Algemesí, más que Muixeranga

Este municipio de la Ribera sabe cómo sobrellevar los meses de calor con fiestas, devoción y toros

MARÍA MORENO
Tradición. La Muixeranga, castillo humano originario de Algemesí, se conserva y se celebra a pesar del paso de los años, y de los siglos. ::
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Tradición. La Muixeranga, castillo humano originario de Algemesí, se conserva y se celebra a pesar del paso de los años, y de los siglos. :: LP

Cuando se trata de salir por las comarcas del interior, lo primero que quizás se echa en falta es la playa. Pero tomarse un refresco a orillas del mar puede sustituirse perfectamente por visitar la riqueza patrimonial y las fiestas de localidades como Algemesí.

Esta población de la Ribera Alta tiene muchos motivos para que el visitante se quede a disfrutar. A través de su encanto, esta localidad nos demuestra que es una buena opción en cuanto gastronomía, naturaleza, cultura y sobre todo, fiesta.

Los amantes del patrimonio histórico podrán comprobar que la arquitectura que reina en esta localidad alterna el estilo modernista y eclecticista. Sus casas pertenecieron en gran mayoría a la burguesía agraria e industrial de finales de siglo XIX y principios del XX.

La ruta monumental de Algemesí, inaugurada en 2010, comprende un recorrido que nos muestra el casco histórico a través de nueve paradas.

Empezando por el convento de Sant Vicent Ferrer, construido en el siglo XVI y sede permanente del Museo de la Fiesta de Algemesí y el Museo Valenciano de las Fiestas, este itinerario sigue por la plaza Mayor, centro neurálgico y cultural de la ciudad. Punto de encuentro de fiestas, cenas populares o conciertos, este es el lugar donde se monta manualmente la popular plaza de toros rectangular en la Setmana de Bous.

Preside la plaza la Basílica Menor de Sant Jaume, templo religioso del siglo XVI, cuya fachada izquierda corresponde a la Iglesia vieja, convertida en capilla el año 1720 y dedicada a la Mare de Déu de la Salut. A la derecha ocupa la mayor parte de la planta la Iglesia Nueva de estilo renacentista, donde destaca en su interior el retablo mayor, obra del pintor Francesc Ribalta.

Cerca nos encontraremos con el Casino Liberal. Su fachada de estilo modernista esconde un centro de vida social, restaurante y sede de la televisión municipal, mientras que los días de fiestas patronales se convierte en el escenario de una improvisada discoteca.

La primera etapa del Camino de Santiago tiene una parada en esta población de la Ribera Alta. En la plaza de la Mare de Déu dels Àngels se pueden ver sobre la pared las indicaciones dirigidas a los peregrinos que parten de Valencia hasta la capital gallega.

Volviendo a la plaza Mayor, la parte posterior de la Basílica de Sant Jaume aguarda una sorpresa: los jardines y la fuente bautismal de la Casa Abadía, construida en 1558. El lugar donde se dice que apareció la Virgen de la Salut en forma de imagen también se convierte en una parada obligada. Se trata de una modesta capilla, del año 1947, donde se sitúa un pozo y una fuente con un retablo bien conservado, que completa este círculo dedicado a la Mare de Déu.

Pero, sin duda, la gastronomía es también uno de los puntos fuertes. A destacar la repostería, ya sea dulce, como la fogaseta (galletas de anís), la coca cristina, el turrón de panecillos, o salada, siendo típica la coca con sal, y las cocas de cacao. Otra de las delicias es el 'biscuit glacé', helado elaborado a base de huevo, azúcar y nata.

Naturaleza tampoco le falta. A dos kilómetros del centro urbano, justo enfrente del paraje natural de la Xopera, Algemesí tiene un rincón verde muy particular. Una especie de península de 75.000 metros cuadrados donde se puede acceder fácilmente en bicicleta o paseando por la orilla del río Magro.

La flora que lo habita es diversa, desde olmos, sauces y chopos blancos hasta plantas en flor como los lirios amarillos. La fauna, aunque poca, es curiosa, algunos patos se acercan de vez en cuando para disfrutar de las aguas tranquilas, y por el bosque se dejan ver serpientes inofensivas, algún ratón, ranas e insectos.

Cualquier época del año es buena para acercarse al bosque de la Ribera, el lugar idóneo para descansar en contacto con la naturaleza.

Y es que septiembre es uno de los mejores meses para visitar la localidad. El ambiente festivo inunda sus calles, la gente hace vida en ellas durante la celebración de las fiestas patronales de la Mare de Déu de la Salut.

La procesión en honor a la patrona se celebra el 8 de septiembre y cuenta con siete horas de duración, de ahí su nombre, 'La Volta Gran'. Se inicia en la Basílica menor de Sant Jaume y finaliza siempre (aunque no hay ningún horario establecido), pasadas las dos de la madrugada.

En esta procesión se sigue a rajatabla el itinerario original de 1724, cuando aparecen las primeras noticias sobre las fiestas.

Amenizan esta procesión los bailes de la Muixeranga, Bastonets, la Carxofa, Arquets, Llauradores, Pastorets y los Tornejants. Un espectáculo único que sólo se puede ver y sentir en Algemesí.

La Muixeranga es una torre humana que guarda ciertas diferencias con los castellers de Cataluña. Acompañados por la melodía del tabalet i la dolçaina, su objetivo es más religioso que el de los catalanes. Se hace una danza, sin que la altura de las torres humanas sea crucial. No en vano estas celebraciones han sido recientemente declaradas Bien de Interés Cultural por la Generalitat, y todavía queda por decidir en noviembre si pasa a ser Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

En sus fiestas, también conocidas como 'Setmana de Bous de Algemesí' hay un mini-cocktail que nadie se debe perder. Se trata del 'colpet', una bebida algo más grande que un chupito, compuesta por vodka, granadina y tónica. Su extravagancia radica en un ritual, que consiste en tapar el vaso con una servilleta y darle tres golpes contra la barra antes de beberlo de un trago. Para aguantar la jornada de fiestas, y como tradición antes de entrar a ver los toros, por allí rueda el 'Rocafull', una pócima a base de café, clara de huevo y coñac.