El Obispado de Castellón reclama los restos de la beata Isabel Calduch

La Diócesis denuncia que las Capuchinas carecen de permiso para llevarse a Huesca el altar de la monja castellonense

C. RUIZCASTELLÓN.

El Obispado de Segorbe-Castellón no daba crédito ayer a las informaciones que apuntan a que las monjas del Real Convento de las Capuchinas de la capital de la Plana, inmersas en pleno proceso de traslado al cenobio que la congregación tiene en Barbastro (Huesca), se habían llevado consigo los restos óseos de la beata Isabel Calduch. Según denunció el vicario general y portavoz de la Diócesis, Miguel Simón, las religiosas «carecen del permiso necesario» para llevar a cabo dicho procedimiento.

En concreto, Simón emitió un breve pero conciso comunicado en el que manifestó el profunfo malestar por la acción emprendida por las Capuchinas. «Desconocíamos este hecho. Nos hemos enterado por la prensa», denunció.

El portavoz del Obispado recordó que «una vez iniciado el proceso de fusión entre los monasterios de Castellón y Barbastro y hasta que la Santa Sede dé su visto bueno y determine el destino de los bienes, la madre abadesa y el convento están obligados a observar lo establecido en el Código de Derecho Canónico y en las Constituciones de la Orden sobre la administración de estos».

Por todo ello, dijo, «cualquier acto de administración de los bienes que contravenga dichas normas y no cuente con el permiso preceptivo de la autoridad eclesiástica competente será nulo e ineficaz, al igual que los contratos de cesión de bienes artísticos y culturales».

Así pues, el vicario general instó a las Capuchinas a devolver los restos de la beata, nacida en Alcalá de Xivert en 1882 y asesinada en 1937 por profesar amor a Cristo. Según Simón, el pequeño altar en el que descansaba el cuerpo sin vida de esta mártir capuchina «es muy venerado por los fieles de la capital de la Plana y forma parte de la historia de la iglesia diocesana de Segorbe-Castellón».

Las monjas Clarisas Capuchinas, sin embargo, no opinan lo mismo. «La madre irá donde vayamos las hermanas y la comunidad. Nosotras estamos trasladándonos al convento de Barbastro y la beata ya nos espera allí», afirmaron con rotundidad al ser preguntadas por el polémico traslado de los restos.

La última palabra la tiene ahora el Vaticano, que deberá decidir si los restos de esta mártir beatificada en 2001 por el Papa Juan Pablo II tienen que descansar definitivamente en Castellón o si, por el contrario, pueden acompañar a las Capuchinas en su particular exilio a Huesca.

El traslado de las religiosas a Barbastro se fundamenta en la falta de vocación entre las jóvenes, que cada vez en menor medida sienten la llamada para entregar su vida al servicio de la Iglesia.

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