La rubia que distrae en la A-3

Los carteles de casas de citas proliferan en las carreteras y se colocan incluso en puntos negros para la circulación

HÉCTOR ESTEBANVALENCIA.
El cartel que ilustra uno de los puntos negros de la autovía A-3. ::                             HÉCTOR ESTEBAN/
El cartel que ilustra uno de los puntos negros de la autovía A-3. :: HÉCTOR ESTEBAN

Las vallas publicitarias de los toros de Osborne se indultaron porque era un arte que dignificaba el paisaje de las carreteras españolas. Ahora, decenas de cartelones pueblan los aledaños de las principales vías de comunicación distraigan o no al conductor.

En el conocido como puente de la muerte en la A-3 (el hecho de que lo llamen así no es gratuito) han colocado un cartelón de la sala Glamour, un establecimiento que está unos kilómetros más allá y que por la noche siempre ilumina su azotea con luces de neón, en el que una rubia de mirada picarona, culo respingón y pose erótica anuncia que hay un lujo que está al alcance de todos. Se supone que en lo económico, claro.

Es imposible no mirar a la chica desnuda (yo lo hago cada mañana, lo confieso) y olvidar que estás al volante de un vehículo circulando en uno de los puntos más peligrosos de una A-3 en obras que se ha convertido en un laberinto de marcas viales y en un caos de circulación diario.

El cartelón, ubicado para que lo vean aquellos que circulan sentido a Valencia, ya que la sala Glamour está en esa dirección un poco más adelante, no deja impasible a nadie. Se supone que tampoco a la Guardia Civil, que habrá tomado buena nota de que puede ser un elemento perturbador para la atención de los conductores.

El Ministerio de Fomento y la Dirección General de Tráfico tendrán limpia la conciencia con esos mensajes que ponen en los luminosos (en tres idiomas) para que el conductor se regule la vista (a la chica la ve hasta un miope), no se hable con el teléfono al volante y todo aquello de precaución amigo conductor que la carretera es peligrosa, que cantaba Perlita de Huelva.

Pero lo cierto es que en los últimos meses, quizá con esto de la crisis para que cada uno mate sus penas como quiera, han proliferado vallas publicitarias de salas y hoteles en el que los lujos siempre están al alcance de todos.

Prohibición de poner cartelesLa legislación sobre carreteras señala que está prohibido colocar carteles publicitarios en aquellas zonas «visible desde el dominio de la carretera». Es decir, desde donde lo pueda ver el conductor. Una prohibición que no afecta a los tramos que pasen por suelo urbano.

Las autopistas y las autovías difícilmente se adentran en suelos urbanos, por lo que en teoría no deberían permitir ningún tipo de publicidad más allá de los toros de Osborne que fueron indultados por aquello del arte.

Pero en la práctica nadie cumple esa ley y cada vez hay más carteles en las inmediaciones de las carreteras. La ley siempre tiene unas gateras para poder salir y saltársela y las vallas colocadas junto a polígonos industriales pueden entenderse como suelo urbano.

La realidad es que la rubia que es un lujo al alcance de todos sigue cada mañana desnuda, haga frío o calor, recibiendo a los miles y miles de conductores que corren el riesgo de distraerse en uno de los puntos de carretera más dramático de la A-3.

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