HOMENAJE A PEDRO VIGUER

MARÍA ÁNGELES ARAZO

La carta invitación para que participe en el homenaje a Pedro Viguer me obliga, por amistad y agradecimiento (siempre respondió a la información periodística), a divulgar el merecidísimo acto.

Al año de su fallecimiento -en plena madurez activa- un grupo de amigos, entre los que dominan artistas y galeristas, están preparando una magna muestra que se inaugurará el 26 de noviembre en la sala de exposiciones del Ayuntamiento de Valencia, para clausurarse a primeros de enero de 2011. El tiempo apremia, dado que se confeccionará un catálogo con la foto de la obra que pintores y escultores presenten junto a su currículo. Foto y texto se recibirán hasta el 10 de septiembre en Casa Viguer (Correjería, 22; 46001 Valencia).

Profesional y perfeccionista, Pedro Viguer, que iba a ponerse al frente de la tienda familiar que daba paso a la tercera generación, siguió la carrera de Bellas Artes en la Escuela Superior de San Carlos, para dominar totalmente las exigencias de los artículos que demandan los creativos plásticos y proyectistas.

Pero lo sobresaliente de él fue el estímulo que dispensó a los jóvenes de la Facultad, convocando con frecuencia becas, así como encuentros con prefesionales.

En la trastienda de Casa Viguer habían formado tertulia Pinazo, Navarro y Sorolla; y Pedro, como antes lo hicieron su padre y su abuelo, reunía, entre otros, a Lozano, Nassio, Michavila, Anzo, Massoni, Horacio Silva e Iturralde.

Además, mantuvo y nos legó uno de los más singulares comercios que embellecen el entorno del Miguelete y Santa Catalina: el de las puertas con cristales emplomados, con remate de amorcillos en guirnalda; y en el interior, artesonado de caballos, desnudos femeninos y un gran farol; decoración que remitía a la vieja Europa.

Y no puedo omitir aquellos alegres almuerzos que convocaba al llegar la primavera, como en la noche mágica de San Juan, con motivo del nostálgico otoño y en Navidad. Son recuerdos inolvidables. Pedro Viguer sigue entre nosotros.

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