Costas fulmina 40 años de historia al derribar las terrazas de San Juan

Las excavadoras inician el desmantelamiento de los restaurantes de la playa de Alicante ante la impotencia de los propietarios

EVA M. LAHOZALICANTE.
Las máquinas derriban el restaurante Costablanca, en el paseo de la playa de San Juan. ::                             ÁLEX DOMÍNGUEZ/
Las máquinas derriban el restaurante Costablanca, en el paseo de la playa de San Juan. :: ÁLEX DOMÍNGUEZ

Con puntualidad y rapidez, dos excavadoras cumplieron ayer con el cometido de demoler el chiringuito Costablanca, el primero en la lista de siete que serán derribados en el plazo de una semana en la playa de San Juan y la de Muchavista, para adaptar su situación a la nueva ley de Costas, después de 40 años de historia en algunos casos.

A las 10 horas, todo está listo en el interior y en el exterior del chiringuito, que había sido previamente vallado y vaciado por dentro. El aspecto del mismo, a la espera de su sacrificio definitivo, es verdaderamente desolador, casi fantasmagórico, en una mañana brumosa y fría. El escenario para el día histórico es una playa de San Juan casi vacía, a excepción de los operarios de la demolición, del gerente del establecimiento, Felipe Rosinos, visiblemente emocionado, y varios miembros de la Cooperativa Valenciana Limitada de Actividades Hosteleras de la Playa de San Juan, que le prestaban apoyo en el duro trance. Poco después, hace su aparición el delegado de Urbanismo, Alfonso Mendoza, acompañado del gerente de Urbanismo, Enrique Sanus, y da comienzo la demolición del local.

Cuando las máquinas comienzan a horadar y destrozar las columnas de la terraza del chiringuito, un estremecimiento recorre al gerente, que se afana, con las manos temblorosas, en inmortalizar el instante con su cámara de fotos. Entre los demás propietarios empiezan a rondar los pañuelos de papel, dado que más de uno no puede reprimir las lágrimas pensando que el próximo en caer será el suyo.

Y es que si ayer fue el Costablanca el que desapareció para siempre, en los próximos días les llegará el turno a Aitana, Mediterráneo, Benacantil, La Ponderosa, Playa y Niza. Quedará diáfana, salvo por los socavones, hasta que empiecen a ejecutarse las obras para la construcción de los cinco nuevos chriringuitos, que serán mucho más pequeños y todos iguales. «Llevo una semana intentando hacerme a la idea, mientras lo vaciábamos, pero no tengo palabras para describir lo que se siente al ver caer el restaurante, después de trabajar en él desde los 80», explicaba Rosinos, con voz entrecortada. A pesar de no ser propietario, sino gerente, seguramente es quien más sufrió ayer con el derribo, dado que al dueño, señaló, «afortunadamente para él, ya no puede afectarle».

Para Elvira Botella, portavoz de la cooperativa, el día de ayer era «un día triste, porque supone el fin de una forma de vida y de trabajo de más de treinta años», explicaba. No obstante, quiso agradecer al Ayuntamiento «la ayuda que nos ha prestado para negociar con la Dirección General de Costas la permanencia de los chiringuitos, aunque sea en otras condiciones, y las nuevas concesiones, porque de lo contrario nos hubiéramos quedado todos en la calle».

Por su parte, la delegada del Gobierno en la Comunitat Valenciana, Ana Botella, afirmó ayer que la tramitación del derribo de los chiringuitos de la playa de San Juan «ha sido un caso ejemplar de cómo se puede resolver» este tema, «a diferencia de otras zonas en las que no ha predominado tanto el carácter profesional y empresarial, y se han metido otras cuestiones que hacen más difícil la resolución», en referencia a los establecimiento afectados en Valencia, en la playa de Pinedo, Saler y Malvarrosa. «Habría que felicitar la ejemplaridad de la hostelería de la playa de San Juan en saber adaptarse al cumplimiento de la ley de Costas», indicó Botella.

No era de la misma opinión la concejal de Playas en el Ayuntamiento de Valencia, Lourdes Bernal, quien señaló que los derribos de chiringuitos en la playa de San Juan son «reflejo de la nefasta política del Gobierno socialista». Bernal añadió que las demoliciones «fueron pactadas, después de multitud de presiones». «Los hosteleros no tuvieron opciones, o derribaban o se quedaban sin sus negocios», destacó la concejal valenciana.