Gaseosa La Señera, sin duda la primera

La emblemática marca valenciana pervive setenta años despuésLa firma Tomás y Peris, de Alacuás, es la única que sigue vendiendo espumosos La Señera, que se fabricaron en muchos pueblos como una franquicia

VICENTE LLADRÓVALENCIA.
Gaseosa La Señera, sin duda la primera

Era otra época. Tiempos de vino con gaseosa en todas las mesas, en todas las casas; de gaseosa puesta a refrescar en precarias neveras de hielo, de medias barras de hielo que se compraban también en las bodegas, lecherías y toda clase de tiendas que abundaban en pueblos y barrios. Luego empezaron a extenderse los frigoríficos eléctricos, y seguían primando la gaseosa o limonada y los refrescos clásicos de zarza, naranja y limón, que se compraban por unidades sueltas en el pequeño comercio de la esquina o suministraban por cajas los 'llimoneros' que abundaban en toda la región valenciana, como en el resto de España.

Raro era el pueblo que no tenía una pequeña fábrica de bebidas espumosas, a veces más de una, y entre los cientos de marcas que se prodigaban, desde los años 40, La Señera era sin duda la primera, por su volumen e implantación en gran parte de la geografía valenciana.

El boom de los espumosos clásicos y las pequeñas fábricas familiares duró más o menos hasta los años ochenta; de entonces para acá, la decadencia que marca la rápida evolución de nuestra sociedad, con un radical cambio en los hábitos de consumo. Pese a todo, setenta años después la emblemática marca valenciana La Señera pervive hoy, aunque sólo la ostenta una de tantas empresas que nacieron con ella. Tomás y Peris, de Alacuás, sigue vendiendo sus productos La Señera, aunque hace unos pocos años que ya no la elabora, se la hace el único fabricante artesanal de bebidas espumosas que queda en Valencia: La Flor del Júcar, de Polinyá.

Rafael Peris, tercera generación, explica que su empresa (fusión de los 'llimoneros' Peris de Alacuás y Tomás de Aldaya) tuvo que evolucionar para mantenerse y hoy distribuye toda clase de bebidas y refrescos de moda y de marcas en boga, así como cervezas, vinos, aceites y otros productos alimentarios que vende principalmente en la hostelería y a tiendas tradicionales que resisten los embates de las grandes cadenas comerciales.

Pero fiel a sus inicios, Tomás y Peris no ha dejado de lado sus productos La Señera. Solo que, a la hora de replantearse la modernización de la pequeña industria que tenían, optaron por encargar la producción a otro fabricante, lo que beneficia a ambas partes. Rafa rememora los tiempos en que su abuelo, también Rafael Peris, hacía el reparto en carro, y su padre le contaba que con aquel carro ganaban más que luego con los camiones. Tenían rutas hasta Cullera y Segorbe, y aunque se durmieran en tan largos viajes, el caballo ya sabía dónde tenía que parar, a las puertas de clientes.

La Señera funcionaba como una especie de franquicia. Cuando alguien montaba una nueva fábrica, si no se le ocurría otro nombre, podía optar por este, que ya era bien conocido. Para ello tenía que pagar una especie de royalty a los dueños de la marca. Por otro lado, el grupo funcionaba en algunos aspectos como una cooperativa para comprar en común materias primas, cajas, botellas..., aquellas botellas de cierre mecánico y tapón de porcelana con anilla de goma que ahora vuelven a estar de moda.

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