El fiscal concluye que hay indicios «apabullantes» contra la pareja de la Vall

La acusación estima que hubo inducción a la prostitución y reclaman una pena mayor que los 80 y 42 años que pide el Ministerio Público

L. ORTEGACASTELLÓN.

Después de tres días de juicio y tras los testimonios de más de una treintena de testigos y peritos, el fiscal encargado de la investigación contra el matrimonio de la Vall acusado de abusar, violar y agredir reiteradamente a dos menores concluyó que «las declaraciones de las menores son suficientes para enervar la presunción de inocencia». Por ello, mantuvo invariables los 80 años de prisión que pide para Ricardo R. y los 42 para su mujer, Marta H.

El fiscal aludió a la complejidad del caso y reconoció que «la única prueba de cargo son las declaraciones de las víctimas». Sin embargo aseguró que «los indicios (contra el matrimonio) son múltiples y apabullantes». Así, recordó que el propio acusado ha reconocido buena parte de lo narrado por las menores. «Existen multitud de indicios que confirman lo que las menores están contando», dijo y habló de unas 300-400 cartas que Ricardo y Marta intercambiaron mientras él estaba en prisión y en las que reconocía abiertamente una relación con la menor de doce años. Además citó que hasta diez psicólogos y psiquiatras que atendieron a las menores aseguraron que su relato es cierto. «Las lesiones de las menores necesariamente tienen que venir de estas experiencias terribles y deleznables». «Son dos menores que han sufrido una terrible experiencia y sus testimonios no pueden ser siempre el mismo», dijo refiriéndose a los cambios de declaraciones y de detalles de las niñas.

En este sentido rechazó toda posibilidad de que las menores hubieran sido llevadas a prostíbulos porque «esto supondría una infraestructura que llevaría incluso a una red de trata de blancas con menores», que descartó por completo. Pese a todo insistió en la necesidad de tomar las declaraciones de las menores «en su conjunto». «Y en su conjunto nos lleva a pensar que necesariamente lo que han contado es lo que sucedió», dijo. Por ello, concluyó que «hay prueba de cargo suficiente para que caiga la presunción de inocencia».

En cuanto a las atenuantes que pide la defensa por la dilación del juicio y un supuesto transtorno del procesado, el fiscal tumbó estas teorías. En el segundo caso aludió al testimonio de un médico forense del Instituto de Medicina Legal de Castellón que aseguró que Ricardo «no padece ninguna enfermedad psiquiátrica y puede perfectamente controlar sus impulsos». Mientras, una perito llevada por las defensas aseguró que tenía «una falta de conciencia de no adecuación a la maldad y fue después cuando tuvo consciencia».

Otros peritos declararon ayer que los fármacos con los que se ha estado tratando a la víctima más mayor (tenía doce años cuando comenzaron los abusos) podría haber alterado su memoria. No obstante, reiteraron de nuevo que un estrés postraumático como el suyo no nace de una fabulación.

Incitación a la prostitución

Por su parte, las acusaciones particulares reclamaron ayer una pena ligeramente superior a la petición del Ministerio Fiscal al considerar que hubo incitación a la prostitución cuando el procesado le habló de dinero a la menor a cambio de sexo.

El letrado dijo que la mayoría de los hechos se produjeron en el adosado de la Vall. «Abrieron su cochera a modo de trampa y utilizaron a su hija como cebo para traer a niños a casa», dijo. Así, habló de un «componente extra de maldad y perversión» y recordó que la niña de seis años hizo un dibujo en el que ponía a Marta como participante de los abusos. No obstante, la defensora de la procesada dijo en el juicio que «de ninguna manera se ha quedado probado su participación» y reclamó la libre absolución.

Finalmente, el abogado de Ricardo también reclama la libre absolución y pidió «prudencia» al Tribunal a la hora de dictar sentencia porque, según dijo, «no hay prueba de cargo bastante para una condena».

Ni Ricardo ni Marta quisieron decir nada más en su defensa cuando el magistrado les dio la última palabra antes de dar el juicio visto para sentencia.