Artista ambulante hasta la muerte

Nació en una pista hace 83 años y en ella ha ejercido todo tipo de profesiones, de saltador a payaso Juan Roy lleva toda la vida dedicado al circo con el que recorre la Comunitat hasta diciembre

EUGENIO RUBIOVALENCIA.
La caravana donde Juan Donaldson se maquilla está llena de simbolismo. ::                             ÁLEX DOMÍNGUEZ/
La caravana donde Juan Donaldson se maquilla está llena de simbolismo. :: ÁLEX DOMÍNGUEZ

Tiene 83 años y todavía sigue haciendo reír a los más pequeños. Fue uno de los grandes artistas del mundo ambulante que tuvieron que soportar las miserias de la España de la postguerra. Un saltador, que según Julio Roy, su yerno y dueño del circo en el que actúa ahora, «era de los mejores que había en los años cuarenta y cincuenta». Es Juan Donaldson, a quien su hija y Julio le dieron un homenaje en su senectud, bautizar el circo que regentan con el apellido Donaldson, el que le dio a conocer en las pistas.

Tímido en el trato con la gente, Roy explica que se transforma cada vez que se viste y entra en escena, «Juan es la máxima expresión del cambio que sufre el artista en cuando pasa a la pista». Él forma parte de una generación española casi extinguida. Seguramente, no tiene edad para seguir actuando, pero dice que si se queda en su casa de Sevilla se «moriría en dos días».

Juan nace en el circo. Su padre, vallisoletano, se embarcó en un espectáculo ambulante que deambulaba por el pueblo en el que vivía cuando todavía no había cumplido la mayoría de edad. En aquella compañía, conoció a la madre de Juan, una inglesa que actuaba en España bajo el nombre Alicia Donaldson, ella le dio su nombre artístico. A partir de ahí, toda su familia quedó inseparablemente unida a este mundo. «Ésta es mi auténtica casa», asegura.

Juan ha trabajado en decenas de circos y en miles de ciudades. Ser bueno en casi todo lo que hacía le permitió viajar por toda Europa y gran parte del mundo.

Una experiencia al alcance de muy pocos en aquellos años. Ahora, él ya no puede dar los vertiginosos saltos de antaño. Por ello, en el Circo Donaldson tiene que actuar como payaso, aunque sigue haciendo reír a los demás, dando todo lo que le queda dentro en cada función. Asimismo, hace las veces de electricista, «cualquier problema que tenemos sabe arreglarlo», indica Roy, «es un manitas y con la situación que atravesamos nos viene muy bien».

Sus piernas han dejado de ser aquellas fuertes que le hicieron ser conocido entre los artistas y con las que cautivaba al público. En la actualidad usa su cara más cómica.

Para ello, según él, el maquillaje es «fundamental». Lo guarda como oro en paño en una cajita antigua de galletas, de las que usan las madres para guardar los hilos. Una hora antes de la actuación entra en la caravana, que hace las veces de dormitorio, comedor, aseo, y, por supuesto, de camerino. La muestra como una auténtica mansión, mientras comienza a untarse la cara con aceites protectores antes de pintarse. Una vez que acaba con los aceites y la base blanca, se asoma para ver como va la venta de entradas, no hay nadie en las taquillas, pero es demasiado pronto. «No hay que desesperar todavía queda media hora».

Prosigue con los productos de su caja de metal. Usa el rojo para que resalte mejor la enorme sonrisa que dibuja en sus labios agigantados. La nariz, los pómulos y los últimos retoques en los ojos. Ya está listo para enfundarse su traje.

Sin embargo, hoy no va a ser el día de actuar. Tres entradas vendidas no son suficientes para poner en marcha la actuación. Por ello Juan vuelve al camerino para volver a la realidad.

«Esto no pasaba antes. Los niños estaban como locos por que llegase el circo a su ciudad. No había videoconsolas ni la tele era algo generalizado». En estos tiempos de vacas flacas, el circo es uno de lo sectores más dañados.

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