El río que nos ilumina

Enrique Cerver Olicina es uno de los técnicos al cuidado de Millares II y Cortes-La Muela, complejos encerrados bajo la montaña Paisaje y paisanaje Los saltos hidroeléctricos aprovechan el Júcar al máximo

VICENTE LLADRÓ VLLADRO@LASPROVINCIAS.ESVALENCIA.
El río que nos ilumina

«La historia y las necesidades de la sociedad valenciana han hecho que el río Júcar sea el río más y mejor aprovechado de toda la geografía española». Así lo define Enrique Cerver Olcina, destacado técnico de Iberdrola y uno de los que mejor conoce todos los pormenores de los distintos saltos hidroeléctricos que dicha compañía tiene en el curso medio del río, cuando va encañonado entre Cofrentes y la presa de Tous.

Enrique explica que la filosofía del aprovechamiento integral del Júcar hace que desde principios del siglo XX «aquí se tienda a que no se pierda ni gota de agua». El abastecimiento urbano y de los regadíos son preferentes -por dicho orden-, pero a continuación, la generación eléctrica. Si décadas atrás se turbinaba el agua con menos control, porque la necesidad prioritaria era disponer de más electricidad, la estrategia actual es producir luz cuando pasa el agua por necesidades de los abastecimientos: solo que como el río está tan regulado ahora mediante las sucesivas presas, se puede maniobrar para optimizar al máximo los rendimientos energéticos sin que se pierda ni un litro de agua, sin aprovecharla toda.

Por eso el Júcar es, además de la fuente que nos da de beber y que riega los campos de media provincia de Valencia -y pronto de parte de la de Alicante-, también el río que nos ilumina. Sin duda, el que más nos ilumina.

Enrique Cerver conoce a la perfección los sucesivos saltos del río, con sus centrales eléctricas. Entró a trabajar en Iberdrola (entonces Hidroeléctrica Española) en 1977. En un principio iba para la central nuclear de Cofrentes, que estaba en construcción, pero mientras tanto lo destinaron a la térmica de Escombreras, junto a Cartagena.

La idea de la compañía era que así los nuevos técnicos fueran formándose bien, tanto en aspectos teóricos como en los prácticos. Estuvo tres años en Escombreras y luego seis y medio en la nuclear. Pero en 1986 aprovechó que la empresa convocó una plaza de mantenimiento para las centrales hidroeléctricas, tan cercanas; se presentó y le aprobaron. Desde entonces, el territorio que domina es el de este maravilloso tramo del Júcar, donde el río va encañonado y sujeto entre presas para producir kilovatios. Su paisaje es el verde de estos valles, salpicados de riscos por los que trepa la cabra montés y entre los que se engarzan estas catedrales de ingeniería energética que cuida con sus compañeros.

Entre Cortes de Pallás y Dos Aguas, bajo la presa del Naranjero, que alimenta la nueva central hidráulica de Millares, Enrique cuenta que actualmente es técnico de mantenimiento del complejo de Cortes-La Muela, uno de los más importantes del mundo en su género, donde de noche se bombea agua al embalse de la cima para soltarla de día y generar más cuando mayor es la demanda. Y ahora se construye la segunda fase, para duplicar la potencia.

Enrique es de Otos, pequeña población de la Vall d'Albaida, estudió en la Escuela Industrial de Alcoy, donde nacieron su mujer y sus hijos, y ahora vive en Ayora, cerca de las centrales donde radica su trabajo. Tiene 60 años y mantiene intacta la ilusión del primer día por esforzarse y aprender. Se le nota orgulloso de lo que hace, le 'llena', y no se cansa de reconocer que «en Iberdrola, en cuanto a formación, te pueden apabullar, porque te dan todo lo que quieras y más; si deseas aprender más no te lo vas a terminar, y eso hace que, estando ahora las plantillas técnicas muy ajustadas, todos los empleados den ejemplo de dedicación y eficacia, porque hay conocimiento y organización, y eso nos lo reconocen siempre todas las empresas que proveen elementos y máquinas o que complementan trabajos; nos dicen que como la capacidad y el compromiso de nuestros profesionales no la conocen por ahí».

Cortes II, el gran complejo de la Muela, Millares II, y más arriba Cofrentes hidráulica, y antes el Picazo, y las pequeñas centrales del curso alto del Júcar, y las minihidráulicas... Una sucesión de saltos de agua para convertir la fuerza de la gravedad en electricidad.

Fue en 1910 cuando los técnicos de la bilbaína Hidroeléctrica Ibérica, precursora de Hidroeléctrica Española, se fijaron en las grandes cualidades de este río para la generación eléctrica. Salva grandes desniveles en pocos kilómetros; luego es idóneo para aprovecharlo en saltos.

El primero fue el de El Molinar, en Villa de Ves (Albacete); el segundo el de Villora (Cuenca) sobre el afluente Cabriel. El tercero iba a ser el del barranco de Falón, en Dos Aguas, pero dados los obstáculos geológicos, se desdobló el proyecto: el de Cortes de Pallás y el de Millares. El primero entró en funcionamiento en 1922 y el segundo en 1932 con sus dos primeros generadores. La tercera turbina, en 1935; la cuarta tuvo que esperar a 1945.

Millares, donde Enrique ha montado y desmontado toda clase de maquinaria, tenía una potencia de 80 megavatios. Pero estaba sentenciada por la nueva presa de Tous, cuyas aguas superarían el nivel de la veterana central, que se desmanteló y derrumbó. A la vez se hizo la moderna Millares II, excavada en la roca, como Cortes-La Muela. La sigue alimentando el viejo canal, que ahora se llena del Naranjero y se ha acortado en 3 de sus 17 kilómetros iniciales. Como su salto ha perdido cota de salto (de 150 metros a 123), la potencia conjunta de sus dos generadores modernos es de 70 megavatios. Al igual que los demás saltos, más los del Segura y los del Ebro, todos se gobiernan desde el Centro de Operaciones (COC) de Cortes, «y nosotros -dice Enrique-, más que llevar el teléfono encima, lo tenemos implantado, para avisarnos a cualquier hora».

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