Artropatía psoriásica. Tengo una psoriasis, ¿Mis dolores articulares pueden ser por ello?

La psoriasis cutánea es una enfermedad muy frecuente en la población. Uno de cada 5 pacientes con psoriasis, tiene afectadas las articulaciones. La artropatía psoriásica tiene actualmente tratamientos muy eficaces. Es necesaria la relación entre dermatólogos y reumatólogos para que la asistencia de los pacientes sea óptima.

¿QUÉ ES?

Es la afectación articular que afecta a uno de cada cinco pacientes con psoriasis cutánea. La clínica articular no se relaciona con la intensidad de las lesiones cutáneas, pudiendo tener muchos dolores y casi sin afectación de la piel. Es una enfermedad reumática muy frecuente, afectando a unos 100.000 pacientes en España.

¿CÓMO SE MANIFIESTA?

En muchos casos, afecta a articulaciones periféricas, con un cuadro muy parecido a la artritis reumatoide (afectación de manos y pies, pero con negatividad de factor reumatoide; generalmente, afecta a las interfalángicas distales, mientras que la artritis reumatoide afecta más a las proximales). En otras ocasiones, se afecta la columna vertebral y las articulaciones sacroilíacas, dando dolor de espalda, lumbago y dolor en nalgas; en estos casos, es muy parecida a la espondilitis anquilosante y se denomina espondiloartritis psoriásica.

También puede afectar al ojo (iritis, escleritis, uveítis.) o a las inserciones de los tendones, sobre todo a nivel calcáneo y en los tendones de los dedos ("dedos 'en salchicha').

Aunque la clínica articular suele aparecer en pacientes con psoriasis cutánea, en ocasiones, los pacientes tiene primero las manifestaciones reumatológicas. En estos casos, los antecedentes familiares de psoriasis, pueden ayudar al diagnóstico. No obstante, a veces, las lesiones cutáneas son mínimas y el reumatólogo está acostumbrado a buscarlas en sitios 'ocultos' como en pliegue interglúteo, detrás de las orejas o unas pequeñas lesiones en las uñas.

¿POR QUÉ SE AFECTAN LAS ARTICULACIONES 'SóLO' EN ALGUNOS CASOS?

Por una suma de factores genéticos e inmunológicos que actúan sobre personas predispuestas. Por su base genética, suelen existir familiares con otras enfermedades reumáticas que se engloban en el concepto de espondiloartritis seronegativas: enfermedad de Cohn, colitis ulcerosa, etc.

¿CÓMO SE DIAGNOSTICA?

Es fundamental una importante relación entre reumatólogos y dermatólogos, pues se precisa un flujo de pacientes en ambas direcciones. El dermatólogo confirmará que las lesiones cutáneas son de psoriasis y el reumatólogo recibirá pacientes que trata el dermatólogo y presenta manifestaciones articulares.

Analíticamente, por la inflamación existe un aumento de la velocidad de sedimentación y la proteína C reactiva es positiva. Por el contrario, el factor reumatoide, pieza clave en el diagnóstico de la artritis reumatoide, es negativo. Cuando sospechamos una artritis reumatoide pero la analítica es negativa, siempre indagaremos sobre antecedentes personales o familiares de psoriasis cutánea.

Las lesiones radiológicas son importantes para que el reumatólogo evalúe la enfermedad.

¿QUÉ DEBE SABER EL ENFERMO?

Cuando un paciente con psoriasis nota dolor o inflamación en los dedos de las manos o pies o dolor en la columna (sobre todo lumbar) y en las nalgas, debe acudir al reumatólogo o comentarlo con su dermatólogo, que le orientará en este sentido.

¿TIENE TRATAMIENTO?

El paciente acude al médico por el dolor o inflamación y necesita que le instauremos tratamiento sintomático con analgésicos / antiinflamatorios, medidas físicas, etc.

Pero lo fundamental es iniciar un tratamiento de fondo que frene la evolución de la enfermedad. Estos tratamientos, afortunadamente actúan tanto sobre las lesiones cutáneas como sobre la artritis.

El fármaco que podemos considerar como básico en el tratamiento, es el metorexato (por boca o en pinchazos) y si fracasa, afortunadamente, disponemos de unos nuevos fármacos, denominados biológicos y que afortunadamente han cambiado no solo la calidad de vida de los pacientes, sino la evolución de la psoriasis chutanea y de la artropatía psoriásica. Estos fármacos son el Remicadeâ, Enbrelâ, Humiraâ y Simponiâ. Existen otros fármacos, (Salazopirina, sales de oro, ciclosporina, etc.), pero he querido solo referir los utiliados habitualmente y que combaten los síntomas cutáneos y reumatológicos.

Ocasionalmente, podemos recurrir a la cirugía si no mejor con el tratamiento médico, aunque esto ocurre en un pequeño porcentaje de casos.