años en la Comunitat Valenciana. Ahora, en temporada de vacas flacas, son las primeras que van a sufrir el recorte de la crisis. Con un discurso pegado a la realidad, la doble V del Consell (Vela y Verdeguer) ha sacado la tijera para, como ellos dicen, «hacer más con menos». Quizá la pretensión no sea una utopía si hay voluntad de reducir los 462.588.750 euros que cuestan los 12.136 trabajadores que hay en la nómina de los organismos autónomos de la Generalitat, según los datos oficiales de la Cuenta General de 2010. Para salir de la crisis sólo hay un camino: gestionar mejor. A cinco días de hacerse públicos los presupuestos de la Generalitat para el año que viene hay que soltar lastre.

En la Comunitat hay cuatro empresas públicas que están cerca de los 2.000 empleados: Ferrocarrils (1.933 trabajadores), Servef (1.761), RTVV (1.740) y Vaersa (1.645). En Radiotelevisión Valenciana, por ejemplo, se respira un ambiente de expediente de regulación de empleo para ajustar la plantilla a las necesidades reales. De momento, la dirección ya ha presentado un presupuesto para el año que viene equiparable al de 1999. Las cuentas para 2012 ascenderán a 154 millones de euros cuando en este ejercicio han sido de 183 millones.

El conseller de Economía, Enrique Verdeguer, que por ahora ha hecho prevalecer su perfil técnico frente al político, ya anunció que la intención es ahorrar 400 millones de euros con el reajuste de las empresas y fundaciones públicas de la Generalitat. Junto al ahorro la otra gran apuesta es rebajar en un 40% el coste del funcionamiento de las entidades públicas.

El agujero económico que arrastra el sector público es de 5.000 millones de euros. Palabra de Verdeguer. Una situación que no se puede sostener en una sociedad en la que mayor preocupación del ciudadano es la lista del paro. Al Consell le cuesta cada año las empresas públicas y las fundaciones más de 2.500 millones de euros. La Corporación Pública Empresarial Valenciana será el ojo que todo lo ve para controlar las cuentas de las 79 firmas (se reducirán) dependientes de la Generalitat y que se han convertido en un auténtico cajón desastre que en muchas ocasiones actúan como agencias de colocación de afines. En noviembre se tendrá que acometer la reestructuración de las fundaciones mientras que la Corporación tendrá que estar lista como muy tarde en abril para gestionar y ajustar más de 2.000 millones de euros.

Durante el ejercicio de 2010 un número importante de las fundaciones de la Generalitat han cerrado en negativo. La que presenta el mayor lastre económico es la Fundación del Palau de Les Arts con más de 8 millones de euros; la que se encarga de atender a las víctimas y para el encuentro familiar presentó números rojos por valor de 883.000 euros; la de las Artes Escénicas, 217.913 euros y otras como la de la Luz de las Imágenes más de 530.000 euros.

En los últimos años en la Generalitat se han creado empresas que necesitarían de un sesudo análisis para, en primer lugar, determinar si eran necesarias y, a continuación, si realmente cumplían su función y eran operativas. Este es el caso de Comunitat Valenciana d'Inversions (VCI), un ente autónomo que cerró el ejercicio de 2010 con unas pérdidas de 4,4 millones de euros cuando en el ejercicio anterior lo hizo con un negativo de 4,8 millones de euros. VCI surgió con el objetivo de atraer la inversión extranjera y nacional a la Comunitat Valenciana. Una labor que quizá podría desarrollar el Instituto Valenciano de la Exportación, que además de vender las bondades de los productos de la Comunitat hacia el exterior se podría ocupar también de atraer la inversión foránea. Una de las decisiones más sabias que tomó el Gobierno valenciano, visto lo visto, de aprobar el 17 de septiembre de 2010 la disolución de esta sociedad.

Como consta en la información publicada en la Cuenta General fue la Generalitat la que tuvo que aportar en el presupuesto de este año una partida de 4,3 millones de euros para hacer frente a las pérdidas de una entidad que nunca dio resultados desde su creación en 2004.

VCI contaba en la fecha de su liquidación con un director general, un adjunto a la dirección general, cinco directores de área, seis técnicos y auxiliares y un recepcionista. En total 14 personas que se repartían al año un sueldo de 811.976 euros. La media de la nómina era de 57.988 euros anual en una empresa pública que cada ejercicio arrojaba unas pérdidas millonarias.

Este es quizá el mayor ejemplo de una gestión de la Generalitat demasiado alegre en los últimos años respecto a las empresas y sociedades públicas. Organismos que en la mayoría de las ocasiones han generado unas pérdidas excesivas y que sólo se han tapado con aportaciones de dinero público de todos los valencianos.

Labor de control

A principios de este mes los grupos de la oposición bombardearon al conseller de Economía, Enrique Verdeguer, con preguntas sobre el enchufismo en este tipo de sociedades que en muchas ocasiones cobijan a personas con carné de militante. El plus que da el nuevo titular del área es que no tiene reparos en abordar la realidad tal y como es y por eso ya anunció en su día que hará de sastre para sacar la tijera y recortar por donde sea necesario.

La labor del Instituto Valenciano de Finanzas será fundamental para controlar el nivel de endeudamiento del sector público. El IVF será el encargado de vigilar la gestión de estos organismos para que en todos los casos la eficiencia esté por encima de cualquier otro detalle.

Los presupuestos de la Generalitat se presentarán el próximo 28 de octubre y la máxima que prevalecerá en las cuentas es la de hacer más por menos. Una premisa que habrá que aplicar sin complejos.