El iconoclasta del socialismo alicantino

Antonio Fernández Valenzuela convulsiona el PSPV al anunciar que quiere aspirar a la Alcaldía

ÁNGEL BARTOLOMÉALICANTE.

Si los gatos tienen siete vidas, Antonio Fernández Valenzuela (Campillo de Llerena, Badajoz, 1947) va por la quinta. La primera fue su niñez, tan difícil como cualquiera chaval nacido cuando se estaba más cerca de los años del desarrollo que de la incertidumbre de la postguerra. Creció y se educó en el Hogar Provincial del Paseo de Campoamor tras dejar atrás su Extremadura natal, justo donde ahora se levanta el Auditorio, proyecto que le enfrentó en su día con su adversario de partido José Luis Lassaletta, cuando éste era alcalde y él presidente de la Diputación.

En Estados Unidos dirían de él que se ha hecho a sí mismo. En Alicante sus detractores, incluso en su propio PSOE, le consideran un hombre incapaz de no dejar nada por acaparar. Sus admiradores, que no son pocos, incluso quienes no le aprecian coinciden en definirle como un animal político. Lo ha demostrado muchas veces. Desde la presidencia de la Diputación, como impulsor del nuevo Hogar, y de los hospitales de Sant Joan y Orihuela, o del Proyecto Cultural de Campoamor más un sinfín de planes en los pequeños municipios pero también como defensor del agua y de los intereses de Alicante. Para ello se enfrentó tanto con Lassaletta, su compañero alcalde, como con Joan Lerma en los años ochenta de la pasada centuria como con el aparato y gobierno del PSOE del siglo XXI.

La segunda vida comienza tras curtirse en el Hogar Provincial, cuando se buscó la vida como corredor de seguros, de puerta en puerta, y otros empleos hasta que empezó en la imprenta Moscú, de donde viene su apodo, huella de los tiempos de la clandestinidad.

Pero Antonio Fernández Valenzuela no ha sido hombre de contar batallitas de antes de 1975, aunque alguna le narra a sus nietos cuando pasa con ellos por delante del Hospital Clínico de San Joan, un centro construido gracias a empeño, como el de Orihuela. Fue así: Después de la riada de 1986 en Orihuela, la ciudad salió a la calle para reivindicar el encauzamiento del Segura y el ansiado hospital para la comarca. Poco días después, Valenzuela puso sobre la mesa 500 millones de pesetas y negoció con Sanidad la construcción del Hospital de la Vega Baja en San Bartolomé u también la transformación del antiguo Hospital Provincial -que hoy es el Museo Arqueológico- en el moderno Hospital Clínico. En los periódicos de entonces salió una foto en portada con Valenzuela en la calle Alcalá de Madrid, enla puerta de Sanidad, tras el acuerdo con el Gobierno, pero esta decisión no fue del gusto de Valencia. A Lerma nunca le gustaron sus iniciativas.

Tras la infancia en el Hogar Provincial en Campoamor y su juventud entre tintas y plomo llega a la política. Empieza su tercera vida. En las primeras elecciones municipales de abril de 1979 sale elegido concejal en la candidatura que encabezaba José Luis Lassaletta, Pepe Lassaletta para todos. El joven Moscú se hace popular pronto porque intenta articular el horario de los taxistas. Aunque no había llegado el rodillo socialista de Felipe González, el recién estrenado gobierno municipal de izquierdas en Alicante, merced a la coalición PSOE-PCE, se siente fuerte y choca con el sector del taxi. Estos profesionales, carentes de sindicatos, encuentran el respaldo de Fuerza Nueva, organización minoritaria en el conjunto del país pero que tuvo cierto empuje y buena acogida en unos profesionales que sufrían en sus carnes la inseguridad ciudadana. Hubo incluso un intento de agresión al concejal por parte de algunos profesionales. Pero cuando llegaron al Ayuntamiento no le encontraron.

Valenzuela no sólo se enfrentó a los taxistas sino a su propio alcalde, con lo que Joan Lerma decidió separarlos y en las siguientes elecciones, aquellas en las que el PSOE arrasó en la primavera de 1983, Valenzuela sustituyó a Luis Díaz Alperi en la Diputación. Desde entonces, el PSOE alicantino tuvo dos gallos en distinto corral. Lassaletta afianzó su leyenda de alcalde populista y Valenzuela fue el presidente de la Diputación más querido por los alcaldes de pequeños municipios gracias el Plan de Obras. Fue la época de esplendor del rodillo socialista. Mientras en el cap i casal García Miralles y Lerma se repartían cargos e influencias, en Alicante Valenzuela se hacía fuerte. Si con el tiempo se ha criticado la soberbia de los socialistas tanto en todas las administraciones del Estado, en el ámbito provincial ocurría lo mismo. No sólo Lerma le intentó cortar los pies, también los chicos del CDS quienes le acusaron de utilizar sus empresas para imprimir las numerosas publicaciones de la Diputación. El edil centrista Benavent logró la foto de Valenzuela sentado en el banquillo y fue condenado inicialmente, por lo que tuvo que dimitir como presidente de la Diputación, a pesar de que el fiscal, Ricard Cabedo, defendía lo que luego el Supremo hizo suyo: «No hay caso». Ahí se paró su carrera política. No estaba presente pero influía en la sombra.

En ese periodo se produjo uno de los borrones de su vida politica y del que días después pidió perdón en el pleno de la Diputación. El día de la asamblea del PSPV para elegir al alcaldable que sustituiría a Lassaletta (Ángel Luna) el todavía primer edil dijo que se iba ligero de equipaje, «no como otros», en referencía al Moscú y su supuesto enriquecimiento irregular, causa de su procesamiento. Valenzuela le dio un puñetazo a Lassaletta furioso al leer las declaraciones.

Antonio Mira-Perceval le sustituyó al frente de la Diputación y él se dedicó a su empresa Gráficas Díaz, que creció y creció. Esa fue su cuarta vida. El político se convirtió en empresario, influyente por supuesto. No tenía cargos públicos pero su autoridad estaba en plena forma. Llega a la Cámara de Comercio, primero con vicepresidente y luego durante ocho años dirige la institución, siempre con el apoyo de Zaplana. Sus detractores en el partido, del que se llegó a dar de baja, le acusan abrazar tesis de la derecha. «Es amigo de Eduardo», decían. Apoya el Plan Hidrológico del PP, el trasvase del Ebro frente a las desalinizadoras y el Júcar-Vinalopó. Como hicieron años atrás sus antecesores Eliseo Quintanilla, Emilio Vázquez Novo y Luis Díaz Alperi hace de la Noche de la Economía Alicantina una plantaforma reivindicativa de la provincia frente al centralismo del Consell. Valenzuela tiene un vozarrón, manos recias y ojos azules. Es duro, directo y amigo de sus amigos. Pero es un difícil enemigo. Es verdad que mandó y mucho en la Diputación y en el partido. Puso y quitó a gente. Como en la Comisión Provincial del Agua. La presidía el alcalde de Novelda, Salvador Sánchez Arnaldos. Le apartó para ponerse él, como contaba con tristeza el alcalde. «De esas hizo muchas», le critican. ¿Por qué? Porque sabía dónde había poder. Ahora tras dejar el ámbito empresarial, cuando parecía que iba a abrazar la jubilacion e iniciar su quinta pacífica vida da la sorpresa y revoluciona al PSOE, y al PP, con su decisión de aspirar a la Alcaldía de Alicante.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos