Cruces de hierro entre los pinos

La ruta de Les Creus de Tavernes de la Valldigna recorre el yacimiento de Els Castellets y la Font de la Sangonera hasta alcanzar Les Revoltes dels Amoladors

La Font de la Sangonera está inmersa en un paraje con gran vegetación y agua.  ::
                             Ò.M./
La Font de la Sangonera está inmersa en un paraje con gran vegetación y agua. :: Ò.M.

Las montañas cercan todo el valle salvo una apertura en el Este. Ahí aparece la inmensidad azul del Mediterráneo cuyo horizonte contrasta con cimas de hasta 540 metros de altura. La Valldigna atesora uno de los parajes más bellos de la comarca de la Safor. Las diferentes rutas la convierten en un destino clave para los excursionistas, que las custodian con recelo para protegerlas de los incendios. Una de ellas es el itinerario circular de Las Cruces. Es muy completa, ya que combina naturaleza, como la sierra Sangonera, con yacimientos arqueológicos como el Castillo de Tavernes o Els Castellets. Todo ello sin olvidar las tres cruces de hierro que dan nombre a la excursión. La distancia es de 8.000 metros, se puede recorrer en tres horas y cuarto aproximadamente y el desnivel es de 539 metros.

Se recomienda madrugar para evitar el calor; llevar en una mochila comida y agua y vestir ropa cómoda. No hay que olvidar la gorra ni el protector solar.

El acceso es sencillo. Antes de entrar a Tavernes de la Valldigna por el Este, hay que girar a la derecha por el camino de la Dula hasta llegar al canal de Defensa. Los coches se pueden aparcarse alrededor del club de tenis.

Tal y como apuntan los montañistas Òscar Martí, David Gomar y Vicent Cervera en el libro 'A un tir de pedra. Inventari dels senders i camins de muntanya de la Safor', editado por el Centre d'Estudis i Investigacions Culturals (CEIC) Alfons el Vell de Gandia, hay que dirigirse hacia un depósito de agua.

A partir de ahí, se asciende por un camino rodeado de pinos y siempre en dirección al Castillo de Tavernes o de Alcalá de Alfandec. La primera parada de la ruta se puede hacer en la fortaleza, donde se observa un curioso símbolo republicano tallado en la roca.

Actualmente en ruinas, el castillo conserva parte de las construcciones del muro exterior, restos de su torre principal, así como algunos lienzos de muralla y elementos auxiliares.

El espacio en el que se eleva el yacimiento fue habitado durante la Edad de Bronce. Destaca también una capilla gótica (siglos XIV y XV), cubierta con bóveda de crucería. Su función defensiva estuvo en vigor durante gran parte de la Edad Media, con importancia relevante como refugio durante la Guerra de la Unió entre Castilla y Aragón, siendo abandonado tras la expulsión de los moriscos.

Desde lo alto, se pueden detectar diferentes sendas de la Valldigna, las cuales eran usadas antiguamente para unir poblaciones o para llegar a zonas de cultivo en lugares de montaña por las personas que no disponían de terreno en el valle.

Con la modernización de las carreteras se dejaron utilizar, pero algunas han sido recuperadas recientemente para hacerlas transitable para el excursionista.

Diez minutos después, se llega a les Fontetes de Cantus. La presencia de juncos advierten de unas surgencias poco caudalosas que emanan de una roca. Muy cerca están los abrigos de mossèn Ricard, con pinturas rupestres del Mesolítico Inferior (12.000-9.000 a.C.).

Desde aquí se atisba una franja de litoral mediterráneo comprendida entre Tavernes y el Montgó.

A partir de ahora, la senda empieza a zigzaguear. A la derecha, y una vez divisada Cullera, hay un camino que se dirige al paraje de la ermita de Sant Llorenç. Hay que continuar caminando hasta que aparezca, a la izquierda, la primera de las tres cruces instaladas en la cima de la montaña.

Según indican los excursionistas Martí, Gomar y Cervera, este tramo es de difícil acceso y sólo recomendado para los más aventureros y poco miedosos de las aliagas. Finalmente, se llega al Pla de les Creus.

Por el camino de la izquierda, cinco minutos después, se alza la segunda de las tres cruces. Aquí las vistas son magníficas.

Después de otra parada obligatoria, el caminante debe continuar circulando en dirección Noroeste hasta que se tope con la senda que abandonó tras visitar la cruz. Tras pasar al lado de una pequeña edificación se llega al punto de unión con un camino que nace a la derecha de la senda y que dirige hacia la Font de la Granata.

Se sigue por la vía de la izquierda hasta llegar a la pista forestal que enlaza Simat y Alzira.

Y de ahí, por la derecha, el visitante se topa con la Font de la Sangonera, un paraje con abundante vegetación y agua.

Hacia el Noroeste, se observa la bajada de un barranco por donde se puede llegar a la cima del Massalari. Se continuará en dirección Suroeste, donde está la pista forestal de Simat a Alzira. Hay que pasar de largo y crestear el tosal de la Sangonera en dirección Sureste para descender a la pista forestal. Después de caminar unos diez minutos, se llega al pla de les Creus. Y al final del trayecto está la histórica senda de les Revoltes dels Amoladors.

Esta senda, muy sinuosa y empedrada, desciende en dirección a Tavernes. A los pocos minutos de bajar se puede apreciar una zona de escalada, muy utilizada por los aficionados de la comarca. En menos de media hora de camino está la senda dels Borregos.

La última fase de la ruta la marca la Font de la Mina, situada en torno al único núcleo de rocas magmáticas de la Safor. El regreso se realiza por el canal de Defensa, desde donde se podrá culminar la excursión con una visita a la ermita del Santíssim Crist del siglo XIX.

El Centre Excursionista de Tavernes de la Valldigna ha cuidado mucho esta ruta, tanto a nivel de señalización y senderos como en lo referente a la repoblación y limpieza de vegetación, lo que la convierte en un ejemplo de conservación para el resto de parajes valencianos.