Nacida del cerebro de un Nobel

La primera niña probeta de la Comunitat cumple 25 años en diciembreLa madre define la labor del galardonado con el premio de Medicina como «la alegría de muchas familias»

LAURA GARCÉSVALENCIA
Nacida del cerebro de un Nobel

Entre los sentimientos más nobles que pueden adornar a una persona se encuentra, sin duda, el agradecimiento. Y esa es la cualidad que afloró en Silvia, primera niña probeta nacida en la Comunitat, cuando el pasado lunes supo que Robert Edwards había recibido el Nobel de Medicina. Es muy consciente de que llegó al mundo gracias al esfuerzo de un científico singular.

La noticia le provocó una «alegría especial. Si no hubiera sido por su trabajo yo no habría nacido», asegura al tiempo que repara en una bonita casualidad: el reconocimiento al «padre» de los niños probeta llega cuando Silvia se prepara para festejar su 25 cumpleaños el próximo 3 de diciembre.

El británico Edwards revolucionó la medicina reproductiva hasta ver cómo en 1978 nacía en Reino Unido el primer bebé probeta del mundo, la niña Louise Brown.

Ese año el hoy Nobel de Medicina consiguió devolver la esperanza a innumerables parejas que luchaban sin éxito por disfrutar de la aventura de ser padres. Su aportación a la ciencia se extendió por centros de investigación y hospitales de todo el planeta...

Y se detuvo en Valencia.

El destino fue el Hospital Clínico Universitario. Recogió el guante el doctor Fernando Bonilla, ginecólogo en quien los padres de Silvia, Oreto y Enrique, habían depositado su confianza para ver cumplido un sueño.

El equipo de Bonilla estaba investigando el nuevo tratamiento desde 1982. Sólo tres años después, en 1985, llegaba al mundo la primera niña probeta nacida en la Comunitat. Sus padres llevaban años esperándola. «Fue una cosa muy grande. Toda la vida me emocionaré cuando lo cuente. No se puede olvidar, es muy real». Así revive Oreto el nacimiento de su hija días después de conocer una noticia «muy buena, muy grande».

Se lo contó su marido. Enrique se había enterado por un informativo de televisión y «también estaba muy contento porque gracias a los descubrimientos de ese señor tenemos una niña».

«La alegría de las familias»

Cuando han pasado 32 años desde el nacimiento del primer bebé probeta en Reino Unido, ya se cuentan por millones las parejas que en cualquier rincón del mundo disfrutan de un hijo gracias a una técnica reproductiva que Oreto describe como «la alegría y la ilusión de muchas familias».

La definición que ofrece esta madre esconde una de las vertientes que, en opinión del doctor Fernando Bonilla, encierra el reconocimiento a Edwards. El ginecólogo valenciano habla de «dos premios en uno». Por un lado, la aportación científica para hacer realidad los bebés probeta, pero también «la repercusión social que ha llevado a que millones de mujeres tuvieran un hijo que de otra manera no habrían tenido».

El doctor Antonio Pellicer, presidente del Instituto Valenciano de Infertilidad (IVI) y decano de la Facultad de Medicina de Valencia, se suma a esa consideración, pero añade otro dato. La trascendencia social de la labor de Edwards radica en que su trabajo «ha tenido una carga de aplicación clínica importantísima, sin olvidar su gran aportación al trabajo de laboratorio».

El presidente del IVI aporta un nuevo dato. La labor de Robert Edwards en el campo de la fecundación in vitro no acaba ahí. «Ha servido para que llegaran avances como el diagnóstico genético preimplantacional o las posibilidades de preservar la fertilidad en mujeres sometidas a tratamientos contra el cáncer».

Y ante todo ello Silvia, hoy alumna de la Universitat de València -de cuyo claustro forma parte el profesor Edwards como doctor honoris causa- se muestra partidaria de que los especialistas en medicina reproductiva sigan investigando.

«Es algo muy positivo para que nazcan más niños», señala la joven universitaria. Su madre apoya la apuesta con claro convencimiento: «Que continúen estudiando. Siempre encontrarán temas pendientes», concluye.

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