Un «wikileaks» de 1898 hundió a un embajador valenciano

Una semana antes del estallido del «Maine», la filtración en un periódico de Hearst de una carta diplomática, perturbó las relaciones entre Madrid y Washington

F. P. PUCHE
Enrique Dupuy de Lome, en un grabado de Zapater para LAS PROVINCIAS./
Enrique Dupuy de Lome, en un grabado de Zapater para LAS PROVINCIAS.

Como se producen a través de un medio moderno, creemos que las filtraciones diplomáticas son solo un producto de nuestro tiempo. Pero nada más lejos de la realidad: lo que ahora llamamos "wikileaks" es tan viejo como el poder mismo y su ejercicio; la historia está llena de casos de espionaje, filtraciones y miserias que han costado guerras, vidas y carreras. Sin ir más lejos, un embajador de España, el valenciano Enrique Dupuy de Lome, fue traicionado y sus confidencias se convirtieron en piedra de escándalo internacional. El marco de aquel episodio fue nada menos que el prólogo de la guerra entre España y Estados Unidos, en 1898.

Enrique Dupuy de Lome era un prestigioso diplomático valenciano cuando, en 1892, asumió la embajada española en Washington. Tenía 44 años y era hijo de Santiago Luis Dupuy de Lome, el industrial francés que, en Patraix, era dueño de una industria de hilaturas, La Batifora, donde instaló la primera caldera de vapor para el escaldado de los capullos de seda.

Desde los 21 años, Enrique Dupuy había desarrollado una brillante carrera diplomática representando los intereses de España, con distintos cometidos, en Japón, Bruselas, Montevideo, Washigton, Buenos Aires, París, Berlín y Roma. También había sido diputado por Albaida durante el año 1891. Pero cuando Martí dio el grito de insurrección en Cuba y los españoles nos encontramos, en 1895, con una guerra colonial, la embajada en Washington pasó a ser el lugar más delicado de la diplomacia mundial. Él, que en 1893 había hecho lo necesario para que el pabellón español de la Exposición Universal de Chicago copiara la apariencia exterior de nuestra Lonja, se encontró ante la avasalladora presión de un país poderosísimo donde todo se configuraba para entrar en el conflicto español con los independentistas cubanos y quedarse con el santo y la limosna.

La labor de Dupuy de Lome merecería más de un libro. Durante el conflicto, trabajó a las órdenes de dos presidentes del Consejo: primero con Cánovas, asesinado en 1897 en un crimen donde muchos quisieron ver la mano de conspiradores cubanos, y después con Sagasta. Y eso ocurrió durante la presidencia de Grover Cleveland y de William McKinley, que se dieron el relevo en 1897. Con todo, el principal "enemigo" de Dupuy fue William Randolph Hearst, el propietario de la mayor y más influyente cadena de diarios sensacionalistas de Estados Unidos, verdadero urdidor de la contienda, el hombre que, según la leyenda, ordenaba a sus ilustradores "mandadme dibujos que la guerra ya lo pondré yo".

Este magnate de la prensa, inspirador del personaje del editor de la película "Ciudadano Kane", de Orson Wells, fue el causante de la desgracia de Dupuy de Lome. Porque no tuvo el más mínimo reparo en publicar una carta del embajador español, dirigida a José Canalejas, donde se deslizaban comentarios muy directos, por así decirlo muy poco "diplomáticos", sobre el presidente McKinley, su personalidad y sus reales intenciones sobre el conflicto español y el teórico "no intervencionismo" americano.

José Canalejas, que viajó a Cuba oficialmente para explorar las posibilidades de un arreglo y conocer de cerca la marcha de la guerra, pidió datos al embajador y Dupuy de Lome se los envió en un correo escrito de puño y letra y expuesto con la sinceridad y la confianza de dos viejos conocidos. Pero la carta nunca llegó a manos de Canalejas: un secretario cubano contratado, que sin duda trabajaba para los insurrectos, la interceptó y la filtró. Dupuy de Lome, que no había caído en la cuenta de que Canalejas no le había cursado recibido de la misiva, vio horrorizado como el 9 de febrero de 1898 sus opiniones secretas a Canalejas se publicaban en la portada del "New York Journal".

El embajador Dupuy sintió que el mundo se le venía encima. Su sincera carta a Canalejas se había convertido en un arma mortífera para la causa del país al que servía. Porque, tal y como había escrito a su ministro, a mediados de enero, Estados Unidos, que estaba haciendo todo lo posible para intervenir, metió una poderosísima flota en el puerto de La Habana el 25 de enero. Allí estaba, presidiendo la ensenada, el "Maine". Apenas una semana después de la publicación de la misiva convertida en puñalada para los intereses españoles, el acorazado "Maine" estalló, causando más de 300 víctimas, para convertirse en una de las páginas más oscuras de la historia universal. Antes de terminar el año 1898 España había perdido la guerra con Estados Unidos, sus más preciadas colonias -Cuba, Filipinas y Puerto Rico-y con ellos el prestigio internacional y financiero.

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