«Los beneficios no cuentan, sino la manera en que te involucras»

José Enrique March Director de cineEl cineasta presentó en Málaga 'El artificio', un duro retrato del mundo del cine, «donde ahora la moda es demonizar las descargas»

BURGUERAVALENCIA.
«Los beneficios no cuentan, sino la manera en que te involucras»

El director valenciano José Enrique March adora películas estrenadas antes de que él naciese, en 1974. La semana pasada estuvo en Málaga en el festival de cine, donde presentó 'El artificio', ejercicio de estilo que no le congratula con las taquillas, y ni falta que le hace, según se desprende del discurso de March. El filme también se verá en la mostra de Valencia.

-El cine como oficio queda retratado con crudeza en su película. ¿Se equivocó al eligir el cine?

-No sé si me equivoque, pero aunque en algun momento sientes que metiste la pata, algo me conduce a él. Los beneficios no cuentan sino la manera en que te involucras.

-Camina por una cuerda floja.

-Sí, completamente, sé dónde me he metido, y ya que estoy, huyo hacia delante, una huida maravillosa.

-¿Si a usted le hiciesen un homenaje por su trayectoria, como al personaje de 'El artificio', qué películas robaría a otros directores, cuál le hubiera gustado hacer?

-'Ciudadano Kane', por ejemplo. Ya que estamos, aspiremos a los grande. Además, Wells tenía su punto de maldito. Sería genial, aunque no estoy a su altura, pero ya puestos, preferiría ser Wells antes que Ed Wood.

-¿Busca ser maldito?

-No lo busco, creo que eso te busca a ti, por la manera en que te mueves y te comportas. Vas buscando otra mirada, el lado oscuro de la naturaleza humana. Soy fan de Wells y de Houston, por su predilección por los inadaptados y su mirada romántica. El triunfo llega a aburrir, pero de la derrota siempre aprendes cosas.

-La demencia acosa al protagonista de su película. ¿Para dedicarse al cine hay que tener es punto de locura o es más bien pasión?

-Ninguna locura está exenta de pasión, forman parte de lo mismo.

-Dicen los que han visto 'El artificio' que los 20 últimos minutos son muy buenos. ¿Guarda para el final lo más potente o las cosas salen como salen?

-Tiendo a ser bastante operístico, me gusta buscar un climax, aunque es cierto que el equilibrio es lo más dificil del cine, darle un ritmo a la historia que cuentas. Si tengo que elegir, prefiero que los 20 últimos sean mejor que los 20 primeros.

-'El artitificio' tiene una vocación artística, una intención de crear algo no convencional. ¿Aceptaría hacer una película por encargo?

-Es que esta película también es un encargo. Como todas. El autor toma cuerpo en la medida en que te sumerges en el trabajo que haces, tú lo llevas a los límites propios, y estaría encantado de recibir cualquier encargo porque lo importante es cómo lo hagas.

-En sus películas, los protagonistas están relacionados con el arte. Retrata obsesiones y dificultades para relacionarse con el mundo.

-Supongo que a la hora de dirigir, crear, componer o estar con los actores, es innegable que parte de ti se involucre. En esta aún más que en 'Escuchando a Gabriel', porque con 'El artificio' acabé inmerso en un ambiente entre mágico y místico. La película te absorbe.

-Enrique Belloch asegura que le embaucó para dirigir 'El artificio'. Finalmente, ¿se siente embaucado o es que se dejó querer?

-Un poco de todo. Cuando te dejas embaucar es porque algo de ti te arrastra hacia el proyecto. Enrique se dejó llevar, se abrió, para generar una ficción marcada por su vida personal y aunque la película va por otros derroteros, es preciso mucho coraje, un corazón como yo no había visto nunca.

-Explicó en su momento que 'Escuchando a Gabriel' la tenía muy pensada. ¿Ese cuidado también acompañó a 'El Artificio'?

-Sí, ha sido al reves que en la anterior película. La idea con la que empezamos se quedó lejos del final, que fue mucho más allá de la anécdota inicial. De cómo se gestó a cómo ha salido, las etapas y las sorpresas han sido muchas.

-Entre las fotos de su Facebook se encadenan las de Gregory Peck como Atticus Finch en 'Matar a un Ruiseñor' con las de Jack Nicolson en 'Alguien voló sobre el nido del cuco'. Elija: actores o trama.

-No elijo. Van de la mano. El actor a veces es la propia trama, y luego no hay que olvidar la atmósfera de la película, que viene del color, de los encuadres...

-Pero cuando el actor se crece, debe ser algo parecido a que se le aparezca a uno la Virgen.

-Pues sí, y en este caso, Belloch, como el resto de actores, está francamente bien. Hemos ido hacia los límites, buscando cosas que llamasen la atención. La idea era crear una atmósfera que cubriese de magia y cinefilia a todo el que viese la película. Y eso se crea con la seducción de los actores y con un guión y una intensidad profesional que permite aspirar a todo esto.

-Es la primera vez que no dirige con un guión de Maxi Valero. ¿Cómo ha llevado ese cambio?

-Bien. Mi intención es trabajar con mucha gente, de muchas latitudes, y conocer cada vez más cosas del montaje, la dirección de arte... y en ese sentido estoy muy contento de trabajar con Pablo Peris por su creación de una gran historia a partir de una anécdota.

-¿Qué tal es la relación entre director y guionista?

-Depende de su personalidad. No se tiene por qué discutir. Está claro que hay una estructura piramidal y alguien debe tomar las decisiones. El director tiene la última palabra para el guión, actores y atmósfera, y si el entendimiento no se produce, las cosas no salen bien.

-¿A usted también le duele el cine español, mira con terror hacia internet y reniega de la Ley Sinde?

-Pues de todo un poco. Me he bajado películas, claro, pero también me gasto mucho dinero en productos culturales, porque tengo afan de coleccionista. La Ley Sinde se desvía hacia un terreno peligroso, porque el problema ahora parece que son las descargas. Es la moda. Hace unos años era el doblaje. Ahora, las descargas. Todo menos hacer un ejercicio de exorcismo y aclarar qué queremos hacer y hacia dónde queremos ir. El tema de las descargas no nos quita tantos espectadores. No saber qué eres ni qué ofreces ni cuál es tu identidad, sí.