Mig Carnaval, diversión por igual

Más de 2.000 personas despiden el verano a la espera de que arribe el mes de febrero y así celebrar los tradicionales y reconocidos Carnestoltes de Pego

BERNAT ORTOLÀ
Disfraces. Los jóvenes pegolinos optaron por  disfraces veraniegos para soportar el intenso calor de la velada ::
                             AMADOR REBOLLO/
Disfraces. Los jóvenes pegolinos optaron por disfraces veraniegos para soportar el intenso calor de la velada :: AMADOR REBOLLO

A lo largo de la pasada semana, la incertidumbre fue la nota predominante entre los pegolinos. Todos querían que llegase la noche del sábado para comprobar si el movimiento en las redes sociales de internet había surgido efecto y el Mig Any de Carnestoltes iba a tener éxito. No fallaron las expectativas, más de 2.000 personas asistieron a esta fiesta de disfraces veraniega que puede ser la primera de muchas de las futuras ediciones.

Hasta 10 autobuses llegaron con vecinos de la comarca de la Marina Alta que quisieron acercarse para disfrutar de una divertida velada junto a la gente de Pego que, nuevamente, dio muestras de su alegre y jaranera personalidad en una noche envuelta de magia, fiesta y buen ambiente.

Si para los pegolinos el Mig Any era una nueva forma de divertirse, redondear el final de las vacaciones, preparar la vuelta la trabajo con las pilas cargadas y, sobretodo, recordar que falta menos para el gran Carnestoltes de febrero; para muchos otros fue su primer contacto con esta arraigada fiesta pegolina. Entre estos últimos se encontraba David Sendra, un pegolino que vive desde la distancia su pasión por las tradiciones de un pueblo que vio nacer a sus padres. Afincado a lo largo del año en Bruselas, David y su familia se escapan de la capital belga para pasar el verano entre amigos y familiares en esta acogedora villa de la Marina Alta.

David, como muchos otros vecinos del municipio, vivió una intensa jornada festiva, como toca, como buen pegolino. Y para todo hijo de Pego, el día debe empezar por una buena comida, siempre acompañada por buenos amigos. Nada mejor que empezar la fiesta alrededor de una mesa, compartiendo risas y buenos manjares con tu gente y terminando, solo los más rezagados, de confeccionar los disfraces que lucirán en una noche única.

La fiesta se prevé larga y nadie quiere terminarla antes de lo previsto. Por ello por la tarde, a falta de unas horas para que empiece el desfile de disfraces, muchos aprovechan para quitarle horas de sueño a la noche con una siesta, que tanto se agradece en estas fechas veraniegas.

Va quedando menos para que empiece el Carnaval. Pero antes de la fiesta, hay que darse un buen festín y muchos de los asistentes optan por cenar en los bares del municipio, que abren sus puertas para servir menús especiales. Mientras que otros, como David y los suyos, prefieren cenar en casa de algún amigo reunirse en torno a una mesa de forma más tranquila y familiar.

Algunos llegaron a la cita medio disfrazados, otros optaron por entonarse primero en la cena y luego, con la vergüenza totalmente perdida, vestirse con las mejores galas. El repertorio era bastante variado, señoritas bien maquilladas, futbolistas, boxeadores, bailarinas, llauradors, trajes fresquitos para soportar las altas temperaturas de una larga noche.

Después de la cena y a falta de un desfile oficial, muchos de los asistentes decidieron realizar su particular pasa calles hasta llegar al punto neurálgico de la fiesta, el Passeig de Michel, dónde les esperaba el grupo local Johnny Manhattan and Pep's Band.

El conjunto local hizo las delicias de jóvenes, y no tan jóvenes, con un repertorio variado en el que tenían cabida todo tipo de canciones y, que en todo momento, el público presente no dejó acompañar con cánticos.

Pasaban las horas y el recinto habilitado por el Ayuntamiento se llenaba de césares imperiales, hawainas, sevillanas, tiroleses, vigilantes de la playa, todos con un denominador común, disfrutar de un buen ambiente, una buena copa con los amigos y no dejar de bailar al ritmo de la música.

Uno de los encantos de esta fiesta es poder encontrase con gente conocida a la que jamás imaginaríamos ataviada con los más vario pintos disfraces. La gente deja complejos,

Mientras, David demostraba a sus amigos que no se le olvidan sus raíces pegolinas, no dejaba de bailar, incluso en los varios viajes hacia la barra dónde se servían todo tipo de 'cubatas', el joven pegolino no dejaba de moverse al ritmo de la música.

El grupo de rock pegolino estuvo amenizando la velada durante un par de horas y después se apuntó a la fiesta dejando paso a una discomóvil con la que se pudieron escuchar los temas más bailados este verano. Todo el mundo inmerso en el guateque carnavalero, la música no dejaba de sonar, muchos bailaban en una improvisada y abarrotada pista de baile, otros tantos optaban por recargar pilas con una copa en la barra habilitada por el Ayuntamiento.

Una barra repleta de clientes que esperaban refrescarse con todo tipo de cócteles. Si hay que ponerle algún pero a este primer Mig Any, la palma se la llevó este espacio habilitado para servir bebidas, que se quedó pequeño para poder abastecer a todo el personal que demandaba todo tipo de mezclas alcohólicas y refrescos para apaciguar las altas temperaturas de la noche.

A medio camino de la pista de baila y la barra de bebidas, David se convertía en el verdadero 'alma mater' de la fiesta, pues no cesaba en su intento de contagiar con su espíritu festivo a todo aquel que pasaba por su alrededor invitándolo a unirse a bailar con él. Sin duda alguna, el joven pegolino disfrutó como nadie de la fiesta que no terminó hasta las 7 de la mañana, hora de cierre de la disco móvil y que los más trasnochadores entendieron como una invitación para ir a desayunar a algunos bares de los alrededores.

Para la mayoría de los pegolinos, Mig Any de Carnestoltes superó la prueba de fuego con un notable alto. Muchos achacaron este resultado positivo a hecho de que no se aglutinase tanta gente como suele suceder en el tradicional desfile que se celebra en febrero, en dónde esta villa llega a recibir 30.000 visitantes, de los cuales, una minoría insignificante, no respeta el entorno y el ambiente festivo en la que se envuelven las calles del municipio.

Aún así, los pegolinos quedan encantados de recibir año tras año la visita de tanta multitud que engrandece su Carnestoltes.

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