Comienzan a derribar las casas en ruinas de Guillem de Anglesola

El Ayuntamiento negocia con la empresa adjudicataria los tiempos para retomar el plan urbanístico que prevé nuevas fincas

LOLA SORIANOVALENCIA.
Primeros derribos y retirada de escombros en la zona trasera de Guillem de Anglesola. ::                             CELIA TABERNER/
Primeros derribos y retirada de escombros en la zona trasera de Guillem de Anglesola. :: CELIA TABERNER

Los vecinos de Marítimo-Ayora llevaban más de 22 años esperando que entraran las máquinas excavadoras a derribar un grupo de viviendas en mal estado, que según los residentes, simbolizaban el 'cuarto trastero' de la avenida del Puerto. Y ayer, por fin, comenzaron los derribos. «No nos lo podemos creer. Teníamos ya ganas de que eliminaran esta miseria, porque es un foco de suciedad y un punto donde se concentra gente conflictiva», según Joana C.

Y es que, como anunció a principios de semana el concejal de Urbanismo, Jorge Bellver, sin falta iban a empezar de forma inminente a tirar las casas.

Los trabajos de derribo en este grupo de viviendas de calles como Guillem de Anglesola o Berenguer Mallol empezaron justo un día después de que el concejal socialista Vicent Sarrià se acercara al barrio para proponer que fuera la empresa pública Aumsa, y no la adjudicataria que tenía estancado el proyecto de urbanización, la que tirara las casas para desbloquear el tema.

«Hoy -por ayer- han empezado a tirar las casas que ya tenían la declaración de ruina inminente, en la calle Berenguer Mallol, pero seguirán actuando en todo el tramo incluido en el Plan de Actuación Urbanística (PAI)», explicó ayer el concejal de Policía Local, Miquel Domínguez, que acudió en la mañana de ayer a supervisar las obras.

Según Domínguez, «la policía ya ha ido desalojando a los ocupantes y el personal de Servicios Sociales está buscando solución para algunos residentes, sobre todo gente mayor o con hijos dependientes».

El concejal de Policía Local apuntó que lo importante es que los derribos ya habían empezado «y no van a parar hasta que se tire todo».

El proceso durará entre un mes y mes y medio y es laborioso, «porque no se trata sólo de que entre la máquina y derribe, sino que los operarios tienen que reciclar y seleccionar los escombros. Por un lado van las malezas y maderas, por otro, los enseres y el material constructivo», añadió Domínguez.

La intervención se produce después de que la empresa urbanizadora haya conseguido el consentimiento de los propietarios para tirar todas las casas, aunque falta materializar en algunos casos las indemnizaciones.

En total se actuará en unos 60 edificios de planta baja y una altura. Vecinos, como Josefa Aguilera, una mujer de 79 años que lleva viviendo más de 40 años en una de estas casas, aseguró ayer que le daba pena, «porque llevo aquí muchos años, pero desde hace diez años a esta parte no se puede vivir aquí. Da miedo estar por la gente que ha ocupado algunas casas».

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