El acuerdo agrícola con Marruecos amenaza al campo valenciano

El pacto, que facilita la exportación de naranjas, frutas y hortalizas magrebíes a la UE, costará 15.000 empleos en la Comunitat

V. LLADRÓVALENCIA.
Trabajadoras de un almacén de cítricos de Gandía seleccionan naranjas para exportar. ::
                             EFE/RUBÉN FRANCÉS/
Trabajadoras de un almacén de cítricos de Gandía seleccionan naranjas para exportar. :: EFE/RUBÉN FRANCÉS

El nuevo acuerdo entre la UE y Marruecos, que fue ratificado ayer por el Consejo de Ministros europeos de Agricultura, no es una mera deferencia con el país vecino del sur, ni una apuesta más o menos solidaria que salga gratis. Tendrá su coste a este lado del Mediterráneo, y se traducirá en pérdidas de ventas de frutas y hortalizas y en la desaparición de puestos de trabajo. La Unió de Llauradors considera que las consecuencias serán desastrosas para el campo valenciano y la Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-Asaja) cifra en 16.000 las hectáreas de cultivos que serán abandonadas en la Comunitat y en 15.000 los puestos de trabajo que se perderán en el sector agrario y actividades relacionadas.

Tras ser ratificada por los ministros de Agricultura la apertura a las frutas y hortalizas marroquíes, la última esperanza de los sectores españoles afectados radica en que los eurodiputados tomen conciencia de la situación y, atendiendo a los perjuicios directos para votantes suyos, veten la aprobación definitiva en el Parlamento Europeo. Pero después de expresar tal deseo, casi nadie piensa que tal cosa vaya a suceder. Sería como una reacción sorprendente y milagrosa.

Las sucesivas declaraciones políticas que tratan de justificar este paso, la concesión de ventajas adicionales a un competidor directo, incluso en condiciones más favorables que las que han de cumplir los propios agricultores comunitarios, hablan de que habrá contrapartidas, porque en teoría el tratado es recíproco, y que se vigilará el cumplimiento de la limitación de contingentes y de los precios mínimos de entrada en la UE.

Sin embargo, todo ello no es más que teoría y papel mojado y todo el mundo lo sabe bien, incluidos quienes tratan de excusarse con lo que tiene difícil explicación. En la práctica, Marruecos podrá vender libremente en toda la UE las frutas y hortalizas que quiera, todo lo baratas que pueda -siempre más baratas que los citricultores valencianos, porque los coste salariales, sociales y medioambientales son allí ínfimos-, y producidas en las condiciones que quiera, porque nadie le exigirá que cumpla lo que aquí se exige a los agricultores de casa.

Aunque sobre el papel hay unos contingentes (por ejemplo las 130.000 tonelada actuales de clementinas sin pagar aranceles pasarán a 175.000 de aquí a 2013, y los tomates, de 185.000 a 257.000), el temor general es que estos cupos se rebasarán, como ya se rebasan año tras año sin que nadie haga caso de las denuncias. Y en cuanto a los precios mínimos a respetar, son de risa: 0,264 euros por kilo de naranjas o 0,484 en clementinas. Precios de campo en España, no de producto acabado, seleccionado y envasado. Otro gol en propia puerta.

Por lo que se refiere a las contrapartidas, Marruecos tendrá que comprar a la UE más leche, carne y cereales, las producciones que sobran en los países europeos del norte, que podrán comprar mucho más baratas frutas y hortalizas que ahora importan de España, sin importarles que estén tratadas con varios cientos de pesticidas cuyo uso ha sido prohibidos en Europa.