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«Es aterrador que el terrorismo machista no se perciba como una amenaza para la sociedad»

ENTREVISTA

«Es aterrador que el terrorismo machista no se perciba como una amenaza para la sociedad»

Mar Esquembre | Directora del Centro de Estudios sobre la Mujer

17.10.10 - 01:03 -
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La entrevista con una mujer serena, próxima, sensata y feminista discurre en su propio domicilio, en Alicante. Es viernes. Tiene muchas cosas que contar. Mar Esquembre Valdés (Monóver, 1969) es la directora del Centro de Estudios sobre la Mujer que desde hace una década permanece acampado en la Universidad de Alicante en defensa de la justicia social, al menos del trocito que les toca. Profesora de Derecho Constitucional, Mar se pregunta: «¿Qué habría ocurrido en España si en lugar de las 56 mujeres asesinadas por sus maridos, hubiesen sido, por ejemplo, víctimas de la banda terrorista ETA?». Posiblemente un caos en la llanura y en las alturas. Habla con tanta soltura que al entrevistador le cuesta hilvanar mensajes cargados de razón, avalados por la experiencia y tan sensatos como justos: «Es aterrador que el terrorismo machista no se perciba como una amenaza a la sociedad», comenta, mientras mete a la ciencia en la cesta para aclarar el concepto de la igualdad entre los hombres y las mujeres: «La genética no nos predispone a las mujeres a planchar ni a limpiar ni a los hombres a jugar al fútbol».
-Siempre en pie de guerra en defensa de la mujer.
-Por supuesto. Hay mucha resistencia en la sociedad. Nuestro centro tiene actividades de investigación, de docencia y de sensibilización. Y a partir de ahí empezamos a trabajar. Y en ello estamos. El feminismo no está desfasado, forma parte de la teoría de la liberación, de la justicia social.
-¿Es usted feminista?
-Soy consciente de haber sido feminista desde siempre, que es una cosa muy graciosa. La gente dice «yo no soy feminista». Muchas mujeres rechazan el apelativo, pero realmente sí que lo son, aunque, posiblemente, no son conscientes de ello. El feminismo siempre ha gozado de mala prensa, algo lógico porque es un discurso crítico hacia el poder establecido. Y, en estos tiempos, parece que el feminismo es una cosa desfasada, como si perteneciese a los tiempos en los que las mujeres perseguían el derecho al voto.
-¿Cuándo se percató de que era feminista?
-No lo sé con exactitud. Siempre había rechazado el calificativo. Pero creo que fue después de tener a mi hijo y me topé con la literatura feminista. En la práctica lo era, pero no era consciente de la dimensión.
-El feminismo se relaciona con la izquierda política.
-Bueno, sí (ríe). Pocas mujeres de derechas conozco que defiendan las tesis feministas. El feminismo está relacionado con los ideales emancipadores de donde nace la izquierda. El feminismo, para mí, suele estar vinculado a la izquierda, pero no es patrimonio de ningún colectivo, sino de toda la sociedad.
-¿Debe ser paritaria la democracia?
-Sí. De lo contrario no habría democracia. O sería imperfecta.
-Las mujeres estudiantes ya superan a los hombres en gran parte de las carreras universitarias.
-Sí. En los primeros cursos universitarios el porcentaje es favorable a la mujeres, con un sesenta por ciento de las matrículas, frente a los hombres. Pero aquí se registra un diagrama tijera. La tijera supone que en un momento determinado se invierten los términos: hay punto de partida y punto de llegada. Es verdad que en las universidades hay más alumnas que alumnos, pero también podríamos hablar sobre las carreras que escoge cada uno. Los porcentajes se igualan en los cursos de tercer ciclo, cuando se acaban los estudios y la gente se sigue formando. Pero cuando se alcanza el nivel del doctorado, el máximo grado académico, comienzan a destacar más lo hombres que las mujeres.
-Y ya en el trabajo, con contrato laboral.
-La oposición se invierte y los hombres tienen muchas más posibilidades que las mujeres. Los puestos de responsabilidad en las empresas los copan los hombres.
-¿Por qué? ¿Lo han estudiado?
-Esa cuestión está muy analizada. Fundamentalmente la maternidad es una característica importantísima, posiblemente el máximo obstáculo. No quiero decir con ello que las mujeres anteponen cuidar a sus hijos que seguir sus estudios, pero es el momento en el que empiezan a decidir por ellas mismas. Por ejemplo, se las excluye, en muchas ocasiones, de participar en congresos con la excusa de que pueden tener un bebé. Se imaginan que no podrán asistir, incluso sin consultarles. Y, ahí, la mujer pierde puntos. Es una de las múltiples situaciones que se registran, con la mujer como perjudicada.
-¿Habrá más variables?
-Claro. También hay un estudio muy interesante sobre el amor y la movilidad para ampliar la formación universitaria y académica en otros países. La universitarias se pierden muchas oportunidades; aquí, en España, se habla mucho de la fuga de cerebros, por la escasez de las becas.
-Pero la movilidad también puede ser cosa de dos.
-Las cifras de movilidad son muy curiosas. En porcentajes aproximados, los hombres suelen acompañar a sus parejas en un quince por cien de las veces, mientras que al revés se alcanza el ochenta por cien. Hablamos cuando los dos tienen carrera universitaria, claro.
-Casi todas las carreras tienen nombre masculino.
-Pues sí. Salvo enfermería, que es una carrera muy feminizada. Los enfermeros se resisten a llamarse enfermeras, como las matronas que han sido casi siempre mujeres, pero en cuando ha habido hombres en ese trabajo lo primero que han reivindicado ha sido el nombre de matronos.
-¿Cómo valora la situación social de la mujer?
-Si miramos a la historia, concretamente en este país, unos años atrás era una situación de sumisión. Y ahora no. Me gusta explicar a mis alumnos las diferencias entre los sexos, casi excluidos de cualquier carrera o de ramas científicas.
-¿A más formación mayor libertad?
-No es un asunto ligado a la formación, porque sería negar la posibilidad de razonar y sentir de cualquier ser humano. Las mujeres antes no tenían acceso a la formación y ahora lideran procesos. No es sólo una cuestión de formación. Voy a contar una cosa que me dijo mi madre y que me ha servido durante toda la vida: «Sé lo que quieras, pero gánate tú las habichuelas., que nadie te mantenga». Ser independiente te permite equidad en cualquier negociación, aunque el modelo actual poco lo permite, más todavía en tiempos de crisis económica.
-Hay mujeres que dejan el trabajo para atender a sus hijos y luego encuentran un mercado laboral impenetrable, inalcanzable.
-Es un serio problema, salvo que seas funcionaria, que te permite obtener excedencias y regresar después a tu puesto de trabajo. En la empresa privada es mucho más complicado. En el tema de la conciliación se castiga a las mujeres para que combinen todo: ir al mercado, cuidar la casa, atender a los niños. Y ese mensaje no se dirige con la misma intensidad a los hombres que a las mujeres.
-¿Ha evolucionado la mujer más que el hombre?
-No. El hombre ha evolucionado después, sólo que de golpe. Lo que ocurre es que el hombre comenzó antes. Lo de los derechos es como una casa. Ellos dibujaron los planos, la construyeron, ellos la amueblaron. Básicamente es así. Las mujeres no hemos podido dar nuestra opinión en el diseño o cómo queríamos la distribución de las habitaciones. Ahora nos dejan hacer alguna reformita y cambiar los muebles de sitio o colgar algún cuadro. Poco más. Cuando nosotras llegamos ya estaba todo hecho.
-Pero no negará que los hombres han cambiado, que son más capaces.
-No es cuestión de capacidad. La genética no nos predispone a planchar a unas y a jugar al fútbol a otros. Es problema de los roles de género, que han estado de aquella manera. El hombre está educado para el éxito laboral; es decir, a ser el protagonista del espacio. A la mujer le corresponde el espacio privado del no poder, donde no hay poder. Y ahí viene lo del descanso del guerrero.
-¿Qué reivindica al hombre?
-La corresponsabilidad. No podemos estar unas en dos ámbitos, porque no estamos en ninguno de los dos, y no pueden estar unos en un solo ámbito y parecer ausentes. Muchos hombres, claro está, se han concienciado. ¡Menos mal!
-Pero algunas cosas han cambiado, ¿no?
-La sanción moral, no. No es lo mismo, por ejemplo, la mujer cuando se va de cena con las amigas y el marido se queda en casa con los niños, que la que recibe el marido en similar situación. Es normal que, por derecho, un hombre se vaya al fútbol, en el caso al estadio Rico Pérez, y la mujer se quede en casa porque es una cuestión innegociable. Pero si lo planteamos al revés, la cosa cambia bastante.
-¿Es lo mismo colaborar que compartir las tareas domésticas?
-No, compartir es lo ideal y colaborar sólo supone más de los mismo. Cuando los hombres se incorporan a la vida en pareja entran en un mundo nuevo. Y las tareas pesadas, a la mayoría, no les gustan. Sí reivindican estar con sus hijos.
-¿Cómo se encuentran las nuevas generaciones de mujeres sobre el feminismo?
-Creo que hay una cierta regresión. En la universidad observamos que tanto las chicas como los chicos han vuelto a unos roles bastante antiguos, donde se prima más el culto a la belleza.
-¿A qué se puede deber?
-Es difícil concretar, pero han crecido en un contexto en el que casi todo se lo han dado hecho. Y pocas reivindicaciones proclaman. Es el mundo de los derechos con ausencia de los deberes y las obligaciones. Y muy metidos en el mundo del consumo. Y los modelos de éxito que se venden puede ser, entre otros, el de Belén Esteban. Las chicas para tener éxito no tienen en cuenta ser buenas estudiantes, las mejores en su profesión, sino que apuestan por un modelo externo: ser ellas mismas el objeto de consumo, puede porque cotizan al alza.
-Este año ya han muerto 56 mujeres con sus maridos como verdugos. ¿Qué se puede hacer para acabar con este drama?
-Imagínese que hubiese en 56 asesinados por ETA en el mismo período de tiempo. ¿Qué se habría montado aquí, en este país? O en otros. ¿Qué habría pasado? No sé cómo no recibimos la violencia de género como amenaza. Es aterrador que el terrorismo machista no sea percibido como una amenaza a la sociedad. Y las soluciones están en marcha.
-Y en los últimos crímenes, los asesinos acaban suicidándose.
-Se podrían haber suicidado antes de matar a sus mujeres.
-¿A qué atribuye tanta violencia de género?
-Al sentimiento de propiedad. Hay un convicción del hombre que es tener el mando sobre la mujer.
-Parece que esta situación de prepotencia del hombre se registra más en familias cercanas a la marginalidad o la pobreza, ¿no?
-No. Cuando hablamos de violencia de género tendemos a referirnos a mujeres asesinadas. Sólo transcienden las muertes, no las mujeres que son víctimas de este problema. Entre las afectadas por el maltrato de género hay profesoras, médicas, juezas, igual que hay amas de casa, cajeras de supermercado o peluqueras. Hay víctimas de 15 años, de 25, de 35, de 45 y hasta de 85 años. El problema está en que pocas presentan denuncian por las agresiones.
-¿Por qué?
-Básicamente, porque esperan que después de una bofetada no se produzca otra.
-¿Quiere decir que no existe un perfil de la mujer maltratada?
-No hay un perfil ni de la mujer maltratada ni del hombre maltratado, por muchos estudios y análisis que se han realizado. El problema es que en el entorno de las mujeres maltratadas conocen la situación en la que viven, pero poco hacen y, en algunas ocasiones, la sangre llega al río. Afortunadamente el trabajo que realizan las Fuerzas de Seguridad es excepcional.
-Pero hay otras formas de agresión: la trata de blancas, el ejercicio de la prostitución que manejan redes internacionales.
-La trata de blancas es la extorsión del nuevo siglo. Las mujeres son tratadas como mercancías. El problema de la sociedad es ser testigo de esta situación, porque si se oculta no le importa. Repudiamos estas formas de agresiones a las mujeres, casi siempre extranjeras y que llegan a España engañadas, pero no hacemos nada por impedirlo. Somos una sociedad pasiva.
-¿Cómo están las mujeres ahora?
-Estamos bien, pero podemos estar mejor. No vivimos un mundo que se preste a ser más amable, en el que los equilibrios son una rareza. Los desequilibrios son milenarios. Y, por ello, difícil de erradicar. Es una tarea de justicia.
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«Es aterrador que el terrorismo machista no se perciba como una amenaza para la sociedad»

Mar Esquembre, ayer en la plaza del Mercado de Alicante. :: PEPE SOTO

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