EL CANDIDATO SIN MANCHA

El PP valenciano elige sucesor al alcalde de Castellón, un político de 'carácter fácil' y buenas relaciones con la dirección nacional Génova ve en Alberto Fabra el perfil idóneo para abrir una nueva etapa

J. C. FERRIOLVALENCIA.

Alberto Fabra se lo veía venir. Lo reconocerá ahora o no, pero hace tiempo que las circunstancias judiciales hacían prever, en el peor de los escenarios, que Francisco Camps podría dejar el cargo. Y el alcalde de Castellón se encontraba entre el grupo de dirigentes populares que era de esa opinión, es decir, que siendo consciente de que la honradez de Camps no estaba en juego, era más que posible que el horizonte judicial evolucionara a peor. Y que en un momento determinado podría hacerse insostenible. Ese momento se produjo ayer, y la dirección nacional del PP tuvo claro que el hombre que debía encarnar la nueva etapa en el liderazgo de la Generalitat, y parece razonable que también del partido, era Alberto Fabra.

¿Y quién es? En la política valenciana el alcalde de Castellón comenzó a hacerse un nombre en el partido desde el último congreso regional, cuando pasó a formar parte del núcleo duro de la dirección con su designación como coordinador general del partido. Un puesto creado para él, y que algunos interpretaron como una decisión de Camps de premiar 'al otro Fabra' y restar protagonismo al eterno presidente provincial del PP de Castellón. Aunque ya entonces también hubo quien consideró que la presencia de Alberto Fabra como coordinador general del partido era un símbolo de que la calle Génova había comenzado a tomar cartas en el PPCV.

De profesión arquitecto técnico, de 47 años, de familia acomodada y con raíces en el sector del azulejo castellonense, definir a Alberto Fabra como un 'hombre de partido' puede sonar a tópico, pero su trayectoria política así lo define. Presidente provincial de Nuevas Generaciones del PP de Castellón, primero, y de los populares de Castellón ciudad, después -en ambos cargos sucedió a Víctor Campos-, el exalcalde de Castellón José Luis Gimeno se fijó en él, y lo incorporó para su equipo de gobierno municipal. Primero en Juventud, y después en Urbanismo. Cuando Gimeno dio paso en 2005, Fabra fue el elegido para sucederle como alcalde, aunque su reválida no llegó hasta lograr la mayoría absoluta en 2007 y renovarla en 2011. «Nunca ha tenido problemas ni mala relación con nadie, tiene un carácter fácil», asegura uno de los dirigentes populares que mejor lo conoce.

Un carácter sin aristas y una trayectoria política igual de limpia son factores que la dirección nacional del PP no tardó en apreciar. El nombre de Alberto Fabra como eventual sucesor comenzó a sonar cuando Camps decidió nombrar secretario general, tras aquella patética reunión de la dirección en la que Ricardo Costa dejó de ser número dos del partido sin que ninguno de los presentes se enterara.

Génova apostó por el alcalde de Castellón como secretario general, aunque un Camps todavía con cierta fortaleza retuvo ese cargo para sí. Pero el mensaje tenía toda la intencionalidad. Alberto Fabra representa mejor que nadie la apertura de una nueva etapa, un perfil que no presenta problemas y por buscar una anécdota, un apellido polémico pese a no guardar relación familiar alguna con Carlos Fabra.

A Madrid le interesa más que nada ofrecer esa imagen de renovación a fondo. Un tipo que ni fuma, que se va a nadar todos los días, al que la oposición ni le roza y al que la ambición que cabe suponer a todo responsable político se le nota muy poco, resulta ideal para que un granero de votos como es el del PP en la Comunitat Valenciana no se resienta. Cuentan que el pasado lunes ya se pasó por la calle Génova, quizá para abordar este asunto. Por su condición de cabeza de lista autonómico por la circunscripción de Castellón en los últimos comicios del 22-M, resulta inexacto el reproche de que pueda no haber sido votado por los ciudadanos para el cargo.

Alberto Fabra afronta ahora su reto político más importante. Lo hace con el visto bueno de la dirección nacional, que no es poca tarjeta de presentación, y con buena parte de la dirección regional del partido, noqueada todavía por el anuncio de Camps y que todavía tardará unos días antes de resituarse. Otra cosa es si elementos de un peso específico innegable en el PPCV y con una indiscutible capacidad de influencia, como el presidente provincial de los populares de Valencia, Alfonso Rus, recoge con el mismo 'entusiasmo' la designación del alcalde de Castellón como aspirante a la presidencia de la Generalitat. Con todo, incluso en este escenario la voluntad de la dirección nacional puede ser determinante para que no se abran nuevos debates.

Los que le conocen sostienen que Fabra dispone de un perfil más liberal y menos cristiano que el de Camps, más al gusto de la moderación que impone el momento político en el PP actual. No cabe esperar novedades en las que serán sus prioridades si como cabe suponer recibe la confianza de la Cámara para ser elegido presidente del Consell, toda vez que la crisis económica obliga a que sea ésta la única prioridad de cualquier administración.

Al margen de esa circunstancia, y en contra de lo que se ha dado durante mucho tiempo por asumido, su relación con Carlos Fabra no es ni mucho menos mala. De hecho, fuentes del PP sostenían ayer que el presidente provincial había estado en Madrid conversando con Mariano Rajoy respecto a la situación abierta en el partido y el nuevo escenario con Alberto Fabra al frente. Un contacto que no se habría mantenido, al menos con esos participantes, si el margen de confianza no es máximo.

Uno de los primeros anuncios tras confirmarse su designación como candidato del PP a la presidencia de la Generalitat ha sido la de confirmar la continuidad del último Consell nombrado por Camps así como la de todo su equipo. El gesto, de consumo interno y dirigido a imponer tranquilidad en el núcleo duro de presidencia, no impide de todas formas suponer que el futuro líder popular tendrá que ir acomodando un equipo de su más estricta confianza con el objetivo de asentar su liderazgo en el partido y su mando en la Generalitat. No hacerlo, sostienen destacados cargos populares, puede dejar la puerta abierta a una influencia 'excesiva' por parte de la calle Génova que, consciente de la transitoriedad de la situación, tratará de controlar al máximo todas las decisiones, como mínimo, hasta la celebración de las próximas generales. El carácter fácil de Fabra ayudará a que no surjan otros problemas.

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