El vuelo americano del 56

La Fuerza Aérea de EE. UU. fotografió hace 55 años con todo detalle el territorio español Aquellas imágenes aún son útiles en el Institut Cartográfic Valencià

VICENTE LLADRÓ VLLADRO@LASPROVINCIAS.ESVALENCIA.
Emilio Forcén sobre un mapa de la región./                             IRENE MARSILLA/
Emilio Forcén sobre un mapa de la región./ IRENE MARSILLA

Recién firmado, en 1953, el acuerdo de cooperación entre Washington y el Gobierno de Franco, la Fuerza Aérea de Estados Unidos fotografió detalladamente todo el territorio de España. Fue entre 1956 y 1957 y en sectores profesionales o aficionados ligados a la topografía, la planimetría o la ordenación del territorio se conoce como 'El vuelo americano del 56'.

Son las primeras ortofotos disponibles de todo el país, las primeras imágenes a escala (1:33.000) desde el aire, tomadas a 5.000 metros de altitud, con cámara métrica y negativos de acetato de 23x23, que equivalen a unos 42 kilómetros cuadrados de territorio, en fotogramas que abarcan porciones de seis kilómetros y pico por lado.

Para algunos, la intención de los americanos era identificar con claridad un territorio en el que acababan de aterrizar, para posicionarse. Debían, pues, conocer bien dónde estaban y decidir dónde ubicar bases militares y otras instalaciones, incluidas inversiones industriales. Oficialmente todo se hizo en colaboración con el Ejército español del Aire, pero es evidente que los medios tecnológicos y la capacidad de decisión eran de EE. UU.

Emilio Forcén, director del Instituto Cartográfico Valenciano, prefiere mostrarse menos drástico y más comprensivo. Tiende a pensar que en realidad sí que hubo colaboración entre los gobiernos de Madrid y Washington y que los nortemaricanos no esconderían nada en especial. Todo se centraría especialmente en la situación política internacional del momento. Había estallado la 'guerra fría' y Franco había pasado de ser un dictador algo molesto a colaborador anticomunista. El interés era mutuo frente al bloque que capitaneaba Moscú.

De cualquier manera, Emilio recuerda que las del 'vuelo americano' no son las primeras imágenes aéreas de España. Los iniciales trabajos de cartografía desde el aire las realizó el famoso aviador Ruiz de Alda a partir de 1927, antes y después de instaurarse la II República. En su mayor parte fueron encargos del Ministerio de Fomento y se centraron sobre grandes ciudades y cuencas hidrográficas, para servir a la planificación hidrológica.

De aquellos vuelos de Ruiz de Alda, cuyas fotos se realizaron en negativos de cristal, se conserva mucha documentación referida a diversas porciones de España, pero no ha habido manera de encontrar, hasta hoy, la que corresponde a la mayor parte de la Comunitat Valenciana. Tan sólo se conoce la porción sur de alicante que pertenece a la cuenca del Segura.

Por lo que se refiere a la información del 'vuelo americano', sigue siendo propiedad del Ministerio de Defensa, si bien al perder desde hace tiempo sus posibles funciones reservadas, de restricción sobre el conocimiento detallado del territorio y la divulgación de hipotéticos secretos, hoy está al servicio público. Cualquier ciudadano puede consultar la información que le interese y conseguir copias. En el caso de algunas autonomías, como Andalucía, Madrid, Catalunya o Navarra, todas las fotos americanas están colgadas de internet. En el caso de la Comunitat Valenciana todavía no, pero puede solicitarse lo que se desee en el propio Institut Cartográfic Valencià (calle Justo y Pastor, 116, Valencia).

Indiscutiblemente, las tecnologías modernas han superado cualquier aire restrictivo que tuvieron estas imágenes históricas. Hoy, el ICV dispone de instrumentos cartográficos modernísimos y con una capacidad que a veces casi raya con la ciencia ficción, y están a disposición de cualquier ciudadano a través de la web de este organismo.

Por ejemplo, es posible recorrer toda la Comunitat a vista de pájaro a través de la pantalla del ordenador y con una resolución de detalle en 25 centímetros. El sistema terr@sit es uno de los instrumentos estrella, pero se complementa con el Lidar y el Siose, cuyo desarrollo todavía no ha completado todas las aplicaciones posibles. Desde luego, para conocer bien el territorio (Emilio Forcén dice que «sólo quien conoce bien algo puede quererlo»), tanto desde el punto de vista institucional (ordenación y control del territorio, en sus múltiples vertientes) como del aficionado curioso, pero también para desplegar nuevos servicios muy útiles para la ciudadanía.

Por ejemplo, ahora está desarrollando el ICV una aplicación, con ayuda de la Conselleria de Sanidad, que permitirá que cualquier persona pueda saber en todo momento, a través de su teléfono móvil, dónde se encuentra la farmacia más cercana que esté abierta. En otro apartado, en colaboración con el Centre Excursionista de Valencia, se están georreferenciando toda clase de rutas en los montes de la región, y junto a la Academia de la Lengua se recopilan y fijan en mapas decenas de miles de datos toponímicos de los pueblos que «si no fuera por esto, cuando desapareciera la gente más mayor del medio rural quedarían en el olvido».

Emilio Forcén, que es de Gestalgar, conoce bien lo que es el campo y las poblaciones apartadas, por lo que tiene el empeño de contribuir a que la vida alejada de la gran ciudad pueda ser más cómoda. Por ejemplo, acercando servicios. Y ahí juega un papel fundamental la cartografía georreferenciada.

Un plan piloto se ha desarrollado con gran éxito en Ontinyent. Se ha utilizado toda la información cartográfica, se ha completado con los datos de más de cinco mil casas diseminadas en el término municipal y se han unido al GPS todos los caminos y otros puntos de referencia. El resultado es que, cuando alguien lanza una alarma por lo que sea (un incendio, un accidente, cualquier emergencia sanitaria...) los servicios oportunos pueden llegar al sitio con facilidad y rapidez, sin perderse en intrincados laberintos rurales, que es lo que ahora sucede muchas veces.

Con el nuevo instrumento, cuando se extienda la información necesaria a todo el territorio, no habrá posibilidad de fallos, y bomberos, policías, ambulancias o el servicio que se solicite llegará a atender la emergencia requerida en el menor plazo de tiempo posible y sin posibilidad de error. Sólo guiándose de su GPS, en el que estarán incorporadas informaciones de detalle que ahora no están. Al mismo tiempo se podrá utilizar también este sistema para reforzar la seguridad y la rapidez en alarmas contra robos y otros sucesos.

Todo el entramado de informaciones y servicios del Institut lo comanda un potente ordenador de 250 terabites, el 'corazón' del sistema. Pero luego hace falta una continua actualización sobre el terreno. De esta manera se realizan vuelos sobre toda la Comunitat cada dos años. Los últimos ya se efectúan con la tecnología Lidar, en tres dimensiones, lo que permite trazar la altura de edificios, antenas, árboles, incluso arbustos, y de cualquier tipo de obstáculo o accidente sobre el suelo. Además, por la intensidad de la respuesta al 'rebote' de las ondas se puede hasta el tipo de material de cualquier edificio. Todo esto se realiza con aviones equipados con sensores de barrido rápido y Emilio reconoce que el resultado es prácticamente «un TAC del territorio» y que han ido más deprisa con la tecnología que con sus aplicaciones prácticas, pero se vislumbran posibilidades increíbles para esta modernísima herramienta. Como lo está teniendo el proyecto Erba, que desde 14 estaciones lanza cada segundo informaciones vía teléfono GPRS para corregir las pequeñas desviaciones de aparatos de GPS.

Así y todo, aquel histórico vuelo americano entre 1956 y 1957 todavía tiene utilidad, más allá de las miradas y comparaciones curiosas. Sirve por ejemplo para ver cómo era un pueblo o su término hace más de medio siglo, qué se ha hecho desde entonces, incluso revisar posibles errores de deslinde en fincas, montes y otras propiedades.