ASUNCIÓN, EL CANDIDATO QUE YA PERDIÓ

Todos se preguntan por qué el de Manises le quiere disputar la candidatura a Alarte. Su ofensiva no despierta excesivas simpatías El ex ministro concurre por sorpresa a las primarias con varias derrotas en la mochila

HÉCTOR ESTEBAN HÉCTOR ESTEBANVALENCIA.
Antoni Asunción, en una imagen de archivo. ::
                             M. R./
Antoni Asunción, en una imagen de archivo. :: M. R.

«Si Asunción quiere ser como Obama ya se puede ir pintando de negro». Esta frase, pronunciada por un veterano alcalde del PSPV, resume la simpatía que se tiene en la familia socialista por el aspirante a candidato de la Generalitat. Un militante que ya sabe lo que es perder por partida doble: frente a Joan Romero y a Eduardo Zaplana.

Antoni Asunción Hernández (Manises, 12 de julio de 1951), se ha convertido en la última china en el camino de Jorge Alarte para optar a la presidencia de la Generalitat. El ex ministro, tras diez años alejado de la vida política, vuelve con unas intenciones que para muchos de sus compañeros son algo turbias. La mayoría se pregunta el por qué y con quién. De momento, no convencen las respuestas.

A Asunción hay quien le califica en el partido como «el breve». Sus últimos cargos políticos fueron fugaces y desde su decisión de dimitir como ministro del Interior (gesto que le honró) tras la tocata y fuga del ex director de la Guardia Civil, Luis Roldán, su persona ha ido acompañada de la derrota. Ahora se arriesga a que su nuevo intento para tener gloria se reduzca a quince días. El plazo que tiene para lograr los casi 4.000 avales de la militancia socialista que necesita para concurrir al proceso de primarias.

De imagen pulcra. Barba poblada pero cuidada. Soltero y viajero. Para muchos, un «gentleman» enamorado de la buena pintura y con especial gusto para coleccionar obras de arte. Afable en el trato corto. Incluso encantador. Cae bien. Como por arte de magia, 'oualà', apareció de su propia chistera a principios de esta semana para decir que se presentaba a las primarias socialistas. Sin consultarlo con casi nadie. Ni siquiera con sus más íntimos, a los que ni ha cogido el teléfono y, si lo ha hecho, los ha despachado por la vía rápida. Asunción, que lucía en las pasadas Fallas fotografía junto a Camps y el actor Pepe Sancho, dice que quiere ser Obama. Pero sin Michelle ni Sasha.

El proceso de primarias no es nuevo para el ex ministro del Interior. En 1999 ya probó el amargo sabor de la derrota. Sucumbió ante Joan Romero y sólo superó a la última de la terna, Clementina Ródenas. Es cierto que el resultado fue muy ajustado, pero Romero salió elegido candidato del PSPV a la Generalitat.

En esta ocasión no se cumplió la máxima de Ayrton Senna, que decía que el segundo era el primero de los perdedores. Romero, el ganador, puso pies en polvorosa y le abrió las puertas de la gloria al segundo. El PSPV fió sus ilusiones de victoria a un candidato derrotado. Asunción, de rebote, se vio ante la oportunidad de su vida.

La campaña fue complicada. En ocasiones incluso chapucera. Un ejemplo: Asunción reclamó en Gandia la puesta en marcha de un par de obras que ya estaban prácticamente acabadas. Excesiva improvisación. Los resultados no fueron buenos. Porcentualmente el ex ministro no empeoró los resultados de Joan Lerma de 1995 pero sí que le sirvió en bandeja al Partido Popular de Zaplana la primera victoria electoral por mayoría absoluta. Ése es, de momento, el legado de Asunción como candidato de los socialistas.

El ex ministro tomó posesión como diputado y cogió las riendas del grupo socialista como portavoz en Les Corts. Una diputada novata en aquella época recordó la «vergüenza» que sintió en la primera intervención en la Cámara autonómica. Asunción agotó su tiempo a mitad del discurso. Fueron momentos duros en el PSPV.

Paralelamente a la crisis institucional, Blanquerías vivió su particular vía crucis en lo orgánico. Tras la marcha de Joan Romero, se nombró a una gestora con Juana Serna como cabeza visible. En aquel equipo, que tuteló la candidatura a la Generalitat de Asunción como subcampéon de las primarias, ya estaban Francesc Romeu y Jorge Alarte bajo el paraguas de Ciscar.

Una vez perdidas las elecciones de 1999, los socialistas valencianos intentaron recomponerse. Asunción quiso liderar el nuevo proyecto y con esa intención se presentó en el Palacio de Congresos. Aquello fue la guerra. Los socialistas casi salieron a tortas. Cuando pareció que había pacto para que el ex ministro fuera el secretario general con Ignasi Pla como segundo, la figura de Ciprià Ciscar fue fundamental para que Asunción no saliera. Este último, al igual que hizo Romero meses antes, anunció su marcha a la vista de que no iba a liderar a los socialistas valencianos.

Surgió una ejecutiva liderada por Pla que duró 48 horas tras la decisión de Joaquín Almunia de disolverla y que agravó la crisis de los socialistas valencianos a la deriva bajo el timón de una nueva gestora con Diego Macià al mando. En aquel equipo también estaba Alarte. Pero a partir de aquí es otra historia.

Del edificio de Norman Foster salió Antoni Asunción con otros objetivos: los negocios. Le venía de familia. Sus padres tenían una empresa que fabricaba maquinaria para la industria de la cerámica. Propio de Manises, cuna del ex ministro.

Nuevos caminos como asesor de la banca portuguesa y empresario de éxito en el negocio de las piscifactorías. La cría de la dorada, del lenguado y del rodaballo le proporcionó beneficios al ex ministro, cuya única relación con la política se ciñó a su entrada en el consejo de la CAM a propuesta del PSPV tras el acuerdo que cerraron Eduardo Zaplana e Ignasi Pla. Los populares, a cambio, colaron a otro ex ministro, Vicente Albero, por Bancaja.

Nadie sabe a qué ha vuelto Antoni Asunción diez años después. Ni tampoco empujado por quién. Si hay alguien detrás tendrá que salir para despejar las incógnitas que corroen a muchos de sus antiguos colaboradores.

Comenzó como alcalde de Manises (1979-1987); siguió como presidente de la Diputación de Valencia (1983-1987); director general de Instituciones Penitenciarias (a partir de 1988) y terminó como ministro del Interior (1993-hasta la fuga de Roldán). Ahora corre el riesgo de convertirse en el Raymond Poulidor del PSPV.

Poulidor era un ciclista francés al que se le conocía en el pelotón como el eterno segundo. Su desgracia fue toparse con corredores de la talla de Eddy Merckx y Jacques Anquetil. Nunca logró ganar el Tour de Francia. Siempre fue derrotado.

Asunción padece el síndrome Poulidor. Se presentó a unas primarias y fue segundo. Concurrió a unas autonómicas y fue segundo. Lo intentó en el congreso del PSPV posterior y tampoco ganó. Ahora, con quince días por delante para lograr lo que parece imposible, también tiene las de perder. Llegan dos semanas de vértigo.

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