«¿Pacto del pollo? Hicimos lo que había que hacer: presionar a Zaplana y a Lizondo para que los dos partidos conservadores alcanzaran un acuerdo»

Federico Félix empresario, presidente de FEDACOVA, ex presidente de AVE

PEDRO ORTIZVALENCIA.
Federico Félix, en un momento de la entrevista. ::
                            
                            J.C. BARBERÁ/
Federico Félix, en un momento de la entrevista. :: J.C. BARBERÁ

En las elecciones autonómicas de mayo de 1995, el PP, encabezado por Zaplana, obtuvo 42 escaños; el PSOE de Lerma, 32, y Esquerra Unida, 10. Empate. La cuarta fuerza, la Unión Valenciana de González Lirondo, consiguió cinco y tenía en su mano la llave de la gobernabilidad. Pero los días pasaban y no se lograban acuerdos. Hasta que llegó el llamado pacto del pollo. El acuerdo se alcanzó de madrugada en el despacho de Federico Félix. Por fin Félix cuenta los detalles.

-Nosotros entendíamos que era un error tener un Gobierno que estuviera siempre pendiente de pactos y presionamos a ambas partes para que llegaran a un acuerdo, aunque nunca, nunca, entramos en los detalles.

-¿Nosotros?

-La Asociación Valenciana de Empresarios, que yo entonces presidía.

-¿Y cómo les presionaron?

-Pues se les explicó que los intereses empresarialesvalencianos se verían perjudicados con un Gobierno en minoría y por tanto débil, y que la sociedad valenciana no perdonaría que dos partidos conservadores fueran incapaces de ponerse de acuerdo para gobernar.

-Porque ellos no conseguían llegar a ningún acuerdo.

-Habían pasado dos o tres semanas y cada uno anteponía sus intereses. Nosotros mediamos en la última fase. Las cosas habían llegado a una situación donde en la que una de las partes estaba dispuesta a no volverse a sentar; no quería saber nada, que ya estaba bien, se quejaba.

-Esa parte era Lizondo.

-Vicente nos quería calmar y decía: él será presidente de la Generalitat y yo lo voy a apoyar en lo que considere oportuno. Pero eso es lo que no podía ser; eso era una falta de estabilidad: vaya Gobierno, el que cada día tenga que negociar sus decisiones.

-Como ocurre ahora en España.

-Exacto, como ocurre ahora en España. Hay que tener un Gobierno fuerte.

-Volvamos al momento, por favor.

-La negociación fue en mi despacho, en la calle Isabel la Católica. Estaban por parte de UV Lizondo, Filiberto Crespo y HéctorVillaba. Por parte del PP, Zaplana, José Luis Olivas y otro.

-¿Y ustedes?

-José María Jiménez de Laiglesia, que era presidente de la Confederación Empresarial Valenciana, y yo, presidente de AVE. Primero llegó Zaplana y yo lo recibí, pero Lizondo se quedó abajo, en el coche, con Jiménez de Laiglesia y sin querer subir. Al final bajé yo también y entre los dos convencimos a Lizondo. Era sobre las diez de la noche.

-¿Cómo los convenció para que se reuniesen?

-Les pedíamos que agotaran la última posibilidad, que se vieran cara a cara: si los vuestros no han sido capaces de llegar a ningún acuerdo, sentaos vosotros frente a frente.

-¿Ustedes estuvieron en la reunión?

-José María y yo desaparecimos a una habitación de al lado y no entramos para nada. Alguna vez salían Eduardo o Vicente. ¿Cómo va la cosa? Vamos avanzando. Pues bien. Y a las cuatro de la mañana salieron: ya está arreglado. Nosotros les dimos la enhorabuena a los dos y ya está.

-¿Cómo lo recuerda ahora?

-Hicimos lo que había que hacer. No nos sentíamos orgullosos, pero si razonablemente satisfechos: habíamos hecho algo que era nuestra obligación.

-¿No le parece que fue inmiscuirse excesivamente en la política?

-El mundo empresarial no tiene que entrar en política y nosotros no entramos en política. Entramos en que los políticos hicieran política para la Comunitat Valenciana. Y fue bueno para la Comunitat Valenciana. Otra cosa es que luego a UV le saliera mal; Vicente obviamente tenía razón. Pero como buen negociador, porque Vicente era un gran negociador y muy listo, hizo un buen pacto. Él se quedó con alguna conselleria y con la presidencia de Les Corts.

-¿Y por qué el nombre de Pacto del Pollo?

-Lo puso un periodista, porque se había realizado en mi oficina y yo me dedicaba al negocio de los pollos.

-¿De quién fue la idea, de Jiménez de Laiglesia o de usted?

-Había una gran simbiosis entre ambos. Él presidía la CEV y yo AVE, pero ambos pertenecíamos a las dos. Y AVE es un lobby, que, entre otras cosas, está para eso.

-Ya hemos llegado a AVE, que presidió usted durante 15 años.

-A mí me llamaron para ser presidente, porque yo no era ni miembro de AVE. Sería en 1987. Mire: fue el día que Kempes falló un gol porque habían tirado una naranja desde la grada y el balón desvió su trayectoria. Bajé al bar en el descanso y allí me dijo uno: te van a llamar para ser presidente de AVE.

-¿Quiénes lo apoyaban?

-El mismo Jiménez de Laiglesia, Silvino Navarro, Pepe Lladró y Leonardo Ramón fueron los que me dijeron: vente con nosotros y presides AVE. Yo ya era presidente de la Federación Agroalimentaria y ellos me conocían. Cuando yo entré AVE ya estaba más o menos consolidada.

-En AVE no entra cualquier empresario, ni aunque quiera.

-No, porque de algún modo es un grupo de empresarios de élite. Pero normalmente la gente que pide entrar suele entrar. Hombre, lamentablemente se le dice que no a alguno.

-¿Por qué se le puede decir a alguien que no?

-En mi época exigíamos dos cosas: que fuera un empresario serio, correcto y trabajador. Como Dios manda. Y que la opinión que tuviera la sociedad de él fuera buena; no vamos a aceptar a alguien a quien no quiera la sociedad. Y hoy sigue siendo exactamente igual.

-El primer reto fue la autovía entre Madrid y Valencia.

-La A-3 fue una lucha tremenda. Hay que decirlo con claridad: Pujol no tenía ningún interés en que se hiciera esta autovía y el ministro Borrell estaba de acuerdo. Barcelona tenía y aún tiene unas conexiones con Madrid mucho mejores que las nuestras. Nosotros teníamos una mierda de carretera, dígalo así: una mierda. Todo eran excusas: que si las hoces, que si las coces, que si las madre que las parió.

-Y entonces.

-El que enarboló la bandera fue Jiménez de Laiglesia y nosotros nos pegamos a él. A Lerma le habíamos demostrado por activa y por pasiva la barbaridad que era no tener esa autovía hecha. Estábamos desesperados. Por eso, cuando el conseller de Obras Públicas nos anunció que ya estaban haciendo los planos, pero que eso no era fácil, yo salté: ¡Coño, que la hagan sin planos, pero que la hagan! Lo reprodujeron todos los periódicos: el presidente de AVE pide que se construya la autovía sin planos. Era una barbaridad lo que yo decía, pero era mayor barbaridad que no estuviese la carretera.

-¿Sigue culpando a Cataluña?

-Estoy absolutamente seguro de que la autovía se retrasó por dos razones: porque a nosotros nos faltó presión, que es lo mismo que nos ha pasado ahora con las cajas; y dos, porque había intereses por parte del Gobierno de Cataluña; intereses legítimos, porque somos competidores. En cambio, la economía madrileña y la valenciana son complementarias. Por eso, la necesidad del AVE.

-De la A-3 al AVE

-La infraestructura más importante para la economía y la sociedad valenciana es el tren de alta velocidad. La apuesta de la Comunitat Valenciana en los últimos 15 o 20 años, nos guste o no nos guste, ha sido el turismo y los servicios. Y el AVE es la herramienta perfecta: va a ser un elemento multiplicador de la actividad económica.

-Y fue la Fundación Pro AVE el elemento usado para presionar.

-La Fundación Pro AVE ha sido el mayor presionador. La crea AVE y por eso la presidia yo y la sigo presidiendo. El tren de alta velocidad se ha hecho porque el Gobierno nuevo dice: a estos valencianos, que les hemos quitado el agua, habrá que darles algo. Digo yo.

-¿A cambio del trasvase?

-Vino un ministro de Fomento del gobierno anterior y nos dijo: no podéis pedirnos el agua y el AVE al mismo tiempo. Y ya estábamos pensando que el trasvase era un hecho, cuando de pronto lo anuló el nuevo Gobierno. Pues otra vez empezamos la orquesta y a dar guerra. Lo más importante que hizo la Fundación fue mover a la sociedad y fue la sociedad valenciana la que dijo: AVE, AVE, AVE.

-De nuevo la presión de los empresarios.

-Lo que es bueno para el mundo empresarial es bueno para la sociedad. Siempre. Los empresarios tienen la obligación de crear riqueza y puestos de trabajo y pagar impuestos. Y esos impuestos se reparten entre la sociedad, que vuelve a beneficiarse. Y tienen la obligación de pedir lo que es bueno para el conjunto de la economía, porque es bueno para la sociedad.

-Nos queda, por el momento, el trasvase.

-Es una barbaridad que no haya trasvase. Yo solito estuve en la televisión catalana defendiéndolo. Ellos hablaban en catalán y yo en valenciano, y les dije: sólo queremos que cuando se desborde el Ebro en Amposta, se nos pase una parte del agua...

-A un empresario hay que preguntarle por la salida de la crisis.

-Yo espero que a final del 2011 empecemos a ver las cosas de otra manera. Y en el 2012 habrá signos de recuperación. Pero para que eso ocurra es fundamental que el Gobierno sea capaz de crear algo que se llama confianza.

-¿No la crea ahora?

-Las decisiones del Gobierno más que malas han sido tardías. Han tardado demasiado y han dejado que la imagen se haya deteriorado en exceso, lo que ha traído falta de confianza.

-¿Y el sector agroalimentario, que usted preside?

-Es de los pocos que aguantan. Aquí este sector tiene una importancia especial gracias a Mercadona y a Consum. Fíjese: una de las principales cosas que le pueden ocurrir a la sociedad y a la economía valenciana es tener aquí los grandes centros de decisión. ¿Por qué? Porque los impuestos se pagan aquí. No entiendo por qué Ford paga los impuestos en Madrid si tiene aquí la fábrica. Por eso lo que ha ocurrido con las cajas valencianas...

-Creo que es la segunda vez que habla de ellas.

-Es lo más grave que nos ha pasado en los últimos 50 años. Ha sido un fracaso primero empresarial, después político, y,por último, de toda la sociedad valenciana por no tener narices. Y ahora resulta que estaban las dos cajas sanas y bien. ¿Y tanta prisa? Ya hace muchotiempo que se tenían que haber unido entre ellas: el mercado toma las decisiones cuando no las tomas tú.

-¿Tan grave lo considera?

-Es una barbaridad lo que ha pasado. Aquí no tendríamos la Ciudad de las Artes y las Ciencias ni el Oceanogràfic,. Valencia se ha transformado. Y yo me siento orgulloso de tener esas cosas tan magníficas en nuestra ciudad. Eso no se pudiera hacer nunca sin unas cajas valencianas, sin una decisión que se toma con los sentidos y el corazón y no solamente con la cabeza y el bolsillo.

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