«Me metí en la guerra de las banderas y fui pieza fundamental: impedí que la catalana se convirtiese en la senyera valenciana»

Leonardo Ramón, ex conseller del Consell preautonómico

PEDRO ORTIZVALENCIA.
Leornardo Ramón, un político al que nunca le ha gustado la política.. :: DAMIÁN TORRES/
Leornardo Ramón, un político al que nunca le ha gustado la política.. :: DAMIÁN TORRES

Leonardo Ramón, el exportador de cítricos que sigue diciendo que no es político, era conseller de aquel Consell llamado preautonómico que presidía el socialista Albiñana y que intentaba oficializar la bandera catalana como bandera valenciana. Como conseller, Ramón vivió muy de cerca los acontecimientos de aquel 9 de Octubre de 1979, cuando ardió la cuatribarrada catalana que ondeaba en el balcón del Ayuntamiento y tras ella ardió la española. Y cuando la senyera valenciana fue arrebatada a la comitiva oficial y llevada hasta el Parterre por una multitud que no contaba con las autoridades, a las que llegó a agredir.

-A mi no me interesaba la política. Yo me dedicaba a mis naranjas y una vez a la semana, en mi tiempo libre, me iba de cuchipandeo político, a las cenas porno políticas, medio autorizadas medio perseguidas, en la parte de arriba de la Piscina de Valencia. Con tontorrones como Albiñana, que iba con Lerma, su ayudante; con Palomares, que era muy duro, aunque ponderado; con Sánchez Ayuso, que quería la ruptura total: ¡Ché, Manolo, que nos conocemos!

-Usted iba de la mano de Emilio Attard.

-Conocí a Emilio Attard en el Consejo del Banco de la Exportación. Alguien me lo había descrito así: como amigo te hará o no te hará favores, pero como enemigo no lo tengas nunca. Como Emilio no tenía familia ni conducía, yo hacía a veces de secretario y de chófer.

-El partido de Attard fue uno de los embriones de UCD.

-UCD se creó cuando entra Suárez. Que no tenía base ni respaldo: el hombre elegido para la transición era Herrero Tejedor, que muere como muere: para mí, en un accidente provocado; yo creo que lo asesinan.

-Para no interesarle la política, lo veo muy metido.

-Acabadas las elecciones del 77 me enteré por LAS PROVINCIAS de que yo figuraba como jefe de asuntos económicos en el nuevo comité regional de UCD. Y ya digo, ni siquiera era de UCD.

-¿Cómo ocurrió?

-Attard, como siempre. Cuando le llamé me respondió: Leonardo, todo son deudas. Y efectivamente, aquello no había por donde cogerlo. UCD Valencia debía 73 millones de pesetas.

-Y le tocaba a usted arreglarlo.

-UCD había perdido en Valencia, pero había ganado en España y conseguí, tras mucho tira y afloja con el tesorero central, 50 millones. Luego reuní a los acreedores un sábado por la tarde en la sede de UCD, en Cronista Carreres. Les hice esperar dos horas y presumí delante de ellos de que venía de Presidencia del Gobierno. Les hablé de que 24 personas habían analizado las cuentas y habían descubierto errores. ¡Mentira.!

-Supongo que son habilidades de negociante.

-Y ofrecí pagarles 33 millones. Se hizo la una de la madrugada y yo había comido bien, pero ellos. Al final se quedó en 40 millones a cobrar al cabo de un año. Porque yo había puesto los 50 millones en un banco de Rumasa al 17 por ciento de interés. Total: había recogido 50, había pagado 40 y al cabo de un año tendría 18.

-¿Cómo llegó a ser conseller?

-Del Consell preautonómico. En función del número de diputados, a UCD le tocaban cinco consellers, uno a AP, otro al PCE, siete al PSPV-PSOE y otros tres a las diputaciones. Yo defendí que hubiera una conselleria económica y entonces me eligieron a mí. Mi padre me dio permiso, ¡pero como yo me entere de que un día te tomas un café por cuenta de la administración te tiro de casa y te desheredo!, me dijo. Y mi mujer se opuso y me dijo que se iba de casa. bueno, al final aceptó.

-Era el momento de la guerra de los símbolos.

-Y me metí en la guerra y fui pieza fundamental. Querían imponer la bandera catalana como valenciana para construir los países catalanes.

-¿Tan rotundamente?

-El PSOE estaba dominado por los andaluces, pero los socialistas catalanes consiguieron grupo parlamentario propio. Y piensan: si juntamos Cataluña, Baleares, Aragón y País Valenciano, que es como nos llamaban, tenemos más diputados que el resto del PSOE. Detrás estaban Joan Raventós y otros del PSC.

-¿Y los socialistas valencianos lo apoyaban?

-La facción nacionalista sí. En Valencia se cargan a Castellanos y ponen a Pérez Casado. Presidente de la Diputación iba a ser Garcés, pero en el ultimo minuto salió Girona. Ya tenían Ayuntamiento y Diputación. Y Albiñana en la Generalitat. Los nacionalitas tenían también las alcaldías de Sagunto, Xàtiva, Onteniente, Alcoy. La sociedad valenciana estaba al rojo vivo.

-Así llegó el 9 de octubre de 1979.

-Pérez Casado puso en el ayuntamiento las tres banderas: la cuatribarrada en el centro, la española a un lado y la bandera azul, la que ellos dicen de la ciudad de Valencia, al otro. Y estando todos en el salón de las chimeneas, en el Ayuntamiento, nos avisaron: se quema la bandera de España. Se estaba quemando la catalana y el fuego se pasó a la española. Caruana (el gobernador militar) que estaba con nosotros, llamó a Milans (capitán general) se lo contó y. Total: todo el piquete militar a casa.

-¿Se ha sabido quién quemó la cuatribarrada?

-Se quemó con un artilugio... No fue Lizondo; tiene que ver la cuestión con la plaza del Collado. Yo tampoco fui. Yo fui quien robó la cuatribarrada que ondeaba en el Palau de la Generalitat. Bueno, tras el incendio.

-Prosiga, prosiga.

-Empezó la procesión cívica. La senyera se bajó por el balcón y la cogió un concejal. Detrás, las autoridades. Pero el público rompió la seguridad, le quitó la senyera al concejal y se la llevó hacia el Parterre. Las autoridades nos volvimos al Ayuntamiento, y la senyera calle Barcas para abajo sola.

-Vaya situación.

-Decidimos regresar y en el Parterre, lleno de gente, se abrió un pasillito para que las autoridades depositásemos la corona; conforme pasábamos, la gente nos pegaba con los mangos de las banderas. A Girona, que lo llevaba a mi lado, le dieron de garrotazos.

-Y al alcalde.

-Cuando terminó el acto, la policía nos pidió que no corriésemos y que fuéramos unidos por la calle de la Paz hasta el Ayuntamiento. Pero Pérez Casado se volvió corriendo por la calle de la Nave y la gente corría detrás de él, insultándolo; entró en el Ayuntamiento a bastonazos.

-Menuda violencia.

-Una violencia a más no poder. Ese fue el principio de la lucha de las banderas y los símbolos.

-Creo que ya venía de antes. Albiñana intentó varias veces aprobar que esa era la bandera valenciana.

-Sí, Albiñana quería sacar por decreto que la bandera valenciana era la catalana. Y en el Consell yo me encontraba siempre solo porque mi partido, UCD, no me respaldaba. Ni Barceló, ni Aguirre de la Hoz, ni Monsonís.

-¿Cómo lo hacía entonces?

-Reventando los plenos del Consell, con argucias, con excusas. Y Albiñana lo volvía a poner en el orden del día de cada nueva reunión.

-Al final fue aprobado. y recurrido.

-Pero de qué modo. Ya había habido seis o siete intentos. En el último pleno en el que se intentó dije que era una decisión histórica que tenía que consultar con mi partido. Conseguí una suspensión del pleno hasta el día siguiente y esa noche pedí a los míos que no fuesen y que no hubiera quórum.

-¿Lo consiguió?

-Sí e incluso falló algún conseller socialista. Pero dio igual. Albiñana presentó el punto de la bandera y esta vez lo aprobaron. La falta de quórum era causa de impugnación, pero el recurso no se podía presentar hasta que no se publicase en el DOG, y el truco de ellos era repartir el DOG el día en el que caducaba el plazo para presentar recursos.

-¿Cómo combatió ese intento?

-Busqué un gran abogado de Valencia e hicimos un recurso ya. Luego hice de mi bolsillo 10.000 copias del recurso y se lo ofrecí a los valencianistas más destacados para que lo repartiesen. Cada uno cogía un impreso y se iba al Consell a entregarlo personalmente. La cola atravesaba la plaza de la Virgen. Y lo conseguimos.

-¿Puedo decir que fue usted quien impidió que la cuatribarrada catalana se convirtiese en la bandera oficial valenciana?

-No, fue una cosa del pueblo. No quiero protagonismos. Después ya vino el golpe de Estado en Alicante.

-¿El golpe de Estado en Alicante?

-Felipe le ve las orejas al tema de los países catalanes. Eso le quitaba fuerza al socialismo de España y González , además, tiene sentido de Estado. Y aquí ve que el movimiento nacionalista del PSOE valenciano causa muchos disturbios y deciden cargarse a Albiñana; para ello dimiten todos los consellers socialistas.

-Ustedes, los de UCD siguieron.

-Pensaban que UCD también iba a abandonar, pero a nosotros no nos interesaba seguirles el juego. Hablé con Broseta y luego Abril dio el visto bueno. Apoyamos a Albiñana, que había dicho que no se iba, y en UCD nos repartimos todas las consellerias, sin aumentar el número de consellers ni los sueldos.

-¿Qué pasó con el embajador de Estados Unidos?

-Fui yo el encargado de recibir a Todman, porque Albiñana no quería saber nada de los norteamericanos, y la reunión acabó con un brindis a favor de las buenas relaciones. Después supe que EE.UU. pensaba subir los aranceles, pero el ministro Lladó me aseguró que la decisión se iba a retrasar. Y entonces quise marcarme un tanto: acordándome de su brindis le pedí en un telegrama al embajador que dilatase la subida de aranceles en aras a las buenas relaciones entre los valencianos y Estados Unidos.

-Siga, siga.

-Cuatro meses después, El Alcázar, que siempre le metía caña a las autonomías, tituló en primera página: "El coloso se estremece: Albiñana le declara la guerra a Carter". Abril casi se muere de la risa; Guerra llamó a Albiñana, y Albiñana contó a la prensa que había sido yo, que era de UCD. Attard fue claro: Leonardo, lo siento, a veces uno se equivoca en política y lo paga.

-Se le dio por acabado.

-Yo envié una nota a los medios: sí señor, soy el autor, pero no puedo tolerar que periódicos no democráticos ataquen al presidente de los valencianos. Total: no pasó nada. Usted continúa de conseller, me dijo Albiñana.

-Luego acabó en Unión Valenciana.

-Dejé UCD y dejé la política. Pero yo era presidente de la Asociación Valenciana de Empresarios cuando llegaron las elecciones europeas. Y propuse que AVE tuviera un parlamentario en Europa, usando a un partido político. NI PSOE, NI PP, ni CDS eceptarom, pero Lizondo me dijo que sí y pusimos a Leopoldo Ortiz, aunque quiso ir como independiente y llevar de número dos a un empresario... Total, que me tocó ponerme a mí. Luego en AVE se enfadaron conmigo y pidieron mi dimisión y Lizondo me obligó a que me diera de alta en UV.

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