Una dama en el Vaticano

María Jesús Figa López-Palop es la primera mujer que ocupa la embajada española en la Santa Sede. Hija de la alta burguesía catalana, tiene hilo directo con la Casa Real y mucha escuela

ISABEL F. BARBADILLO
La embajadora se presentó al Papa con mantilla negra y peineta, como dicta el protocolo. ::
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La embajadora se presentó al Papa con mantilla negra y peineta, como dicta el protocolo. :: REUTERS

Nacida en una familia de la alta burguesía catalana, María Jesús Figa López-Palop se ha convertido en un «ejemplo» de la evolución de la sociedad española, como ella misma le comunicó al Pontífice el pasado 16 de abril, durante el discurso que pronunció al presentar sus cartas credenciales ante el Vaticano. Lo dijo porque es la primera mujer que representa a España ante la Santa Sede, después de que lo hayan hecho 158 varones desde que los Reyes Católicos decidieran abrir una embajada permanente ante el Papa en Roma.

Elegancia, amabilidad y don de gentes son algunas de las cualidades que acompañan desde pequeña a una de las primeras mujeres diplomáticas españolas, con una trayectoria ascendente desde que en 1978 ingresó en el cuerpo. Tres décadas de carrera le han servido para conocer los entresijos de las embajadas y lo que se cuece en el propio Ministerio de Asuntos Exteriores en Madrid.

Costa de Marfil, Lisboa, México, Santo Domingo, la organización de cumbres iberoamericanas o la Subsecretaría de Asuntos Exteriores y de Cooperación han sido algunos de los destinos que le han provisto de un vasto conocimiento de las relaciones internacionales y de un «amplio sentido de Estado», a juicio del exsecretario de Estado para Iberoamérica y diputado del PP por Valladolid, Miguel Ángel Cortés, quien la envió de consejera cultural a la República Dominicana, antes de ser la titular de esa embajada. «Es una gran profesional, con una enorme experiencia y muy simpática», pondera.

La trayectoria de esta catalana de 60 años, muy unida a Palamós (Gerona), de donde procede parte de su familia, no solo merece los elogios de los partidos políticos, sino de diplomáticos y compañeros. El exembajador Inocencio Arias opina que es «enormemente honrada y honesta, con mucho sentido común y pundonor» y que «no ha metido nunca la pata». Tal vez porque no se ha significado desde el punto de vista político, cosecha unanimidad en las valoraciones. Dicen que es dulce, alegre y con buen carácter, pero exigente y meticulosa hasta decir basta. Con sus más estrechos colaboradores no se anda con chiquitas. Lo mismo les felicita por el trabajo bien hecho que les reprende si no sale como debiera. Esa exigencia, capacidad de trabajo y disciplina se traduce en una buena labor, pero también en horarios prolongados si las circunstancias lo requieren. Comentan también que es religiosa, pero al contrario de su predecesor, Paco Vázquez, no se le conocen especiales militancias católicas. Se mueve en un plano de discreto laicismo.

Figa López-Palop ha desterrado la palabra pesimismo y ha asimilado que la vida es breve y que hay que exprimirla al máximo. La suya, plagada de viajes y constante cambio de puestos y países, no ha sido un edén. Pero ha contado siempre con el apoyo de su compañero y marido, Juan María Alzina de Aguilar, otro diplomático de largo recorrido, con quien tiene un hijo y una hija que han heredado el gusto por la diplomacia. Años juntos y separados, según los cargos de cada cual, nos les ha hecho la vida fácil. Compartieron casa en Lisboa y México y ahora lo harán en Roma. Alzina, exdirector de la Oficina de Información Diplomática y exembajador en Ecuador, cambia la dirección de Organismos Multilaterales Iberoamericanos por la de consejero cultural en la Embajada de España en Italia. Apoyo mutuo y lealtad a prueba de fuego parecen las claves de su unión. Algunos creen que el Vaticano no hubiera concedido el plácet al Gobierno si hubiera propuesto a una candidata divorciada.

El rescate del 'Alakrana'

Con fama de mujer dura, Figa solo hace las concesiones mínimas. Y tuvo que pasar un mal trago cuando el 12 de noviembre del 2009, hubo de firmar, como subsecretaria de Asuntos Exteriores y Cooperación, la orden por la que se transfería a la Embajada de España en Kenia ¿dos, tres millones de euros? para liberar a los pescadores del 'Alakrana', secuestrados por los piratas somalíes que acaban de ser condenados por la Audiencia Nacional.

La relación de Figa con otras instituciones como la Casa Real es excelente. Su nombre sonó para formar parte de la Oficina de la Zarzuela y alguna fuente no descarta que haya mediado para hacer efectivo su nombramiento. Lo mismo ocurre con la Conferencia Episcopal. Como subsecretaria de Exteriores por ella pasaron los asuntos más espinosos con el Vaticano, como la ley de los matrimonios gays o la del aborto.

Ahora, aterriza en Roma en un momento dulce, exento de tiranteces entre la Iglesia y el Estado español. Una situación que se encargó de detallar su antecesor el 7 de abril, un día antes de que el Consejo de Ministros rubricara el nombramiento de Figa como embajadora. En una recepción de despedida en la sede diplomática en Roma, Vázquez recordó los «grandes logros» de sus cinco años en Roma, desde las dos visitas de Benedicto XVI a nuestro país en julio del 2007 y en noviembre del pasado año hasta la paralización de la Ley de Libertad Religiosa o la financiación de la Iglesia. «La relaciones son magníficas, no hay ningún problema», dice Vázquez.

El terreno lo tiene allanado, aparte de conocer bien la Curia vaticana y al Secretario de Estado, Tarcisio Bertone. El primer gran acontecimiento al que ha asistido ha sido a la beatificación de Juan Pablo II, el pasado 1 de mayo. En agosto, cuando Ratzinger viaje a Madrid para presidir la Jornada Mundial de la Juventud, la embajadora volverá a ver esa «mirada cálida» del Pontífice, de la que se quedó prendada en el encuentro de presentación en Roma.

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