«El director no corrige, indica el camino»

El músico es consciente de que ser el primer valenciano que dirija una ópera en el Palau de les Arts «supone una presión, pero es una gran oportunidad» Jordi Bernácer Director de orquesta

BURGUERA DBURGUERA@LASPROVINCIAS.ESVALENCIA.
«El director no corrige, indica el camino»

De Bernácer dicen los músicos a sus órdenes y los entendidos que escuchan su trabajo que tiene talento. Nació en Alcoy en 1976, y a pesar de haber trabajado junto a Maazel, Mehta o Domingo, de haber dirigido a la Orquesta Nacional y de haber sido reconocido en auditorios de todo el mundo, es de trato sencillo y un punto risueño. Será el primer valenciano que dirija una ópera en el Palau de les Arts, 'Manon', los días 18, 21 y 28 de diciembre.

-¿Qué tal materia prima es 'Manon'?

-Era la primera vez que me acercaba en profundidad a ella. He descubierto una obra maravillosa.

-No tiene ni 35 años y lleva más de una década dirigiendo orquestas ¿Se siente una 'rara avis'?

-Nunca he tenido muy claro qué es ser raro, pero he vivido siempre rodeado de música, y crecer en ese ambiente te permite crear un microcosmos en el que, obviamente, no te sientes extraño.

-¿Y qué siente cuando conoce a alguien y le dice que no le gusta la música clásica?

-A veces te da la sensación de aterrizar en otro planeta, pero no es algo desagradable, sino que es positivo, te permite recolocarte y contemplar otras maneras de vivir, y eso enriquece.

-¿Qué tal lleva escuchar sus trabajos con posterioridad?

-No me gusta. Es como escuchar tu voz en una grabadora. No te reconoces. Lo hago en ocasiones, con el fin de mejorar, pero la música es algo que se entiende plenamente si se escucha donde se ejecuta, en el instante en que se hace, eso permite entender muchas cosas y captar la emoción.

-¿Qué conclusiones saca de su debú, hace un mes, como director de la Orquesta Nacional de España?

-Fue una experiencia apasionante, maravillosa, porque era un programa muy complejo, dedicado a la figura de Pierre Boulez, un compositor que obliga a un ejercicio de dirección muy completo. La verdad es que fue un trabajo en el que se dio la circunstancia, no siempre habitual, de que todo funcionó a la perfección y se produjo una gran sintonía.

-¿Cada concierto deja un poso distinto?

-Sí, y además es muy difícil de conservar un recuerdo exacto de ese tipo de experiencias porque, como ya he dicho, son situaciones que deben vivirse con pasión, intensidad y consciencia de ser efímeras. Esa fugacidad es maravillosa, pero sí es cierto de que, a veces, y me pasó últimamente en Pesaro, se generan sensaciones que te acompañan mucho tiempo, pero cada concierto es nuevo, la situación es siempre distinta, la conexión que puede darse con el público en un momento determinado es maravillosa, mágica, pero fugaz, efímera.

-¿El crecimiento artístico y el humano van parejos?

-Generalmente sí, conforme se va trabajando uno va creciendo.

-Pues debe sentirse usted muy mayor porque lleva años trabajando sin parar.

-Lo que soy es muy afortunado, pero se trata del ritmo normal de mi profesión, y a mí me falta aún mucho para poder sentirme mayor, para pensar que estoy en la plenitud de mi capacidad profesional. Un director de orquesta es joven hasta, al menos, los 50 años, porque es una labor que exige un nivel de conocimientos tan elevado que renunciar a aprender, a mi edad, sería absurdo.

-El Palau da continuidad a Maazel con jóvenes como Wellber o usted. ¿Es un contraste generacional excesivo?

-No soy el más indicado para juzgarlo. Para mí es un privilegio. He trabajado de asistente de Maazel y me siento un afortunado por eso y por la oportunidad, ahora, de dirigir 'Manon'.

-¿Siente la presión de ser el primer valenciano que pisa el foso de director en el Palau de les Arts para conducir una ópera?

-Supongo que existe cierta expectación, y que eso puede suponer una presión, pero en mi caso prefiero considerarlo como una gran oportunidad.

-Tarde o temprano se elige entre amar a Mozart y odiar a Wagner, o viceversa. ¿Ya eligió usted?

-Son dos mundos musicales muy distintos, representan dos momentos artísticos tan diferentes como fundamentales. Yo me formé en Viena y para mí Mozart es una figura capital, pero también considero a Wagner indispensable. No podría elegir. No son comparables.

-Toscanini amenazaba y gritaba a los músicos. Hasta llegaba a decirles que sonaban como perros. ¿Qué tácticas emplea usted?

-Desde luego, no las de Toscanini, que fue un gran director y que, en su momento, actuó como debía, pero actualmente los directores no corrigen ni actúan dictatorialmente. Un director de hoy indica el camino, y los mejores logran que las orquestas sigan el rumbo en el que el director les ha embarcado de tal forma que esa entrega se transmite al público y se produce ese instante maravilloso y apasionante que ofrece la música.

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