Guerra, saqueo y exilio en el ducado de los Borja

El III Duque de Gandia tuvo que huir de sus tierras tras la Batalla del Vernisa, de la que se cumplen 489 años

SANTI ROCAGANDIA.
Monasterio de Sant Jeroni de Cotalba, en cuyas inmediaciones tuvo lugar la batalla. ::
                             JUANTXO RIBES/
Monasterio de Sant Jeroni de Cotalba, en cuyas inmediaciones tuvo lugar la batalla. :: JUANTXO RIBES

En multitud de ciudades se conmemoran batallas que, por un motivo u otro, han dejado una huella imposible de ignorar en praderas, colinas o playas. Escenarios de episodios épicos en algunos casos, ruines y cobardes en otros.

Fechas en las que, con razones justas o sin ellas, la condición humana se dejó llevar por la codicia o se rebeló ante ella para, cuchillo en mano, defender aquello que creían suyo. Siempre hubo una excusa. Y la sigue habiendo.

En Gandia, los Borja tuvieron su particular Waterloo. Es la Batalla del Vernisa, ocurrida el 25 de julio de 1521. Mañana se cumplen 489 años. Hoy, el escenario es un paraje natural, aún a salvo del azote del ladrillo, sobre el que se yergue el majestuoso Convent de Sant Jeroni.

A sus pies, las tropas monárquicas recibieron un severo correctivo de los agermanados, teóricamente peor equipados, pero más numerosos y, sobre todo, bien dirigidos y motivados hacia un objetivo común.

Estremece imaginar el escenario de una guerra vivida aquí mismo, en las calles que ahora rodean el Palau.

"La noche del veinticuatro de julio de 1521, ni soldados, ni vecinos durmieron tranquilos en Gandia". Así comienza su relato Francesc Pons Fuster, en el libro 'La Germania a Gandia y el duc Joan de Borja', editado por el CEIC Alfons el Vell hace apenas dos años.

Todo había comenzado tres meses antes, cuando un grupo de 22 vecinos, en su mayoría perjudicados por algunas decisiones del Duque de Gandia, colgaron en la puerta de la Iglesia un cartel desafiante contra Joan de Borja: "Nosotros, XXII de Candía... haremos conocer con las armas que quisiéredes que nuestra razón es justa".

Paralelamente, en Valencia se producía un levantamiento que acabaría llevando a las armas al líder Vicent Peris.

El ejército del rey, que se encontraba fuera de España, era dirigido en Valencia por el virrey don Diego Hurtado de Mendoza quien, tras varias semanas huyendo de las tropas agermanadas - triunfales en Xàtiva y Corbera-, acabó en Gandia junto a las fuerzas de Joan de Borja y el conde de Oliva, Serafí de Centelles, a los que se unieron algunos nobles más.

El campo de batalla

El resultado no pudo ser más desastroso para los intereses señoriales. Su ejército, compuesto por una numerosa caballería, más de dos mil infantes y abundantes piezas de artillería, fracasó estrepitosamente.

"El ejército señorial -cuenta el historiador Santiago La Parra- era superior al agermanado en caballería, pero no pudo operar porque Peris planteó la batalla en una zona arbolada y con acequias, por donde los caballos no podían maniobrar. Y en cuanto a la artillería, era de calibre demasiado grueso y los proyectiles, según las crónicas, pasaban por encima de las cabezas enemigas. Las balas de los agermanats, de calibre menor, sí acertaban en los soldados de la coalición real".

Si a esto añadimos que la mayor parte de los soldados reales eran mercenarios, que acabaron huyendo hacia Gandia para saquear la villa y el Palacio, el resultado acabó siendo c alamitoso.

Cuesta imaginarse el paraje de Sant Jeroni envuelto bajo fuego cruzadode cañones, órdenes de carga y gritos de muerte, pero fue allí mismo. Hace siglos. Nada hoy recuerda aquel episodio. Como si no hubiera ocurrido.

Pero aquel día marcó para siempre la vida del pequeño Francisco de Borja, hijo del Duque. Tenía apenas 10 años, y la derrota de su padre Joan, provocó el exilio de toda su familia.

Desde el municipio de Dénia zarpó un barco hacia Peñíscola, que el virrey había preparado temiendo el desenlace y desde allí, comenzó el peregrinaje del pequeño por ciudades como Baza, Tordesillas o Zaragoza.

Allí completó su formación y comenzó a forjarse la leyenda del duque santo. El niño que huyó de la batalla de Vernisa.

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