<p><h2>PERFIL</h2></p>De Antonio Birlanga a Antonio Birlanga

Antonio Birlanga Casanova, valenciano de Valencia, de 76 años, todavía fuma pequeños puritos, pese a algún susto que le ha dado la salud. Decir pequeño es decir poco: los corta por la mitad para que la cantidad de nicotina sea menor. Es bueno para la salud, sin duda, pero también es bueno para la economía doméstica. Porque, no lo olvidemos, Birlanga sabe mucho de cuentas y de ahorro: fue el primer conseller de Economía de la Generalitat Valenciana, y lo fue durante once años. Birlanga se siente orgulloso precisamente de esa época en la que contribuyó y de forma muy directa a la creación y puesta en funcionamiento de la Generalitat Valenciana. Partiendo prácticamente de la nada.

Birlanga, que fue de los estudiantes que inauguró la Facultad de Económicas de la Universidad de Valencia, es también licenciado en Derecho: si inauguró la de Económicas, prácticamente cerró la antigua de Derecho de la calle de la Nave. «Todavía estudié en el viejo edificio de la Universidad; los estudiantes de Derecho estábamos abajo y los de Filosofía arriba».

También fue profesor de la Escuela de Comercio, ejerció en un despacho de abogado y entró en el cuerpo de interventores tesoreros locales. De interventor en Manises estaba cuando se afilió al PSOE junto con el manisero Antonio Asunción. Luego vino su primer cargo con Císcar en la llamada Preautonomía, y su gran etapa en la administración, en la consellería de Economía y Hacienda durante tantos años. Fue también diputado en las Cortes Valencianas entre 1987 y 1995 y luego marchó a Madrid a trabajar con Asunción a Justicia. Y en el PSOE sigue y con Asunción sigue. Es difícil sacar de Birlanga una palabra contra nadie. A todos los recuerda con afecto, para todos tiene un gesto amable.

Ahora disfruta en casa con sus libros, que decoran todo el piso, y disfruta, sobre todo, con sus nietos. Porque a Antonio Birlanga le sucede un segundo Antonio Birlanga, su hijo, abogado, y un tercer Antonio Birlanga, un nieto de 11 años que tiene una hermana melliza.

Allí, en el salón, tiene la foto de los dos niños, que me la enseña su esposa, la también socialista Blanca Blanquer. El ex conseller deja a un lado la economía cuando se trata de hablar de ellos, de los niños; hasta los libros que tanto quiere quedan a un lado. De Antonio Birlanga a Antonio Birlanga pasando por Antonio Birlanga.

Y sigue enganchado a su pequeño puro. Pocos cigarros, pequeños y recortados, que no está el cuerpo para sustos.

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