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Vivir dentro de las murallas

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Vivir dentro de las murallas

30.10.10 - 00:42 -
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En medio de la los extensos naranjales de La Plana de Castellón sorprende la presencia de una impresionante muralla, con algunas torres almenadas. Cualquier viajero poco avisado piensa enseguida que se trata de un castillo, por más que extraña en tal lugar, en terreno llano, puesto que se suele suponer que este tipo de fortificaciones son más propias de elevaciones montañosas, donde cabe aprovecharse de la elevación para divisar y defenderse mejor.
Pues en realidad no es un castillo, sino un pueblo, Mascarell, que está totalmente encerrado dentro de sus murallas, con una planta cuadrangular de lados irregulares y con tres portalones de entrada y salida, aunque originariamente fueron sólo dos, el de Nules y el de L'Horta. El tercero, según cuenta Laura Granell, alcaldesa delegada de la localidad, fue en principio una especie de agujero elevado en el muro para facilitar el paso de mercancías de un lado a otro, pero poco más que una gran ventana, y parece ser que lo hizo más grande la explosión de una bomba durante la Guerra Civil, de manera que acabó haciéndose puerta.
El cargo de Laura depende directamente del alcalde de Nules, porque Mascarell es parte del municipio nulesino desde que se produjo la unión voluntaria, en 1872. Hasta entonces, Mascarell fue pueblo independiente, y la condición que pusieron sus habitantes para fusionarse con el vecino (apenas hay un kilómetro entre ambos) fue que siempre contarían con una autoridad propia que les representara. Así que la alcaldesa no es, propiamente, pedánea, porque Mascarell no es, administrativamente, pedanía, sino un barrio de Nules, y la alcaldesa es la delegada de su alcalde.
La población, que cuenta con 260 habitantes, tiene cinco calles (Major, Sant Roc, Sant Miquel, Cova Santa y Mare de Déu del Carme) que se entrecruzan (tres y dos) y confluyen en la plaza, donde está la iglesia y el ayuntamiento. De los cuatro murallones, uno, el de la puerta principal, que da a la carretera entre Nules y Burriana, está libre de otras construcciones, salvo unos casilicios en honor de los santos de las calles que empiezan allí. En los otros tres están las casas adosadas a su lado interior, en parte porque, al parecer, la fortificación se hizo recortando construcciones ya existentes, y también porque hasta tiempos recientes se permitieron obras que desfiguraron bastante la belleza del conjunto.
De cualquier manera es una gran suerte que haya llegado hasta nosotros este recinto amurallado sin igual, casi un milagro, y ahora es muy distinto el grado de concienciación de los vecinos. La alcaldesa asegura que «todos están convencidos de que vivimos en un sitio maravilloso que hay que cuidar y están dispuestos a que se restauren y se reacondicionen algunas cosas».
En parte de los muros se llegaron a abrir ventanas y puertas al exterior, aunque fuera no llegó a construirse nada más. Ahora se pretende, si no tapar del todo estos huecos, porque cumplen funciones y se han generado derechos, al menos darles una apariencia más acorde con la muralla sobre la que están y desentonan. Por otra parte, Mascarell es hoy BIC (Bien de Interés Cultural) y rigen en el pueblo normas urbanísticas que obligan a construir y remozar las viviendas con respeto al entorno.
Hubo unas primitivas murallas musulmanas, del siglo XIII, y en ellas se refugiaron a principios del XIV los moros que Jaime I expulsó de Burriana en 1310. Pero la actual construcción (de tapial) data del siglo XVI, se terminó en 1553 y la mandó hacer la Señora de Nules y Condesa de Oliva para dejar fuera, extramuros, a los moriscos y defenderse de las continuas incursiones de berberiscos que llegaban a la costa cercana y atemorizaban a las poblaciones cristianas de la zona.
María Pilar Martínez, una joven vecina con la que nos cruzamos paseando por el pueblo, se muestra de acuerdo con Laura Granell en que vivir allí es «envidiable», por la tranquilidad de las calles, la convivencia y lo cerca que están de toda clase de servicios. Niños y niñas «aún se divierten con juegos como la corda, el sambori o la pilota», que han desaparecido en otros lugares. No lo cambian por nada porque «esto es calidad de vida». Quien quiera comprobarlo puede aprovechar que los próximos días 5, 6 y 7 se celebrará allí una feria medieval.
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Laura Granell, alcaldesa delegada de Mascarell, frente a la puerta de l'Horta de la muralla. Dentro del pórtico de piedra se ven las primeras casas del pueblo. :: JESÚS SIGNES

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