El PP busca una victoria contundente y el PSOE intenta taponar la sangría

Los populares se han quedado sin banco de pruebas de las generales tras la renuncia de Zapatero a la reelección

RAMÓN GORRIARÁNMADRID.

Son las mismas elecciones, pero los objetivos, distintos. El PP pretende que los ciudadanos puntúen la gestión del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, mientras que el PSOE intenta que el examen sea para los gestores autonómicos y municipales. En definitiva, los populares salen de campaña en busca de una victoria concluyente en las urnas, mientras los socialistas se conforman con un resultado airoso, algo parecido a salvar los muebles.

La moral de unos y otros, exultante y alicaída, lo dice todo. El PP se sabe favorito tanto en las autonómicas como en las municipales, pero su euforia solo sale a relucir de puertas para adentro. En público reina la mesura. El partido que lidera Mariano Rajoy es consciente de que las últimas convocatorias de este tipo se han saldado con victorias ajustadas y derrotas gratificantes. Solo en 1995, en vísperas del primer triunfo de José María Aznar, la victoria del PP fue concluyente, ganó casi por cinco puntos los comicios locales y se hizo con el gobierno de todas las comunidades en las que hubo elecciones, salvo Extremadura y Castilla-La Mancha.

En las siguientes convocatorias todo cambió. El PSOE comenzó la reconquista autonómica en 1999 y no paró hasta lograr la mayoría de los ejecutivos territoriales en 2007. En las municipales de 1999, el PP aventajó en una décima a los socialistas, en las de 2003, el triunfo sonrió al PSOE por medio punto, y hace cuatro años, la fiesta correspondió a los populares por siete décimas. El partido opositor, con estos antecedentes, no quiere echar las campanas al vuelo antes de tiempo.

A estos mismos antecedentes se aferra el PSOE para augurar que los resultados no van a ser tan rotundos como dicen las encuestas. Con esta esperanza por bandera, los socialistas intentan que los comicios se atengan a lo que son, votaciones para parlamentos autonómicos y ayuntamientos. Confían en que la ciudadanía diferencie la gestión de sus alcaldes y presidentes de la del Gobierno central, zarandeado por la crisis y bajo mínimos de valoración y credibilidad ciudadanas.

Una tarea que no va a ser fácil, pero el PSOE cuenta con una baza de ventaja sobre el PP. Su capacidad de acordar con la izquierda y los nacionalistas. Los populares tienen bastante asumido que o ganan por mayoría absoluta o van a la oposición, aunque es cierto que las perspectivas de las elecciones generales de 2012 y el posible triunfo de Rajoy amplían su abanico de pactos.

El PP fía sus expectativas a la ola antisocialista que recorre España propulsada por la crisis y la respuesta gubernamental a la misma. Esa inercia es la que lleva a Rajoy a tener un perfil bajo y a huir de los debates arriesgados. «Con equivocarnos lo menos posible, lo tenemos hecho», comenta a veces un dirigente próximo al líder opositor.

Los populares suman a este cuadro el desgaste del PSOE en muchas de las plazas en juego. Son casi tres décadas de Gobierno socialista ininterrumpido en Castilla-La Mancha y Extremadura, al igual que en la Alcaldía de Barcelona y casi lo mismo en la de Sevilla, aunque en la capital andaluza haya habido intervalos en manos del PP. Y es que el fiel de la balanza en estas elecciones se va a inclinar a un lado u otro en función de tres batallas: la Junta castellano-manchega y los ayuntamientos de esas dos ciudades.

El PP tiene posibilidades de arrebatar a los socialistas el Gobierno de Toledo y el consistorio sevillano, y ser decisivo para que CiU gobierne Barcelona por primera vez en su historia. El resto son disputas cuya consecución o pérdida podrá ser parcheada con más o menos eficacia.

Estas elecciones tienen también una particularidad, son las primeras tras el anuncio de Zapatero de que no se presentará en 2012.