Los años de la inocencia

YOLANDA VEIGA
Barcelona, 1977. UN GRUPO DE HOMBRES ESPERA 
                        
                        junto al puerto de Barcelona a que alguien

                        les contrate ese día. ::
                             FOTOS: PACO ELVIRA/
Barcelona, 1977. UN GRUPO DE HOMBRES ESPERA junto al puerto de Barcelona a que alguien les contrate ese día. :: FOTOS: PACO ELVIRA

Ya veíamos el mundo en color, pero la cosa pintaba tirando a negro. Y peor dadas que vendrían después, en 1981... Este país que muestran las fotografías es la España de la Transición, una radiografía de una sociedad que ya no tenía hambre, pero que las estaba pasando canutas a cuenta de la crisis, la que pensábamos que nunca regresaría, pero que aquí está de nuevo. Es la España de Suárez, que quiere correr más rápido, pero que no acaba de despojarse de la pesada sombra del franquismo. Y la España de la ETA más sangrienta, con casi un centenar de asesinatos al año. Pero también es la España de la gente a la fresca en los pueblos, de las mujeres haciendo la colada en los lavaderos públicos, de los niños jugando a las tabas, de familias rurales sin agua corriente en las casas, de mineros hipotecando su salud, de los Seat 600, de los novios que iban a pasar la tarde de domingo al cine, de la tele de 'Dallas' y 'Barrio Sésamo', de los éxitos de Miguel Bosé y Queen en la radio y de la Movida. ¿Y el fútbol? La Liga era del Real Madrid, 70 goles en 34 partidos... Estamos en 1979. El año del triunfo de la UCD en las elecciones generales del 1 de marzo, de los primeros comicios municipales y del casi triunfo de Betty Missiego en Eurovisión. ¿Se acuerdan?

Para memorias frágiles y oídos curiosos, Carlitos Alcántara nos cuenta cada jueves un pedacito de nuestra historia reciente. El niño de 'Cuéntame' ya es mayor de edad. Y la serie, la joya de TVE, también. Los Alcántara y sus vecinos de San Genaro celebran esta temporada diez años de feliz convivencia con los espectadores -es la serie con más éxito de la televisión en España-, con el relato del final de la convulsa década de los 70. Imanol Arias (el padre), María Galiana (la abuela) y un puñado de sociólogos, políticos, sindicalistas, artistas... que fueron testigos de la Transición reconstruyen para este periódico aquellos días de hace más de treinta años.

En la calle mirando, mano sobre mano

El joven de la foto principal apura un cigarrillo mientras espera en el puerto de Barcelona a que alguien le contrate. En cualquier plaza de Andalucía la estampa era la misma, cuadrillas de hombres en la calle, mirando. Muchas manos para poca vendimia. En 1979, con el país en plena crisis, la tasa del paro rozaba el 9% -aunque en pocos años se situó en torno al 20%, como ahora- y en el hogar del españolito medio se acumulaban las letras. Pero aquella depresión, dicen, no es ni sombra de la que sufrimos hoy. «Antes era preocupante, pero Europa era socialdemócrata y había logrado grandes conquistas sociales. La crisis actual es tremenda porque está más globalizada. Tardaremos muchos años en salir», vaticina el histórico Nicolás Redondo, diputado del PSOE en aquel año.

Quien más quien menos se apañaba entonces con un coche modesto de segunda o tercera mano y podía ir pagando el piso. Fermín Bouza, catedrático de Sociología de la Universidad Complutense, recuerda que aquel mismo año hizo mudanza. «Me dieron cuatro millones por mi vivienda de 70 metros y compré una más grande en Madrid por 6 millones. Ahora no costaría menos de 300.000 euros». Los jóvenes lo tenían más fácil para emanciparse porque la familia, entrenada en el ahorro, «representaba un colchón importante» y los bancos, «aunque a interés alto (rondaba el 25% como consecuencia de la inflación), daban créditos», recuerda Jesús Fernández Cordeiro, inspector central del Ministerio de Hacienda en aquella época. Claro que lejos de estar boyantes, los bancos andaban casi en números rojos. En 'Cuéntame' Antonio Alcántara pierde los ahorros tras el batacazo del Banco de Granada -hoy el Estado garantiza hasta 100.000 euros-. Como el de Granada, más de una docena de bancos se intervinieron entre el 78 y el 81. «El más sonado fue el de Valladolid».

A Cordeiro le tocó hacer números cuando no daban las cuentas. «Se llevó a cabo una reforma tributaria que yo fui a explicar a 'La Clave' y que nos acercó a otros países europeos porque en España teníamos un sistema fiscal de andar por casa». Entre las medidas que se tomaron para salir del agujero, un impuesto extraordinario que gravaba los salarios más altos y una especie de 'amnistía fiscal', que nunca se escribió con estos términos pero que a efectos prácticos lo fue. «Queríamos que afloraran los patrimonios ocultos, así que a la gente que declaraba todo no se le molestaba con comprobaciones de años anteriores».

Un asesinato abriendo el telediario

2 de enero de 1979: ETA asesina a un comandante de Infantería en San Sebastián; en Pamplona un artificiero fallece al tratar de desactivar un artefacto explosivo. 3 de enero de 1979: la banda asesina al gobernador militar de Madrid... «Fueron años de plomo, grises, desabridos, con ETA golpeando de manera inmisericorde, asesinatos de la extrema derecha...», rememora Félix Ortega, catedrático de Sociología de la Universidad Complutense. Demasiados funerales. A muchos fue Paco Elvira, autor de las fotos que ilustran este reportaje -la imagen de portada es del entierro de un guardia civil destinado al País Vasco y asesinado por ETA-. «Iba a los funerales y nadie te negaba una foto». Era la dolorosa cotidianidad.

Elvira también inmortalizó con su vieja máquina revueltas estudiantiles, actos de conmemoración de la sublevación militar del 18 de julio... Y eso que «después de la matanza de los abogados de Atocha (1977) la gente no salía mucho a la calle, solo los políticos y los sindicatos. Porque no sabías si te ibas a encontrar con un tiro perdido. Además, la gente no estaba tan entusiasmada, aunque ahora lo recuerde con nostalgia», opina Ortega, que dibuja la semblanza más negra de aquella Transición, marcada por la intensa actividad de ETA -1979 y 1980 fueron sus años más sangrientos con 84 y 90 asesinatos-, la tensión entre grupos ideológicos y la desconfianza hacia las Fuerzas de Seguridad. «Antes la Policía era vista, con razón, como el brazo represivo del Franquismo. Hoy, sin embargo, la Policía y el Ejército están mejor valorados que los políticos y los medios de comunicación», aclara.

Imanol Arias, Antonio Alcántara para los espectadores, se acuerda de esa época de extrema violencia y sigue sin entender nada. En el carné dice que nació en León, pero se crió en Eibar (Gipuzkoa) y vivió de cerca el radicalismo vasco: «Empecé a notar cierta confusión y la violencia empezó a resultarme más chocante. Dejé cualquier atisbo de militancia».

Adolfo Suárez, un hombre querido

Si habla el político, se nota dentro de la mesura un punto de entusiasmo: «Viví esa época con mucha ilusión, estábamos recuperando la democracia, la cantidad de mítines que dí entonces...», habla casi para sí Nicolás Redondo. Y una tiene la sensación de que la ilusión estaba más en el lado de los gobernantes que en el de los gobernados: «Ya entonces había desencanto. Y mucha culpa de la desafección política tenía que ver, como hoy, con la difícil situación económica», precisa el sociólogo Fermín Bouza. Pero cuestiones contantes y sonantes al margen, también había de esos que ahora diríamos románticos. María Galiana (Cádiz, 1935) cuarenta y cinco años a punto de cumplir, profesora de Historia con plaza fija en el instituto de Dos Hermanas de Sevilla, comulgaba con Santiago Carrillo. «Organizaron el mitin en una explanada, había más de 2.000 personas y muchas banderas. Fue la primera vez que oí cantar en vivo 'La Internacional'».

Menos cuestionado que Carrillo era entonces Suárez. Azotado desde la derecha y desde la izquierda, supo ganarse al electorado, incluso a los que no eran de su cuerda. «Las notas de Suárez fueron casi siempre altas, era bastante querido por la gente, pero fue mejor valorado por el pueblo que por el resto de los políticos», analiza Bouza. Quienes tuvieron ocasión de tratarle no hablan sino maravillas. «Suárez siempre dio la cara a pesar de la crisis y era un hombre cordial, simpático, directo. Y sumamente meticuloso con sus responsabilidades. En una ocasión le ayudé a hacer la declaración de la renta y renunció a unas deducciones a las que tenía derecho porque creía que no daba buena imagen», cuenta el exinspector Jesús Fernández Cordeiro.

Suárez fue un hombre de relativo consenso, y los políticos, un gremio mejor avenido que hoy. «Éramos amigos, discutíamos, pero sabíamos sonreír en el pasillo. Desde la discrepancia compartíamos objetivos comunes y estos predominaban muy a menudo sobre los intereses partidistas», echa la vista atrás Miquel Roca, presidente del Grupo Parlamentario Catalán en el Congreso desde 1977 a 1995, portavoz de CiU y uno de los padres de la Constitución.

- ¿La gente les quería?

- En aquel momento los políticos tenían una importante sintonía con los ciudadanos, eran mensajeros muy cualificados de las ambiciones de libertad y progreso. Con el tiempo, la poesía deja paso a la intendencia, los grandes objetivos se sustituyen por cuestiones más prosaicas como el tipo del IVA aplicable a los electrodomésticos de línea blanca. En estas situaciones, la sintonía se hace más débil.

Calígula, el Real Madrid y las vacaciones

Repasa María Galiana con ojo de profesora los guiones de 'Cuéntame'. «A veces meten palabras como 'bocata' o 'cubata', y eso no se decía así hace treinta años. Y tampoco decía nadie 'pásamelo', cuando llamaba por teléfono, sino 'póngame al teléfono'».

- ¿Cuánto han cambiado las costumbres, las modas...?

- Tampoco tanto. No somos antediluvianos. Mis hijos han usado chupetes y en el 52 yo ya tenía olla a presión en casa. ¡Y a la Universidad iba con medias de cristal! Ha cambiado la escuela, porque yo recuerdo ir con mis alumnos a la discoteca o a merendar a una ribera cercana. Y en la familia también ha habido muchos cambios -insiste Galiana-.

Los Alcántara se juntan para cenar. Padres, hijos y abuela. Hablan o ven el telediario, aunque un buen televisor era un artículo de lujo por entonces. En España había una sola cadena y daban 'Barrio Sésamo', 'La mansión de los Plaff', 'Los Roper'... 'Un, dos, tres' no, que entre 1978 y 1982 no se emitió. Volviendo a la familia... Entonces había más chiquillos en casa -la media de hijos por mujer estaba en 2,37- y los problemas domésticos se resolvían de puertas adentro. No existía el gusto por las cosas del corazón y la tele era de más calidad. Claro que desavenencias familiares como las que airea hoy Belén Esteban -o parecidas- también las había. «No existía la ley del divorcio -se aprobó en el 81-, pero las relaciones de pareja ya se habían modernizado», concreta Bouza.

Las familias llevaban un tren de vida «ajustado a sus posibilidades», que no eran muchas, y se iban de vacaciones «solo si podían». Eran los años del destape y además de Alfredo Landa persiguiendo a las suecas en el cine, cada semana desde 1976 'Interviú' salía a los quioscos con su ración de famosa en topless -la foto de Marisol ha pasado a nuestra pequeña historia como una de las imágenes de la Transición-. La mujer ya no necesitaba el aval del marido para sacarse el pasaporte o una cuenta en el banco.

La gente se divertía en el cine -las salas se llenaban para ver 'Manhattan', 'Kramer contra Kramer' o 'Calígula'-, en los bares y viendo el fútbol, que mantenía el liderazgo social. No existía esa fiebre por 'La Roja' porque la selección no ganaba nada. Ni el 'Naranjito' del 82 pudo hacer afición, que en su estreno como anfitriones los de José Santamaría solo pudieron superar la primera ronda -ganó Italia-.

'La chica de ayer', con laca y hombreras

En la madrileña Calle de la Palma, en el corazón del barrio de Malasaña, El Penta todavía cierra cada madrugada con 'La chica de ayer' (Nacha Pop, 1980). La recitan de memoria los nostálgicos y también barbilampiños que la han escuchado en los casettes de sus hermanos mayores. 'Un día cualquiera no sabes qué hora es /te acuestas a mi lado sin saber por qué...'. ¿No es increíble la capacidad evocadora de esta estrofa sencilla? Es una de las bandas sonoras de 'La Movida', un fenómeno local (solo fue en Madrid) que ha adquirido dimensiones casi universales. Alaska jura que no entiende todavía por qué se formó semejante follón: «Yo tenía 15 años y no encajaba con nadie. O eras ultraprogre de Marx o todo lo contrario. Así que nosotros éramos los raros». En ese caldo de cultivo Olvido Gara (México, 1963) se convirtió en Alaska (Kaka de Luxe, Alaska y los Pegamoides, Alaska y Dinarama y, ahora, Fangoria).

- ¿Qué siente cuando le llaman icono de 'La Movida?

- En ese momento no nos sentíamos héroes ni símbolos de nada. Lo hicimos porque nos tocaba a nivel vital, pero no con intención.

-¿Fueron años tan divertidos y noctámbulos como se cuenta?

- Creo que a cualquier adolescente que le preguntes te dirá que su vida es noctámbula y divertida. No lo sentimos como '¡Oh! Qué gran momento estamos viviendo en este país'. Además, se ve muy bonito desde fuera, pero entonces solo se hablaba de crisis y de que venía otra guerra civil.

Así que al ambiente gris de entonces le pusieron rock and roll, pelos de colores, hombreras, cinturas de avispa, lycras y pantalones ceñidos. Veladas sin fin en baretos oscuros y humeantes, mientras los españoles íbamos perdiendo la inocencia.