Los pescadores abren un puesto en la cofradía para poder vender el rancho

La Guardia Civil se muestra reticente al argumentar que de momento solamente tienen una solicitud de licencia de apertura

M. J. CARCHANOVALENCIA.
Los pescadores regalan las capturas sobrantes, la pasada semana. ::                             IRENE MARSILLA/
Los pescadores regalan las capturas sobrantes, la pasada semana. :: IRENE MARSILLA

Los pescadores han encontrado un subterfugio para intentar esquivar el veto de la Guardia Civil a la venta del pescado sobrante, una prohibición que ni siquiera se ha superado tras una reunión con el subdelegado del Gobierno, Luis Felipe Martínez, hace unas semanas.

Ayer el presidente de la Cofradía de Pescadores de Valencia, José Ramón Domingo, solicitó en el Ayuntamiento una licencia de apertura para convertir el local donde se vende el rancho en un comercio. «Como una pescadería de las que existen decenas por toda la ciudad», dijo Domingo, que presentó la solicitud a los agentes de la Guardia Civil que como todos los días se personaron en la cofradía para impedir la venta. «Nos han dejado, aunque han sido bastante reticentes y no sabemos qué pasará mañana», explicó el armador.

Tanto el Consistorio como la Conselleria de Agricultura han mostrado su apoyo a los pescadores, después de que en el mes de febrero la presencia de la Benemérita -han llegado a acudir varias patrullas- les impidiera vender el pescado sobrante, aquel que no llega al precio mínimo en subasta y se vende a un precio mucho menor. «Es una tradición de décadas que ahora intentan evitar sin motivos». Así que durante semanas, decenas de inmigrantes se han llevado gratis el pescado sobrante, productos recién capturados del mar que se encuentran dañados o variedades de pescado que no tienen buena acogida en el mercado valenciano. «La gente se ha llevado hasta una cajita de cigalas», explicaba el jueves José Ramón Domingo.

La Guardia Civil, según el presidente de la cofradía, «nos dice que lo que tenemos es de momento una solicitud, y que no sabemos si vendrá aprobada la licencia». Domingo argumentó que «hay muchos comercios en Valencia que están abiertos sólo con la solicitud, y no hay motivos para no permitir la venta de pescado».

Ayer los armadores vendieron el rancho, pero bajo la atenta mirada de los agentes de la Guardia Civil, que les obligaron a pesar y etiquetar todo el pescado sobrante que no había sido subastado en la lonja. Los inmigrantes compraron a bajo precio la morralla que días atrás se llevaron de forma gratuita. «Es pescado fresco, y es una pena tirarlo, así que preferimos regalarlo».

Los problemas con la Guardia Civil llegaron a ser insostenibles después de que un armador interpusiera una denuncia por abuso de autoridad y presentara un parte de lesiones. «No nos permiten negociar con las capturas pese a que lo hemos hecho toda la vida», aseguran desde la cofradía.

La situación de los pocos pescadores que quedan arrinconados en el puerto de Valencia es dramática. Se quejan además del precio del carburante, que les ahoga, e impide que puedan llegar a fin de mes. «Y ahora no nos dejan vender el rancho. Ya no sé que más pueden inventarse», explicaron los armadores, quienes acusan al subdelegado del Gobierno de no cumplir el acuerdo al que se llegó en la reunión que mantuvieron hace unas semanas. «Nos dijeron que la Guardia Civil nos dejaría en paz».

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