Olivos en el exilio

Un millonario francés paga 64.000 euros por un ejemplar ibérico milenario

Olivos en el exilio

Si Miguel Hernández levantara la cabeza y viera que esos olivos de Jaén «de troncos retorcidos» que tanto amó acaban en subastas, adquiridos por el mejor postor, en jardines particulares, en campos de golf (donde mueren por plagas o inadaptación) o en rotondas entre hormigón y asfalto, sentiría tanta, tantísima pena...

En la última puja por estos árboles «que a tiempo saben», como diría el poeta de Orihuela, un millonario francés compró un olivo milenario de Portugal por 64.000 euros. Los 44 ejemplares a la venta procedían de España y Portugal, pero la transacción se hizo en Francia, en el castillo Montastruc-la-Conseillère, cercano a Toulouse. En la primera tanda, a primeros de octubre, fueron adquiridos 17. El resto se subastará en marzo. Los precios oscilaron entre 1.000 y 64.000 euros y la identidad del adjudicatario no se reveló, como tampoco el lugar exacto de procedencia del árbol. «Eso es secreto de sumario», argumenta José María Madrid, propietario de El Ventorro 1920, una empresa familiar que en su finca de la localidad madrileña de Carabaña cuida con mimo una colección de árboles centenarios y milenarios, «singulares y grandiosos olivos de leyenda», que vende en España y Europa. Su edad, peso, altura y grosor determinarán su precio.

El olivo que se llevó el adinerado galo, se supone que con fines decorativos, se llama 'Domiciano' (en homenaje a la herencia romana) y tiene una 'cintura' de 6,9 metros. Eso lo convierte en milenario, pues «un tronco por encima de los cuatro metros significa una edad superior a los mil años», según Roamhy Machoir, organizadora de la subasta. El resto de sus características también corresponde a un titán: 3,10 metros de altura y 10,15 toneladas.

En la subasta de la próxima primavera, las 'estrellas' serán dos ejemplares de la variedad Farga. Se trata de dos «piezas rarísimas», clasificadas en España como patrimonio histórico, desveló Machoir. Ello impediría su venta, pero hecha la ley, hecha la trampa... Un hábil coleccionista adquirió los codiciados ejemplares y los arrancó de la tierra antes de que entrara en vigor una normativa valenciana que prohíbe la salida de olivos centenarios, los protege y cataloga. La ley de Patrimonio Arbóreo Monumental de la Comunidad Valenciana, de mayo de 2006, veta el trasplante y comercio de este tipo de árboles e impide talar ejemplares de cualquier especie con más de 350 años o que superen los seis metros de perímetro en el tronco, los 25 metros de diámetro de copa o los 30 de altura.

La ley valenciana, pionera y única en España, fue un importante paso para detener el expolio y tráfico de árboles históricos. Pero, paradójicamente, desató un movimiento de negocio espectacular: los coleccionistas se apresuraron a arrancar las variedades más valiosas para sacar pingües beneficios. En Andalucía, tierra de olivares por excelencia, no existe normativa alguna. Cada cual campa a sus anchas.

Arte por jamones

Antonio Gallegos, agricultor granadino de Lanjarón, cultiva en sus tierras más de 20.000 olivos. Hace unos meses vendió una de sus fincas a una empresa que instaló allí una planta de tratamiento de residuos sólidos. Evidentemente, había que hacer algo con esos árboles, muchos de ellos centenarios. «Claro, yo no tengo medios para arrancarlos ni transportarlos, ni sé la cantidad de tierra que hay que dejar para sacar más o menos raíces. Así que los talaron, vino un camión, les forraron el tronco con una tela agujereada y biodegradable y se los llevaron». Ahora se ha dado cuenta de que para él no fue ningún negocio, porque algunos contaban con mas de cuatro o cinco siglos de vida y le pagaron 90 euros por unidad, aunque no precisa cuántos cargaron. «Espero, al menos, que estén vivos, porque un árbol no se arranca si no es necesario».

Otro granadino, pero de Órgiva, capital de Las Alpujarras, contiene la emoción al hablar del drama que vive la zona, sin visos de solucionarse. Olivos plantados por los romanos hace dos mil años, con cuatro y cinco metros de diámetro, condenados a un doloroso exilio. «Son verdaderos monumentos naturales», relata el periodista Rafael Vílchez. Y acaban en lujosas mansiones de millonarios de Marbella y Mallorca. O incluso vuelan hasta Estados Unidos. Asegura Vílchez que en esta última década se han arrancado multitud. Por algunos se han pagado hasta 6.000 euros. «¡Qué vergüenza!», se apena. El periodista lamenta que se expolien esos olivares que llegó a visitar, por su hermosura, Alfonso XIII. O Federico García Lorca y Manuel de Falla, asiduos del cortijo El Montijano, cerca del pueblo de Bayacas, junto a Órgiva, allí donde se gestó el poema de 'La casa infiel' a raíz de la copla que cantara, en gozosas veladas, el pastor Francisco Díaz, aquel que insistía una y otra vez en entonar lo de «que yo me la llevé al río, creyendo que era mozuela, pero tenía marío.». También paseó entre olivares el escritor Gerald Brenan, y lo sigue haciendo el exbatería del grupo Genesis, Chris Stewart, exconcejal de Órgiva por el grupo de Los Verdes, escritor y afincado en el municipio granadino.

Vílchez, cronista de Órgiva y con calle dedicada, pone la esperanza en los 1.500 'hippies' de más de 40 países que habitan en Las Alpujarras y que han empezado a concienciar a población y autoridades. «Aquí se han llevado puertas árabes y llaves de hierro que pesaban kilo y medio a cambio de un simple jamón», comenta horrorizado. Uno de los obstáculos con los que tropiezan es que esos pueblos alpujarreños quedan fuera de la protección del Parque Natural de Sierra Nevada, en cuyas faldas se ubican. Los olivos están catalogados como árboles frutales, sin más distinción.

Destinados a morir

Lo mismo sucede en otras tierras andaluzas, como Jaén, con 66 millones de olivos y 97 municipios viviendo de las aceitunas. La provincia suministra uno de cada cuatro litros de aceite que se consumen en el mundo. Uno de esos lugares es Martos, en la Sierra Sur de la capital jienense, ciudad de unos 27.000 habitantes. Denominada la 'cuna del olivar' debido a la calidad y la gran cantidad de aceite que produce, es considerada la primera productora de aceite del planeta y hasta dispone de una variedad propia de aceituna, la marteña.

Existen olivos por toda España. Árbol tan resistente puede encontrarse en Navarra, en poblaciones castellanas y norteñas donde se cultiva y decora jardines y rotondas. En realidad, casi todas las autonomías lucen estos árboles especiales.

Los coleccionistas y las empresas que practican la compraventa de olivos centenarios y milenarios defienden el traslado de ejemplares «destinados a morir o a leña», como sucede cuando son arrancados por la instalación de industrias y la construcción de carreteras. De esa opinión es José María Madrid, que arremete contra el abandono de olivos en muchos campos, asfixiados por las hiedras y la maleza y en peligro de incendio. «Es una pena que la gente no los disfrute. Nosotros tenemos siete u ocho olivos milenarios con troncos de cinco metros, y otros de cuatro metros, que pueden costar entre 3.000 y 4.000 euros, destinados a la ornamentación». Aun así, la crisis se nota. Tras el 'boom' de finales de los 90 y hasta la ley valenciana de 2006 (en ese periodo se esquilmaron viejos olivos del Maestrazgo, en Castellón y Teruel), el mercado ahora está «parado».

El Maestrazgo presume de acoger la mayor concentración de oliveras fargas milenarias del mundo. Esta especie es la más resistente a las inclemencias del tiempo y algunos ejemplares se salvaron de la ola de frío que mató a miles de olivos centenarios en toda la Península Ibérica y Baleares. La especie escasea y se encuentra al norte de Valencia, en Tarragona y Teruel. Los productores han prescindido de esta variedad, destacada por sus dimensiones, resistencia y belleza, a causa de su irregular maduración y escaso rendimiento económico, pero se pagan millonadas para instalarlos en parques y jardines. Si Miguel Hernández pudiese ver todo esto, tal vez le diera alguna vuelta más a aquello de: «El naranjo sabe a vida/ y el olivo a tiempo sabe./ Y entre el clamor de los dos/ mis pasiones se debaten».